Agné, una especie de entrenador en peligro de extinción


"Como te valoren fuera, o como te traten fuera, a mí hace tiempo que eso me da igual”

Córdoba Raúl Agné observa el entrenamiento./Foto: Irene Lucena
Raúl Agné observa el entrenamiento./Foto: Irene Lucena
Córdoba Raúl Agné observa el entrenamiento./Foto: Irene Lucena
Raúl Agné observa el entrenamiento./Foto: Irene Lucena

Raúl Agné es un tipo especial. Más allá de su faceta profesional, en la que también lo es, el de Mequinenza no se rige por los patrones habituales que dicta la sociedad. Su espontaneidad es un rara avis en un mundo del fútbol encorsetado en discursos aprendidos, memorizados y en los que se adolece con frecuencia de la autocrítica.

Patrones que no se han dado en Agné, en su paso por el Córdoba. El entrenador llegó cuando pintaban bastos en el Arcángel y se tomó con humor el hecho de no cobrar. Sorteó con naturalidad la crisis que llevó al Juzgado a León, la llegada de los administradores y la venta de la unidad productiva. Protegiendo a su plantilla y sumando puntos sobre el césped para intentar no descolgarse del objetivo. 

Hasta en su despedida, Agné ha hecho gala de una franqueza que, cuanto menos, se agradece en esto del fútbol. Baste recordar como ha señalado que, “en nuestra profesión llega un momento que eres un clínex”. A lo que ha añadido sin tapujos que “eres la última mierda que hay” y “nadie lo valora”.  Para apostillar que “los únicos que tienen criterio para valorar la figura del entrenador son los jugadores” y “aquí están todos”. Esto para confesar y agradecer que “me han hecho mejor entrenador. Como te valoren fuera, o como te traten fuera, a mí hace tiempo que eso me da igual”.

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