Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba. “La Iglesia no ha cerrado. Está abierta siempre”


El prelado recibe a La Voz de Córdoba de cara a la Cuaresma y hace balance de un año marcado por la pandemia

Monseñor Demetrio Fernández / Foto: Jesús Caparrós

Buscamos la mejor luz para grabar esta entrevista que al cabo se ilumina con el discurso amplio y diáfano del obispo. Monseñor Demetrio Fernández es puntual con la hora prevista y generoso con el tiempo que nos da. El inicio de la Cuaresma nos ofrece y permite este encuentro en el que tratamos de abordar temas de actualidad, que es hablar de la pandemia en realidad. De la pandemia y del corazón humano, contagiado de un amor al que somos llamados constantemente. El virus es patógeno pero también un acelerador de bondad que ha puesto al descubierto lo mejor de nosotros, que nos ha permitido reflexionar sobre lo fugaz, lo importante y lo trascendente.

Don Demetrio es consciente del dolor, del sufrimiento y de la muerte. O sea, que nuestro obispo es consciente de la vida en su eterna riqueza, con sus claros y oscuros. Con su luz. La que entra por la ventana que nos acoge, y la del Evangelio, presente en toda la conversación.  

1945040f d6a4 4773 8c8b c2d5c7bdec17

 

Tras un año de pandemia ¿Cómo se puede llevar a cabo la labor evangelizadora en un marco de tantas restricciones? ¿Ha sido un revulsivo la pandemia para las labores evangelizadoras que se han estado llevando a cabo?

Sí, ya llevamos un año con esta situación que parecía que iba a durar quince días o dos meses. Creo que la primera parte nos sirvió a todos para un parón que nos vino muy bien, dejando a salvo pues que muchos padecieron la enfermedad y otro muchos partieron para la casa del Padre. A mí por lo menos me sirvió para hacer una parada que ayudó a la reflexión, a replantear la vida. Desde el primer estado de alarma hasta el segundo, creo que en mayo, se me hizo muy largo. Pero me ayudó, por ejemplo, a tener más tiempo de oración, de lectura, de soledad, de reflexión. Lo he comentado con otras personas y también les ha servido para eso. En las familias, pues ha servido para vivir más estrechamente los lazos familiares. He oído a muchos padres y madres decir que cuánto tiempo hacía que no tenían a sus hijos tantos días juntos, sobre todo si eran mayores. Pero el hecho de prolongarse y de estar limitados nos tiene frenados, eso es evidente. Yo tuve que suprimir la visita pastoral, programada ya con fechas y todo, para Ciudad Jardín, y todavía no he podido realizarla. Otra cosa es que puedo acudir a fiestas, celebraciones o encuentros a los que me llaman, pero el obispo no puede convocar una visita pastoral diciendo ‘no vengáis’. Estamos viviendo una situación muy rara. Nos está ayudando a replantear muchas cosas, sí.

El ser humano, y yo el primero, somos seres rutinarios, El hecho de parar nos ha ayudado a preguntarnos “¿por qué hago esto?” “¿Y no podía hacer otra cosa?” Hacer aquello que es más urgente y necesario y no dejarnos atropellar por los acontecimientos. Y luego es evidente que ha hecho brotar del corazón de todos unos sentimientos que quizá no habíamos experimentado nunca; de solidaridad, de cercanía, de sensibilidad ante las necesidades ajenas. De precariedad. Nuestra vida se pasa como un soplo.

Todo eso nos ha venido bien en relación con nosotros, con nuestras obligaciones y tareas, y en relación con la gente a la que tenemos que servir.

La crisis sanitaria ha derivado en una terrible crisis económica. La Iglesia de Córdoba ha estado desde el primer momento al servicio de la sociedad, con ayudas económicas y ofrecimiento de instalaciones. Eso se ha hecho más visible, sobre todo, a través de las Cáritas diocesanas. Háblenos de esa labor caritativa de la Iglesia cordobesa.

