La disidente Entrenas se revuelve contra León


"Jesús León ha comprado un club con el dinero de otros. Y ahora, como no tiene dinero, no paga. Intenta embarrar el asunto judicialmente"

Pregón de Mayo Festivo de Magdalena Entrenas.
Pregón de Mayo Festivo de Magdalena Entrenas. /Foto: LVC
Pregón de Mayo Festivo de Magdalena Entrenas.
Pregón de Mayo Festivo de Magdalena Entrenas. /Foto: LVC

(Emilio Leiva). Hace calor aunque no aprieta como debiera. Los que tenemos el infortunio de no pisar charcos, más que algún fin de semana suelto, hasta el 31 de agosto, gastamos el tiempo como podemos. Tráfico hay poco y ruido menos. Alguna ventaja tenía que tener soportar una ciudad que en verano se vuelve hostil. Hay que entretener el tiempo y combatir la desidia. Llamamos a Magdalena a ver qué tal lleva ella su verano. No atiende el teléfono. En la calle tampoco hay mucho que hacer y aún quedan dos horas para que abran las taquillas del cine de verano. Volvemos a intentarlo. “Disculpa, estoy con mi madre. Si te parece bien hablamos en quince minutos.” A las madres hay que cuidarlas. Veinte minutos de prórroga. Nos devuelve la llamada. Educación exquisita, mucha amabilidad y un tono gastado que comprende perfectamente la incomprensión de quien no entienda su postura después de tanto tiempo. Se lo hacemos saber. Tarde y mal, Magdalena, tarde y mal. Se excusa conque lleva desde marzo con serias disensiones internas. “Es una vergüenza lo que está ocurriendo en el club ahora mismo. Una auténtica vergüenza.” Ahora y hace un año, le recordamos con el mismo tono amable que gasta. “Entiendo perfectamente que no entendáis mi posición. Entiendo que no sepáis que nadie tenía acceso a las cuentas salvo Jesús León. Yo solo intentaba cumplir mi responsabilidad y haberme ido hubiera sido dejar al club más aún en la quiebra. Podía pedir explicaciones estando dentro.” Difícil encajar esas explicaciones y seguimos haciendo un sobreesfuerzo por entenderla. No somos jueces, solo queremos saber. “Jesús León nunca dice la verdad. Tiene un problema serio y es que se engaña a sí mismo sistemáticamente. Me he dado cuenta un año después. Me ha engañado a mí, a Oliver, a González y a todo el mundo.

A mí no, Magdalena. Ni a muchos aficionados sin intereses espúreos ni pluma pendolista que reciben dictados supremos. Le contamos la anécdota del verano pasado. Por estas fechas y por insistencia de unos buenos vecinos, a pesar de las advertencias que les trasladé de que no iba a soltar una sola verdad, accedí no fuese que me quitasen el habla quienes, además de buenos vecinos, ya eran amigos. Tomamos vino, queso y jamón con el presidente que ahora se queda en un sillón que no es suyo porque no lo paga. Ella escucha atentamente sorprendida. iNi una verdad nos soltó, ni una! Charles, Alex Alegría, Lazo, una joya del Atleti, proyectos de UEFA, tramas que serían portada de El Mundo ante los chantajes de la Liga y un sinfín de milongas inasumibles por el sentido común, mientras le pusimos de fondo el himno del Sevilla para que la parodia fuese completa.

“Ya he recibido amenazas a través de terceros. Es una persona muy vengativa, aunque luego es muy cobarde. Se esconde a través del anonimato.” No nos sorprende. Pocos críticos hay en esta ciudad que no hayan recibido desde el anonimato y la cobardía un texto bajuno impropio de quien representa semejante cargo. “No me va a callar. No lo va a hacer. No ha medido bien sus actos.” Magdalena es una mujer del mundo del derecho, donde el respeto y la palabra son un valor en alza. Se está jugando su credibilidad, muy en entredicho por voces ajenas que cuestionan por qué ahora y no antes. Ella insiste en que siempre ha sido rebelde dentro y no se ha sabido fuera. El pueblo que juzgue, que para eso es sabio.

