Algunas claves del infierno de la Segunda B


Segunda B
Estadio Colombino./Foto: Recreativo de Huelva

El Córdoba CF cerraba este sábado una trayectoria de algo más de una década sin pisar la categoría de bronce. En Riazor, el conjunto blanquiverde se despedía de un campo Champions, para descender a una categoría (Segunda B) donde las gradas presentarán un aspecto bastante más modesto, en líneas generales.

Ese será uno de los aspectos al que el Córdoba deberá enfrentarse, pues la presión ambiental -máxime cuando los blanquiverdes jugarán con la vitola de favoritos cada semana- será mucho mayor que en la categoría de plata. Como también lo será en el terreno propio, ya que un estadio con las dimensiones del Arcángel necesitará de mucha afluencia de aficionados para no resultar frío y desangelado, con lo que ese factor influye.

Pero en Segunda B, el CCF también se topará con equipos donde la calidad será un lujo que no se pueden permitir. Un fútbol, en definitiva más abrupto, donde el resultadismo con el que se tilda la Segunda A se antojará una apuesta por el juego de toque. Un juego más físico y sin concesiones para el que el Córdoba deberá estar preparado desde que comience la competición.

Y, si todo va bien y el equipo juega play-off, habrá que esperar a que los blanquiverdes sean primeros de grupo y así tener la posibilidad de ascender en una sola eliminatoria. De lo contrario (quedar entre el segundo y el cuarto o perder el primer duelo) tendría que disputar un total de tres. Una odisea que, sin embargo, es casi el mejor de los escenarios posibles. Equipos como, antaño el Oviedo, el recién ascendido Racing de Santander, o Mirandés y Recreativo de Huelva (que hoy pugnarán por pasar de ronda entre sí) saben de la dificultad de una categoría que los tuvo -y tiene a los dos últimos- años atrapados en un infierno de 80 equipos en el que solo suben cuatro y no siempre los mejores.

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