A mí me llamó mucho la atención porque en 15 días estaba montado el dispositivo. Y la gente que se vio en casa confinada y que no tenía ni un duro para comer, lo primero que hicieron fue acudir a la Iglesia, a las parroquias, a Cáritas. Y es muy llamativo, porque es verdad que se hacen muchos programas de asistencia, de salarios, de ayudas, pero no llegan nunca. La gente sabe que la parroquia de su barrio o de su entorno está ahí abierta siempre. Y esto, que no es una teoría sino que se ha puesto en evidencia, ha sido algo muy palpable y muy vistoso. No quiero con ello denunciar a nadie, sino simplemente decir a la sociedad que la Iglesia no es un parásito. Que la iglesia en nuestra sociedad es la primera bienhechora. Y cuando llegan momentos de guerra como estos la primera que está en la trinchera es la Iglesia. La Iglesia no como una teoría abstracta: son los mismos cristianos, los que están en torno a la parroquia, los que han multiplicado el número de voluntarios y colaboradores. Son los propios párrocos, las Cáritas parroquiales y diocesana. He visitado diversas parroquias en este tiempo y me llama mucho la atención el número inmenso de jóvenes que no podían quedarse en su casa y que acudían “porque tenían algo que hacer”, me decían. Y viendo que la necesidad urgente es que hay personas pasando hambre. Me he encontrado a numerosos jóvenes trabajando mañana, tarde y noche en el reparto de alimentos. En parroquias como Santa Luisa de Marillac o en otros muchos lugares. El otro día me comentaba el hermano mayor de una cofradía que habían pasado de atender 20 familias a 300 en esos días. Tremendo. Pues eso ha sido producto de esta solidaridad que está escondida en el corazón y que aflora cuando llega el momento.

Una solidaridad palpable y en primera línea

Habla usted de ‘estar en la trinchera’, y los hospitales hoy lo son. Hemos visto a muchos sacerdotes en primera línea, atendiendo a los enfermos.

Desde el primer momento lo vimos y deliberamos en el Consejo Episcopal. Escuché a los sacerdotes cuales eran sus miedos, por un lado, pero también su deseo de estar al pie del cañón. Y en Córdoba no cerramos por voluntad expresa de los curas y del obispo. No cerramos nada. Si una persona no puede venir al templo es porque no puede hacerlo, porque tiene miedo o quiere cuidarse. O la ley se lo impide. Pero la iglesia no cierra, la iglesia está abierta siempre. Y ahora más que nunca. Es decir, está abierta para atender a sus hijos en los aspectos espirituales. Por ejemplo, la catedral, que cerró para el turismo, no lo hizo para el culto. Ha mantenido la misa entonces y ahora. Con lo cual la gente entiende que hay cosas que no se suprimen y que, al contrario, están más disponibles precisamente por la pandemia.

Pero además los sacerdotes ‘patearon’ las casas de los enfermos que pedían ayuda, y a veces había que ponerse los EPI para administrar el sacramento de la unción. Y el obispo de Jerez y un servidor luchamos mucho para que junto al difunto estuviera el sacerdote en el momento del entierro. Eso lo hicimos llegar a las autoridades y nos hicieron caso. Porque al principio aquí se moría alguien y lo enterraban como a un perro. Eso no puede ser. El difunto es miembro de la comunidad. Y una de las obras de caridad corporales es enterrar a los difuntos. Ya era bastante triste que solo podían acudir tres personas o así al principio. Lo hablamos con el consejero y el presidente de la Junta y se hizo general para toda España: que estuviera presente el ministro de la confesión correspondiente. Es que morirse y ser enterrado de esa manera nos parecía una impiedad.

La Iglesia ha estado ahí presente hasta donde ha podido. No siempre hemos llegado a todos y hemos sufrido mucho. No solo el sufrimiento es la enfermedad y la muerte, sino morirse solo. Ahí han estado los capellanes de los hospitales, que normalmente no se ven. El personal sanitario es todo y no le voy a quitar mérito, como lo tienen, pero también están los capellanes con riesgo para su salud. Algunos se han contagiado también.

Creo que la solidaridad por parte de la Iglesia ha quedado muy demostrada y yo estoy muy contento de la diócesis de Córdoba, de sus parroquias, de sus cofradías y hermandades, de sus jóvenes y de las Cáritas. Han estado a la altura. Si hay que hacer una revisión cuando pase todo, la evaluación en relación con la Iglesia en este campo de la solidaridad alcanzará muy buena nota.

