Sufrimiento extremo y una victoria para seguir soñando


Los jugadores del Córdoba celebran el primer gol de Piovaccari./Foto: CCF
Los jugadores del Córdoba celebran el primer gol de Piovaccari./Foto: CCF
Los jugadores del Córdoba celebran el primer gol de Piovaccari./Foto: CCF
Los jugadores del Córdoba celebran el primer gol de Piovaccari./Foto: CCF

El Córdoba se ha aferrado este domingo a la salvación. Y es que, a expensas de lo que hagan Extremadura y Lugo, los blanquiverdes han dado un paso al frente con la victoria ante el Mallorca. Y lo han dado porque los de Vicente Moreno eran uno de los equipos más en forma de la categoría de plata. No en vano venían de seis jornadas sin perder y tres consecutivas ganando.

Pero el fútbol no son estadísticas (que también importan) ni una ciencia exacta. Quizá, por eso Rafa navarro consiguió su primera victoria como entrenador del Córdoba. Pero, en el caso de los blanquiverdes esta temporada, todo se culmina de la forma más extraña, con luces y sombras oscuras como la sexta morada del alma de la que hablaba San Juan de la Cruz. Y, sobre el césped de un Arcángel algo desangelado en asistencia de público, se vio de todo.

El Córdoba salió a por todas, sabedor de que las oportunidades se agotan y no había más camino que salir de frente. Fue en tromba, con un fútbol dominador y brillante, además de con un Andrés Martín colosal. De sus botas nació el primer gol de los dos que marcó Piovaccari. Cuatro minutos y 1-0. Los de Navarro siguieron en su línea y todo pareció resuelto a seis del final del primer acto. Pero De las Cuevas falló el penalti y el miedo sobrevoló el Arcángel. Los blanquiverdes se descompusieron y llegar a la caseta con ventaja en el marcador fue una bendición.

Pero el regreso de la caseta no fue mejor. El Mallorca es un buen equipo y apretó hasta que, a la hora de partido, empató Ariday. Si bien, los de Navarro reaccionaron y Piovaccari (en el ’66) volvió a adelantar a los blanquiverdes. Mientras que en el ’74 De las Cuevas se redimía con un golazo, tras una buena jugada de Jaime Romero. El partido parecía resuelto, hasta el ’89, cuando Menéndez se hizo en propia puerta el 3-2. Los siete minutos de descuento fuero infernales y, en la última jugada, el Mallorca la mandó al larguero. Un sufrimiento que puso en evidencia las debilidades de un Córdoba al que, sin embargo, le sonrió la suerte y respira algo mejor en busca de la salvación.

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