La peor entrada y casi eliminado


Erik Expósito dsputa un balñon ante el Getafe./Foto: Charo Tobajas-CCF

4.129 espectadores poblaron este miércoles las gradas del estadio municipal del Nuevo Arcángel, para constatar el poco interés que despertaba la eliminatoria copera ante el Getafe. Pero no solo se puede achacar a esa desgana el aforo, puesto que en la primera eliminatoria copera (la que enfrentó a los blanquiverdes al Nàstic) hubo mucho más público. El efecto León parece agotado y la gestión del club con el precio de la entrada (el mismo que modificaron) no se antoja, ni de lejos, la mejor posible.
Con frío en el Arcángel y un aforo desangelado se jugó un partido de Copa del Rey. Un duelo evitable, porque llegados al formato del doble partido, con el sorteo dirigido, condicionado o como lo quieran llamar, el torneo está hecho para seis o siete equipos y, en su versión normal, para tres si el Atlético está a tono. Así es difícil convencer a algún aficionado que no sea del Ebro, del Melilla o de la Cultural, para que se gaste el dinero en pagar la entrada.
Con esa sensación extraña, fría, se desarrollo el primer tiempo hasta que Quezada puso un centro antes de la media hora y Bruno se lo metió en su portería. Con un poco más de suerte el partido podría haber discurrido por otros derroteros, pero el penalti que transformó Jaime Mata en el descuento del primer acto hacía presagiar la eliminación.
Salvo momentos puntuales, la segunda parte sobró -como la primera- y en el último suspiro Mata sentenció una eliminatoria que, salvo machada en el Coliseum, está más que decidida. Entre tanto, Guardiola jugó, fue sustituido pasada la hora de partido y fue ovacionado por los cuatro mil. Un trámite que solo sirvió para constatar que afición y directiva se separan a pasos de gigante. El último divorcio palco-grada acabó a tiros, mientras en este prima la indiferencia, de momento.

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