Luis Martín enamora con su pregón a la Merced


Fue presentado por el presidente del PP de Córdoba, Adolfo Molina, y contó con numerosas autoridades y público

Luis Martín./Foto: Francisco Patilla
Luis Martín./Foto: Francisco Patilla

Desde aquel 15 de mayo, la hermandad de la Merced le ofreciera a Luis Martín ser el pregonero de la Virgen, todo fue distinto para el que fuera uno de los concejales del Ayuntamiento de Córdoba más querido por las cofradías. Todo resultó diferente y así lo confesaba el pregonero -en la noche de este lunes- en el atril de San Antonio de Padua, a los pies del altar de cultos que preside Santa María de la Merced.

Adolfo Molina./Foto: Francisco Patilla

Un pregón que llegaba tras el primer día de triduo, presidido por  el canónigo José Juan Jiménez Güeto, y que contó con la presencia de numerosas autoridades como el delegado del Gobierno de la Junta, Antonio Repullo; el alcalde de la ciudad, José María Bellido; el concejal, Salvador Fuentes; la delegada de Promoción, Marián Aguilar; y el presidente en funciones de la Agrupación de Cofradías; Francisco Gómez Sanmiguel.

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También se completó el aforo (conforme a las medidas sanitarias) en San Antonio de Padua. Numerosos hermanos y cofrades no quisieron faltar a una cita en la que nadie defraudó. De hecho, se aventuraba la emoción en cada palabra del presentador, el presidente del Partido Popular de Córdoba, Adolfo Molina. Este no dudaba en señalar que Luis es un “ejemplo de honradez y sencillez”. 

Y recordaba que “ha recorrido todos los pueblos de la provincia y sólo hablan bondades de él. Y en todos ellos visitaba a sus patronas”. Molina resaltaba ese perfil tan genuino de Luis, quien “no es cofrade de postureo, como se dice ahora”. “Luis es un cofrade político y un político cofrade”, explicaba el dirigente popular quien destacó de la vocación de los cristianos a la política,  como testimonio de fe en la vida pública.

El pregonero

Luis Martín./Foto: Francisco Patilla

Entonces tomó la palabra Luis, quien no escatimó en agradecimientos que no llevaba escritos y que brotaron de su corazón. “Quería que la madre de dios, Santa Maria de la Merced bendiga a él y a su familia”, señalaba sobre su presentador. Y recordaba que “no hemos estado el día 4 a las 4 en el Picacho (en referencia la bajada de la Virgen de la Sierra en Cabra), “pero estamos el 21 a las 21 ante la Merced”.

Su pregón fue todo emoción y una muestra más de un amor a la Virgen que, en su dilatada trayectoria en política nunca escondió y siempre se agradeció. Como lo hicieron los numerosos aplausos que prorrumpieron en San Antonio de Padua y que, a buen seguro, daban el beneplácito a que Luis pueda ocupar el atril del Gran Teatro.

El Monte Tabor de Córdoba

El pregonero reivindicó el papel de madre de la Virgen y evocó a pregoneros mercedarios como Miguel Ángel de Abajo, Francisco Mellado y Andrés Lorite entre otros. Tuvo emocionantes palabras para el Señor de la Coronación de Espinas. Y recordó el paso del palio, azul pavo real, por el Colodro, “el Monte Tabor de Córdoba”. Señaló que “Merced significa misericordia”; esbozó numerosos recuerdos propios sobre la hermandad; y confesó que, “desde el 15 de mayo he sido muy feliz, rezando todos los días a la Virgen”. Y con una oración de una monja Obrera del Sagrado Corazón finalizó un pregón que habló de cofradías, como habla de ellas una generación que de la que no se debe perder su memoria. La ovación final, al pregón que enamoró a los hermanos de la Merced, es prueba de ello.

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