3b976b65 b68e 4577 87d7 dab592e00b61
Monseñor Demetrio Fernández / Foto: Jesús Caparrós

Eso se traduce, de alguna manera, en el elevado nivel vocacional que se vive en Córdoba frente a un ‘invierno de vocaciones’ en el resto de España. Pero ¿ha encontrado dificultades el obispo para enviar sacerdotes a parroquias o atender estas necesidades sobrevenidas?

Es evidente ese descenso en toda España, y en toda Europa y Occidente. También en Córdoba ha habido un bajón de vocaciones. Con todo, en los once años que llevo aquí, se ha mantenido el número de entre 35 y 40 en el Seminario. He ido ordenando cada año una media de 4 o 5 sacerdotes en este tiempo. Y le doy gracias a Dios porque cada vocación es un milagro. Es Dios el que llama, no el obispo. Dios se sirve de muchas mediaciones y están los padres cristianos que generosamente ‘dan’ a su hijo; están los párrocos que alientan esta vocación, los catequistas y los formadores del Seminario. Es toda la diócesis la que colabora en este punto. Evidentemente se mueren más que los que son ordenados, por tanto, hay un descenso progresivo. Pero en comparación con otras diócesis de España estamos muy bien. Somos de las primeras diócesis en cuanto a número de sacerdotes. Y yo creo que en cuanto a calidad también, eso dicho sea de paso. Ello es fruto de muchas colaboraciones, no solo del obispo o del Seminario, sino de las parroquias, las familias, etc. Por eso estoy satisfecho, porque me parece que hoy cada vocación es un milagro de Dios y tenemos que darle gracias.

La presencia de los laicos en la vida pública

¿Y cómo describiría la participación del laicado?

Esa es otra. En la diócesis de Córdoba a mí me parece que hay un laicado muy despierto. Por nombrar algunos, está el movimiento de Cursillos de Cristiandad. Está por todas partes, lo cual me alegra mucho. Celebramos el cursillo número mil y vino de Roma el máximo representante del apostolado seglar, el cardenal Rylko. Y qué decir de las comunidades neocatecumenales, con 3.000 miembros en toda la diócesis; la Acción Católica y otros grupos, como Emaús… Y no los nombro a todos porque no terminaría. Veo que el laicado está despierto, que va asumiendo cada vez más protagonismo en la catequesis, en la gestión de los bienes patrimoniales, en las parroquias o en Cáritas. Hoy día la Iglesia no podría sostenerse si no fuera por la cantidad de voluntarios que tiene, que no cobran nada y están allí horas y horas. No hay institución ni en la diócesis ni en España que tenga tantos voluntarios y que hacen su trabajo sin cobrar, por amor a Dios y a los demás.

Los laicos son una fuerza muy viva y muy potente en la diócesis de Córdoba. Y tenemos que seguir acompañándolos, ayudándoles en su formación, en su compromiso, en la vida social e incluso en la vida pública, donde tenemos alguna carencia. No acabamos de aterrizar en la vida pública. No hablo de la política solo. Y hay que animarles, claro, porque con la que está cayendo… los laicos son los que tienen que estar ahí, dando la cara.

Si se hubiera tenido más presencia ¿Se habría evitado algo como la retirada de la cruz en Aguilar de la Frontera?

Bueno, yo creo que eso estaba muy premeditado. Iba a suceder de todas maneras. Los resultados se han visto, no hace falta analizarlos. Yo dije un día antes  – y dicen que esto precipitó el que se retirara- que se tuviera ojo con los sentimientos religiosos. Porque algunos piensan que eso sentimientos religiosos son de hace tres siglos. Con la llegada del ateísmo, los sentimientos religiosos ya no existen, y a mí me parece que es un error. Estoy convencido de que es un error. Y prueba de ello es que lo que yo decía se ha demostrado. ¡Ojo, que los sentimientos religiosos están ahí! Y que no son cualesquiera sentimientos, hay que respetarlos. Y en este caso se han atropellado todos los sentimientos religiosos, hasta los mismos sentimientos de la persona que lo ha mandado hacer.

