Carlos González sentencia a León: “Es un caradura de tomo y lomo. Se pasea en un deportivo blanco de gran cilindrada y vive a cuerpo de rey mientras su empleados no tienen ni para chóped”


Córdoba Carlos González./Foto: BJ
Carlos González. Foto de Archivo./Foto: BJ
Córdoba Carlos González./Foto: BJ
Carlos González./Foto: BJ

Nos recibe telefónicamente con voz de mudanza cansada. “Ahora mismo no puedo atenderos, si me dais media hora, hablamos gustosamente.” Transcurrida la media, volvemos puntuales a intentarlo. Ahora sí. Nos pide disculpas por la espera y nos cuenta, como si fuéramos de toda la vida, sus últimas novedades personales. De fondo, se oyen cajas caóticas que se van amontonando. Bromea sobre la noticia que adelantó este medio sobre el impago de Jesús León: “¿Qué, os ha mandado ya mensajito cariñoso el constructor de las mentiras?” Aparenta tono relajado y no parece estar muy preocupado por los 4’5 millones que le tiene pendiente. “Eso ya es historia. Ahora estamos en el proceso de iniciación del traspaso de las acciones durante la próxima semana”. Ironiza con León y su comunicado. No le toma en serio. Nunca lo hizo. Nos cuenta que él tenía asumido desde muy poco después de la firma de compraventa que no le pagaría. No le ha pillado por sorpresa. Antes de iniciar la entrevista, nos deja ya constancia de su mensaje: “soy el legítimo propietario del Córdoba C.F.” Lo hace, a lo largo de la misma, en no menos de cinco ocasiones.

Mañana emite un comunicado para todos los medios. Agosto es inhábil judicialmente pero su guerra mediática para la transición del paquete de acciones no entiende de treguas. “No existe discusión. No ha pagado y no va a pagar” y espera a la cordura que nunca ha tenido para que a principios de esta semana se haga el traspaso y no secuestre más tiempo a un club que ha destrozado. Sabe que no va a ser así pero su discurso tiene que ser ese. Nos cuenta sobre las querellas que sirvieron de amenazas para negociar el pago y cómo no aceptó los chantajes. “¡Archivadas!”, nos exclama. “No ha pagado, no va a pagar. Ya no engaña a nadie. No puede seguir perjudicando al club como lleva haciendo desde que llegó.” 

Carlos González, con tono firme de propietario del Córdoba C.F., asegura tener todo preparado para devolver la estabilidad a un club quebrado económica y deportivamente. “Apelo al sr. León, quien ni se ha dignado a llamar ni antes ni después del impago, para que deje de cautivar a un club al que ha herido de muerte.” Sucesión de rejoneos taurinos en el albero. Uno tras otro. No cesa.

Con mano tendida a la afición y con la lección bien aprendida de sus errores, afirma que no va a ser presidente del Córdoba C.F. y que el club va a estar en manos de cordobeses. “Encabezará el proyecto alguien de mucho prestigio de la ciudad”, aunque no nos suelta el nombre a pesar de nuestra insistencia. No hay forma, “eso no corresponde ahora. Ahora lo único que toca es mandar un mensaje de tranquilidad a la afición y a los empleados del club. Si este señor no atiende a razones, en noviembre, siendo optimistas, estamos ahí o enero, en el peor de los casos. El tormento económico al que ha sometido al club se acabó”.

Nos saca a relucir las palabras de Javi Lara a un medio de comunicación. “¿Escucharon cómo relataba que los empleados lloraban cuando me fui porque cobraban todos los meses? Pues este señor los ha tenido en un calvario económico indecente. Es indigno. 20 millones de euros, que dice haber ingresado, para que algunos vayan a Cáritas es inaceptable”. Adquiere un tono más elevado, lleno de indignación y muestra su perfil más humano. Empatiza con esa situación y lo califica de ser un “caradura de tomo y lomo”, “se pasea en un deportivo blanco de gran cilindrada y vive a cuerpo de rey mientras sus empleados no tienen para chóped. Es una vergüenza. Los proyectos deportivos pueden salir o no, pero lo que nunca puede hacer un presidente de un club es dejar de pagar a los empleados. Eso no es de ser un empresario, es de ser un mal tendero.”

Por momentos se va viniendo arriba; el tono pausado de la charla da paso a una ironía fina cada vez que se le nombra a Jesús León. No parece que vayan a compartir pavo en Nochebuena ni a tomar unas pintas y tortilla en la ribera. Al menos, de momento. “Ha engañado a todo el mundo. Vino con un dinero que no era suyo. Se lo dejaron para comprar el club y nada más terminar la firma ya estaba celebrando el primer engaño en la estación de Renfe. Ahora también le debe a aquel con el que celebraba (refiriéndose a Oliver). Al final, el tiempo pone a cada uno en su sitio. Mire, el constructor de las mentiras, como bien titularon en su medio hace unos días, no ha pagado nada ni a nadie. Ha comprado con el dinero de otros. Los 5 millones que ha soltado vienen de dos que le presta Oliver; otros dos, de tres prestamistas y el quinto lo saca del club que tan boyante ha dejado. Y se querella conmigo por administración desleal. De locos, oiga, de locos. Hay que tener poca vergüenza.”

Oliver es el único que mantiene contacto con León porque su tabla de salvación para llegar a cobrar lo que le adeuda es mantener abierto el hilo de la comunicación. Las esperanzas de León pasan por su ayuda y no cesa de pedir clemencia. Tres semanas de prórroga para finalizar el proceso de compra en el que se haya inmerso Aglomerados. Le hacemos referencia al texto y suelta una carcajada irónica que termina en un “tres semanas más para seguir engañando y amenazando con querellas para negociar los pagos. Ya han visto ustedes dónde han caído los chantajes. ¡Archivados!”

De abogados y procesos judiciales se jacta de lo aparecido y de aquellos que tachan de que este durará años. “Algunos medios han citado opiniones de abogados deportivos, desconociendo que este es un caso mercantil y que no es una apelación a una tarjeta roja mal sacada al diez del Córdoba ni una alineación indebida. Es un caso muy claro de un incumplimiento de contrato de quien no ha pagado. Cuando ustedes quieran les enseño el contrato y lo pone bien clarito, verán cómo no van a tener dudas de quién es el propietario.”

Sale de la indignación mientras le escuchamos ordenar que coloquen cajas que se mudan de un cuarto a otro. “Como usted puede escuchar, estoy de jaleo.” ¿Ya se viene a Córdoba a tomar posesión?, bromeamos. “No, hombre, cambiando de filosofía de vida. De vez en cuando, no viene mal.” Recupera el tono amable y relajado de la charla y siguen los ruidos de fondo. “¿Y esto dónde se deja?”, es la armonía caótica que suena de fondo.