Cuarenta y cuatro minutos de reloj… y podrían haber sido otros tantos. “Jesús León ha comprado un club con el dinero de otros. Y ahora, como no tiene dinero, no paga. Intenta embarrar el asunto judicialmente pero eso se ve de largo. Tiene las patas muy cortas. Su estrategia es lo penal para eternizar lo civil. Tiene tiempo finito. El contrato de compraventa es clarísimo y el club no es suyo.” Un ocupa ocupando un sillón de ocupante sin excesivas preocupaciones por no pagar y sin sobrepreocupaciones evidentes por la situacion de un club que no piensa desocupar. Ocupado estará en sus marañas judiciales. “Las nóminas del club están pagadas a día de hoy pero en septiembre ya no hay para pagar nada a nadie. En el club hay cero euros”, nos relata la insostenible situación económica de un club embargado por 1’8 millones de euros y su desconocimiento sobre los pagos que ha realizado. ¿Cómo un club que recibe 20 millones de euros puede estar en esta situación insólita? “El único que ha tenido acceso a las cuentas ha sido Jesús. Si quieres saber si Amado fue quien le prestó el dinero en enero, eso lo tiene que contestar él. Yo no he visto el documento original del pago de la autoindemnización que se realizó en la fecha que pagó el millón a González. Solo una copia. Soy abogada y trabajo con documentos oficiales. Yo no funciono así. Se lo requerí y nunca me lo enseñó. No fue ético el momento.” No parece que Magdalena y Jesús vayan a compartir postre en las próximas fechas. La situación, enredada en una y mil mentiras, le llevó a soltarle un “Jesús, ¿pero tú crees que yo soy gilipollas?”, como si se estuviera resolviendo el desenlace de La conjura de los necios. Mientras conversamos, se estaba preparando el comunicado oficial que la catapultaba a la marginalidad de su obra, el fútbol femenino. Las plumas se agitaban para escribir contra ella al dictado leonino. También hubo respuesta para ellos, “ha llegado la hora de tener la dignidad de decir la verdad.” 

De fondo, se oye la voz de un señor, con el carnet gastado en un fondo de El Arcángel, relatar. “Mi marido me ha pedido hasta la dimisión en la grada como uno más. Pero luego entendía que era la única forma de controlar el desvarío de este señor que no ha dicho una sola verdad.” “¡Setecientos y pico y no he visto algo igual en El Arcángel en mi vida!”, continúa la música indignada de fondo a nuestra conversación nada encorsetada. Con naturalidad inquietante, sin aspavientos y con el mismo tono pausado desde el inicio, continúa el rumbo de nuestra charla: “Si has observado, yo ya no aparecía por el palco. No quería salir en una foto con él desde hace tiempo. Anda que el texto que escribí el año pasado en Diario Córdoba, si yo hubiera sabido esto…” Se lamenta una y otra vez. Probablemente, si volviera a empezar, no hubiera cogido ese camino que ahora le está dejando en una situación muy delicada socialmente. Eso nunca lo sabremos. Las circunstancias son las que son y está en la palestra por disidente en un círculo de mentiras y deshonestidades. Tachada de desleal y de jugar a dos bandos, nos insiste que se desmarcó de los jaleos judiciales personales con un “Jesús, yo no soy tu abogada. Soy la abogada del Córdoba C.F. Todos estos líos que tú tienes te los resuelves tú” y marcó distancias hasta el punto que se ha resuelto su contrato, ha sido apartada del fútbol femenino y cuenta que a ella le debe dinero como a tantos otros. No tiene muchas esperanzas en cobrar y no piensa dimitir “porque voy a darle batalla. A mí no me va a callar. El próximo 27 de agosto, si no se ha ido, voy a dar una rueda de prensa a todos los medios. A mí no me va a callar. Confío en que antes de esa fecha deje el club.” 

Cuarenta y cuatro minutos de reloj sobre un presidente a quien tacha de embustero, al que le ha colado una y mil mentiras y que podrían haber sido otras tantas más. Se va viniendo arriba por momentos y nos insiste en varias ocasiones con un “eso no lo pongas. Te lo cuento a ti de modo informal, pero no quiero que se sepa”. Apartado queda. Así una tras otra porque, cuando se dejan muertos en el camino, hay que saber bien elegir las víctimas. Y la víctima, quien no confirma que tenga el libro de acciones, silencios prolongados, al respecto, tiene sed de derrocar a un presidente instalado en la mentira de un sillón que no le pertenece. 

Agradable en el trato, correcta en las formas y amable en el tono, tiene mucha tarea pendiente en convencer a los escépticos que llevamos levantando la voz desde el primer día de un engaño mayúsculo desconocido en el mundo del fútbol. La complicidad ha llegado a su fin. Nos asegura, con voz implacable de fiscal, que el libro de acciones no se va a perder bajo ningún concepto. Un libro de acciones pignoradas y que puede ser clave en una resolución a muy corto plazo, como bien sabe León. “No se va a perder.” No nos reconoce el movimiento que ha hecho de registrarlo por si, llegado el caso, desapareciera. Hasta el 4 de octubre tienen que tener vida esas páginas porque son el salvoconducto para desalojar a quien no paga y miente.

Es Córdoba. Es verano. Los veranos de León conceden embargos e impagos pero también acortan las horas. Cuarenta y cuatro minutos de calor a través del hilo telefónico en una ciudad inhabitada dan para mucho. Oliver le estrecha el cerco; González ya asoma con el administrador judicial para echarlo; Magdalena le concede doce días de gracia para que se vaya; el registrador de la propiedad cuenta las horas para que entre octubre; León no entiende de sentido común porque él desconoce lo que es eso. Media hora para que el Coliseo San Andrés abra sus puertas. “Padre no hay más que uno.” “Niños, ¡vayan saliendo de la piscina!” Nos gusta coger mesa.

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