“La Iglesia es pobre, gracias a Dios”

Ha hablado usted de la importancia del laicado pero también tenemos que hacerlo de la economía que sostiene a la Iglesia, que se ha visto, como muchas instituciones, mermada en sus ingresos. Donativos que después sirven para atender las necesidades de la gente ¿Cómo se está gestionando esta realidad en la iglesia de Córdoba?

En primer lugar nos está ayudando a ser más austeros. Eso es lo que manda Jesucristo en el Evangelio. Y procuramos hacerlo aunque no siempre llegamos. Esta circunstancia como muchas otras nos ha puesto en la realidad de que tenemos que vivir más austeramente. Yo creo que este es un fruto positivo. Pero debo decir que la comunidad cristiana en ese punto debe crecer, y hay que ayudarle a crecer. Porque no es tan difícil que la propia comunidad cristiana sostenga a la Iglesia. No es tan difícil. Se han hecho cálculos, prorrateos, y a poco que cada uno contribuyera de una manera fija, la economía- hasta del más pequeño pueblo- se sostendría a día de hoy.

Pero en nuestra tierra la gente parte del supuesto de que ‘la Iglesia es rica y yo soy pobre’. Por tanto, ¿cómo se le va a dar a un rico una limosna? Eso es un error, porque no es verdad. La Iglesia es rica – y lo he repetido muchas veces- porque tiene un mensaje como nadie. Te presenta y te ofrece, y además te da de parte de Dios, la vida eterna. Y el perdón de tus pecados. Y el amor de Dios. En eso no cabe mayor riqueza de bienes espirituales. La Iglesia es rica en viene patrimoniales. En Córdoba tenemos las iglesias fernandinas; la catedral, antigua mezquita, y así podríamos mirar a todos los pueblos, en los que el principal monumento es el templo. O sea, que eso es una riqueza enorme. ¡Pero esa riqueza nos cuesta dinero! Los templos de toda la diócesis los sostienen los fieles y el obispado ¡Eso cuesta un pastón! Pero el templo parroquial debe continuar en pie. Debemos procurar que no se caigan ni las iglesias, ni las ermitas, ni los santuarios. Arreglar un tejado cuesta muchísimos euros.

La Iglesia tiene un patrimonio, pero es un patrimonio que le cuesta dinero. Mucho dinero. Y no contamos con ayudas de la administración, a ninguno de los niveles como ‘si eso fuera de otro’. Mire usted, el patrimonio de la Iglesia es propiedad de la Iglesia pero está al servicio de todos. La iglesia de un pueblo, sea el que sea, es el lugar más público de todo el pueblo y lo usan todos.

Y luego, a nivel contable cada año, ¡la Iglesia es pobrísima! La gente no se cree lo pobre que es la Iglesia y cómo con muy poco hace muchísimo cada año. Yo que conozco los balances de todas las parroquias -hay algunas que son más boyantes porque tienen más aportaciones de los fieles, pero son poquitas- la inmensa mayoría de las parroquias de la diócesis viven en una pobreza muy fuerte. Y vuelvo a lo de antes: se sostienen porque tienen muchos voluntarios y el sueldo de los curas es mínimo, Pero la Iglesia no es rica. La Iglesia es pobre gracias a Dios. Y hay que decírselo a los fieles para que colaboremos todos en su sostenimiento.

Ahora la pandemia nos descubre más esto. Tenemos que arrimar el hombro entre todos, porque no hay colecta. Yo he dicho que pongan en marcha el Bizum, sobre todo para los jóvenes. He visto en las iglesias que pasan el cestillo y son las personas de cierta edad para arriba las que dan. Y les he dicho a los curas que en un momento dado, terminada la homilía o la oración de los fieles, es el momento de la colecta. Vamos a sacar el móvil y poner una cantidad; me parecería un gesto litúrgico. Eso los jóvenes lo saben muy bien porque pagan un euro o diez por estar, por ejemplo, en una lista de música ¿Por qué no pueden dar medio euro para la misa del domingo? Y así vamos creando una nueva mentalidad entre los jóvenes y, por supuesto, no despreciamos a los mayores que son los que tienen los recursos.

