El Córdoba firma media condena para Segunda B


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Los jugadores del Extremadura celebran uno de los goles anotados al Córdoba./Foto: Extremadura UD
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Los jugadores del Extremadura celebran uno de los goles anotados al Córdoba./Foto: Extremadura UD

El Córdoba no da para más y así lo ha demostrado en el Francisco de la Hera. En Almendralejo no huno revulsivo y ello, pese a que tras el partido ante el Málaga y el empate más doloroso, algunos quisieran vender en la figura de Rafa Navarro la figura de la tierra prometida, del maní que cayó en el desierto. Pero el desierto no es el de Sion, sino el del Grupo IV de la Segunda B. Y es que, si nadie lo remedia (a Jesús León, Alfredo García Amado y Rafa Berges no se les ve con capacidad de revertir una paupérrima planificación), lo que le queda al club blanquiverde es comenzar a planificar la próxima temporada en una categoría que no se pisa desde hace casi década y media. La felicitación a los que mandan.

La primera parte en Almendralejo fue una demostración empírica de que el Córdoba es un equipo bastante malo para la categoría de plata. Los dos goles del Extremadura (Borja y Zarfino) dejaron claro que, con muy poco, cualquier equipo saca los colores al blanquiverde. Pasaba con Curro Torres y pasa con Curro Torres. Y es que, cuando empezó a arreglarse con Sandoval, lo echaron en la más acertada de las maniobras (entiéndase la ironía).

El segundo acto se tornó en el intrascendente relato, que reza cómo el equipo local defiende su ventaja y el visitante muestra su incapacidad para algo que no sea verlas venir y sumar una derrota más que añadir a la muesca nefasta de un mal resultado tras otro. Y hoy ante un rival directo que tiene al José Antonio Reyes que el Córdoba tenía hace un año. Y, entre tanto, en el descuento los extremeños firmaron el tercero por medio de Márquez.

Ahora quedan 13 partidos y la salvación sigue igual (el Lugo le saca nueve puntos al Córdoba con los tres automáticos del Reus que también sumará el Córdoba). Pero tras lo visto una vez más, las esperanzas son pocas y la que resta es la de que todo no se termine de desmorona una vez que se consume un descenso tan merecido como la pésima planificación y el pero desenlace que se aguarda.

 

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