Tenemos que hacer toda una mentalización de que la Iglesia es pobre y la tenemos que soportar y sostener entre todos.

84c87822 c950 4ac2 9809 0d5015763ba5
Monseñor Demetrio Fernández y Rafael González / Foto: Jesús Caparrós

“Me he hecho youtuber

Ahora que nos habla del Bizum ¿Cómo se lleva el obispo con las nuevas tecnologías?

Regular. Pero vamos, que el Bizum lo manejo, sí. Y el vídeo (ríe). He tenido que aprender durante la pandemia. Me he hecho youtuber y todo.

¿Se ha hecho usted youtuber ?

Pero bueno, es que es así. Es obligatorio. He hablado por vídeo con los sacerdotes, con los jóvenes… El pasado sábado tuvimos una reunión telemática y presencial a la vez, como se hacen ahora muchas reuniones. Ya nos manejamos con bastante facilidad. 

Ha hecho referencia a los pueblos y a la labor social y pastoral de la Iglesia. Háblenos del proyecto de la casa  del Seminario de los Ángeles, en Hornachuelos.

Es un proyecto precioso que llevo acariciando cinco años. Creo que ya está a las puertas de ponerse en marcha. Yo lo defino con tres palabras: una comunidad contemplativa para pobres. Está dicho todo. Es un edificio enorme con seis mil metros cuadrados. Ha estado abandonado 40 años aproximadamente y sometido a un pleito civil durante 12. Al final, cuando los tribunales nos han otorgado la propiedad al obispado, me he puesto a la tarea y he encontrado ayudas en los sacerdotes, en el Cabildo y en el propio obispado. Hemos ido haciendo cosas aunque ahora mismo estamos todos restringidos, también para eso. En un consejo presbiteral un sacerdote me dijo que estaba dispuesto a irse a vivir allí y a acoger a personas sin ningún requisito más que el de las normas de la convivencia. Tendremos como punto fundamental la adoración eucarística y el trabajo manual. Jardinería, albañilería, cultivo de la miel – es una zona muy apropiada-. Con eso podrán sobrevivir y sostenerse. Es una comunidad contemplativa, de pobres. Hay gente por la vida que parece que ya no tienen ninguna oportunidad. Pues hay bastante experiencias por toda Europa, esta Europa vieja que vive esas contradicciones, donde brotan este tipo de comunidades. En Córdoba contamos con el lugar y lo fundamental es tener a las personas que quieren pilotar el proyecto. Y ya estamos comprando la cubertería para que en las próximas semanas puedan ir a vivir los primeros. Sin ninguna pretensión. Para personas que no han tenido otras oportunidades en la vida, que ha rodado por caminos y senderos que las han ido destrozando… Pues ahí tienen. Los acogemos y ya verán como el Señor les sana el corazón y pueden reincorporarse a la sociedad como personas nuevas y sanas.

Eso lo he visto en bastantes lugares. En Italia, por ejemplo. Es enorme la expansión de este tipo de comunidades. Pero en España también he visto varias y creo que ésta va a ser una de ellas, porque tiene los mimbres.

El neomarxismo de esta época

En este tiempo de pandemia, el Gobierno de España ha aprovechado para aprobar proyectos de ley que chocan frontalmente con el mensaje de la Iglesia, con su acción pastoral. La ‘Ley Celáa’, por un lado; la ley de la eutanasia, y parece ser que se está trabajando desde el Ministerio de Igualdad en la ‘Ley de Infancia’ que va a permitir que las menores de edad puedan abortar sin el permiso ni el consentimiento de sus padres.

Y lo que falta, porque vamos por ese camino. A mí me parece que son los coletazos, pero redivivos, del marxismo, que ha demostrado ser un fracaso histórico rotundo en todo el siglo XX. Ha producido millones de víctimas en sistemas totalitarios, supresión de libertad… Ha sido una catástrofe mundial. Bueno, pues ahora, cuando parecía que no era posible, lo es. Parece que ha redivivo en los jóvenes, y ahí está.

Yo creo que eso es un reto para los cristianos y para la Iglesia. El reto de evangelizar en estas circunstancias. Cuando Jesucristo envió a los apóstoles a evangelizar al mundo se encontraron un sistema, el Imperio Romano, y una decadencia. No tiene nada que envidiar a la nuestra. Y fueron capaces de cambiar el mundo. Estoy convencido de que el Evangelio es capaz de cambiar el mundo.

Sin embargo hay mucha gente, en efecto, que cree que eso se consigue a través del marxismo.

El marxismo ha demostrado en la Historia que es fuente de muerte, de odio, y ha sido un fracaso estrepitoso. Esas palabras se las he oído varias veces al Papa Benedicto: “Fracaso estrepitoso”.  A los cristianos, si acaso, se nos puede acusar de que no estamos a la altura del Evangelio, pero el Evangelio y el Cristianismo solo promueven el amor, que es el que ha cambiado el mundo, mientras que el marxismo promueve el odio. Es cuestión de ver: vea, compare y quédese con lo que quiera usted.

Se lo pregunto porque sigue produciendo fascinación a pesar de todo ello y tiene poder, por supuesto. De ahí las nuevas leyes, por ejemplo.

Eso es evidente. Y ahí está. Pero como digo, a este mundo es al que tenemos que evangelizar sabiendo que tenemos un ‘producto’ mejor: el Evangelio. Y por tanto sacerdotes, pastores, laicos y consagrados tenemos que ir a este mundo con el mismo amor que Jesucristo para anunciarles que Dios es amor, que Dios es perdón, que podemos vivir como hermanos. Más aún, que el futuro de la humanidad está en esa fraternidad. El Papa Francisco acaba de decírnoslo con ‘Fratelli Tutti”, que no es más que el Evangelio puesto a la altura de nuestro tiempo en unas circunstancias en las que peligra esa fraternidad. Es curioso porque la cultura dominante te dice que la ruptura viene de las religiones y que la concordia viene de la cultura. No es verdad. Las religiones son promotoras de concordia, de consenso y de fraternidad. El Papa Francisco lo está demostrando continuamente. Creo que hay que ser prácticos y se trata de amar el mundo presente, que es al que Dios nos envía, con todo el corazón, ofreciendo el mensaje del Evangelio. Por ese mensaje te pueden matar. Estate dispuesto, porque son los mártires los que han sacado adelante a la Iglesia en todas las épocas. Creo que hacen falta en la Iglesia actitudes, no digo temerarias, pero sí valientes, capaces de dar la vida.

e0dfb0b2 f98a 4eef be70 eddf981b1770
Monseñor Demetrio Fernández y Rafael González / Foto: Jesús Caparrós

Ya que hemos tocado la política, parece que el obispo no fue recibido en anteriores mandatos por el Ayuntamiento. ¿Cómo está siendo ahora la relación?

Bien. Ahora es normal. También entonces con las personas, solo que en una había un veto que condicionaba la permanencia de una persona -la alcaldesa en su puesto- , y el veto era que el obispo no podía pisar el Ayuntamiento. Y se cumplió. Pero, bueno, nos vimos en otros muchos lugares. La relación ha sido relativamente buena, no tengo queja. Ahora pues también lo es, y es fluida. E incluso puedo visitar el Ayuntamiento (ríe). Ese ‘exclusivismo’ se debe a ciertos grupos en la sociedad.

Cuaresma: tiempo de conversión

Comienza la Cuaresma que nos llevará a una Semana Santa sin procesiones. Ha habido recientemente una asamblea de hermanos mayores. ¿Cómo se va a vivir la Semana Santa este año?

La asamblea fue muy interesante. Todos los hermanos mayores era unánimes en ver que esta oportunidad teníamos que aprovecharla para vivir con hondura los misterios cristianos. La Semana Santa se va a celebrar, el misterio pascual lo vamos a celebrar. Yo repetía que no podemos vivir sin Semana Santa como no podemos vivir sin el Señor, sin el domingo, sin la eucaristía. Y las cofradías lo expresan además a nivel de religiosidad popular. Ha habido mucha comunión y concordia de todos. Y vamos a ver qué podemos hacer, porque ello no depende de nosotros, ni del obispo, la Junta o de la Agrupación de Cofradías. Depende de las medidas sanitarias. Si llueve, no puedes salir a la calle sin paraguas porque te mojas. Pues la pandemia está extendida y no se puede salir, ni puede haber aglomeraciones, ni procesiones. Pero eso no lo prohíbe el obispo, sino las circunstancias que estamos viviendo. Y podemos aprovechar para vivir más intensamente la Semana Santa desde el corazón, en el culto a los titulares en la sede donde se encuentran, y con actos con los que podamos ser creativos como los que se están haciendo en colaboración con el Cabildo, la Agrupación de Cofradías en la ciudad. Y en todos los pueblos, ya me ha llegado el eco,  están pensando en cómo hacerlo. El año pasado nos pilló de improviso, pero en éste podemos hacer una serie de actos.

En el fondo de lo que se trata es de seguir a Jesucristo y de vivir como Él. De comprometernos a ser su prolongación en el mundo.  A esto nos ayuda la Semana Santa y en este año nos va a ayudar a dar un paso en esa dirección. Y esperamos que pase la pandemia y lo celebremos por todo lo alto también externamente, que en Córdoba sabemos hacerlo muy bien.

Tenemos una cita con San Rafael, por cierto.

Bueno, y todas las que vengan… (ríe)

Estamos haciendo esta entrevista muy cerca de las obras del Centro de Recepción de Visitantes de la Catedral ¿Qué se espera de esta futura instalación?

Ya en estos días terminan las obras. Hay que hacer una serie de acondicionamientos pero todo estará a punto para cuando se pueda abrir. Se pretendió desde un primer momento, de un espacio que estaba infrautilizado, ponerlo al servicio de los miles de personas que vienen a visitar nuestra ciudad y a visitar nuestra catedral. Yo creo que podrá ser sin duda un lugar de encuentro, que es de lo que se trata. Y un servicio más a una ciudad que es la más bonita de España, un título que ha ganado recientemente en un concurso y que he seguido con mucho interés. Estaba compitiendo Toledo y Córdoba, y ha ganado Córdoba. Me alegro mucho.

Pues lo que vengan a visitar la ciudad más bonita de España se van a encontrar con dependencias y servicios que no los hay en otros lugares. Verás como la próxima entrevista la podemos hacer ahí.

Una catedral que no se ha cerrado al culto durante la pandemia- de hecho lleva 8 siglos abierta- pero sí que se ha tenido que cerrar al turismo, con la repercusión económica que ello conlleva.

Sí, claro. Supone una depresión económica muy fuerte, eso es evidente. Pero el Cabildo tiene arte para gestionarlo y para estrecharse el cinturón, y salir adelante. Creo que lo estamos viviendo con serenidad, con paz y con esperanza de futuro.

Publicamos esta entrevista el Miércoles de Ceniza y le pedimos al obispo un último mensaje para los feligreses.

La Cuaresma es un tiempo de gracia. Dice la liturgia: “¡Tocad la trompeta en Sión!”, que eran entonces los medios de comunicación que había. Pues ahora, a través de la entrevista, de Internet, la radio y los vídeos digamos a todo el mundo “¡Convertíos!”. Es decir, “Cambiad de vida. ¿Tienes algo que mejorar en tu vida? ¡Esta es la ocasión!”. Eso es la Cuaresma. Este es el día del Señor. Pongámonos a tiro para mejorar en nuestra vida muchas cosas que nos están impidiendo vivir con alegría, porque Dios quiere que seamos felices. Son cuarenta días penitenciales fundamentalmente de acercamiento a Dios. Y Él nos va a iluminar nuestra vida con un sentido humano.

Abramos el corazón de par en par a la solidaridad, a la caridad. Que no son siempre grandes realizaciones; a veces es la caridad con el vecino, con quien convives en tu familia. Abre tu corazón. No seas egoísta. Y de esta manera florecerá una alegría nueva.

Y para eso, el ayuno. Hay que ayunar. En este caso y con la pandemia, obligatoriamente. El ayuno sigue en vigor y nos enseña a prescindir de muchas cosas que son incluso buenas y necesarias, y nos dispone el espíritu para escuchar a Dios y para atender a los demás. Así que oración, ayuno y limosna y todos a entrar en Cuaresma.