Los pecados capitales del Córdoba


Los blanquiverdes sufren un cúmulo de circunstancias adversas que llevan al equipo a no haber ganado aun en liga

Córdoba
Andrés Martín se lamenta durante el partido ante el Málaga./Foto: Charo Tobajas-CCF

Por pensamiento, palabra, obra y omisión. Así se puede pecar 6 el Córdoba ha cometido alguna de esas modalidades en los últimos meses. Si bien, hay “pecados” que sirvieron para conseguir un gran fin, estos están condenando al equipo en la actualidad. Y ellos sumados a otras faltas posteriores.
Fichar por encima de las posibilidades 
En la parte final del pasado mes de enero se gestaron algunos de los males que, a día de hoy, siguen persiguiendo al club de Jesús León. Entonces de la mano de Luís Oliver, las incorporaciones que hizo el navarro fueron fundamentales para salvar al equipo. Sin embargo, su brillante actuación despertó recelos entre los rivales directos y La Liga. En el pecado de Oliver están las auditorías y expedientes posteriores. Amén de que, ahora, desde la entidad blanquiverde se reniega de un pasado tan reciente y que tan felices hizo a tantos.
El “ninguneo” a Sandoval
El de Humanes se fue llorando del Arcángel cuando no Le renovaron, tras merecerlo. Y, antes del anuncio, se dejó caer que pedía mucho dinero. No era así y sí más probable que determinados jugadores de la primera plantilla no le quisieran, con la idea de un entrenador top para conseguir metas más altas. El adiós de Francisco, el regreso de Sandoval y la continua sospecha desde ciertas instancias del club sobre su capacidad, siempre deslizado, no son el mejor clima en el que trabajar.
La gestión del límite salarial
Probablemente y con el tamiz del tiempo, el análisis del verano de 2018 del Córdoba será objeto de estudio. En el mes de junio se conocían en el club los problemas con el límite salarial y, aun así, no se hizo nada La destitución de Oliver y la dimisión de Francisco dejaron a la entidad, como se suele decir de forma coloquial, “con las patas colgando”. La llegada de Berges, por más voluntad que este haya puesto, evidenció una apuesta desesperada por un director deportivo sin experiencia algunas en estas lides. De ahí que la plantilla final no sea, ni de lejos, fiable en cuanto a las incorporaciones realizadas se refiere.
El vestuario
Aythami se quiso ir y lo dijo a quien lo quiso escuchar. Galán, más discreto, tenía hechas las maletas. El club cerró la puerta, porque Kieszek y Edu Ramos se iban a tener que marchar forzosamente. Ello ha dejado un vestuario descabezado en el que hay jugadores cuyo compromiso está más en lo que ocurra en enero que en el terreno de juego.
La Operación Guardiola
Jesús León reconoció su error, aunque intentó justificarlo y recurrió al ejemplo gráfico de la flagelación. Lo que no deja de ser cierto es que, más allá de los culpables, la delantera del Córdoba ha perdido el 90 por ciento de su brillo y, a día de hoy y hasta que se demuestre lo contrario, el más fiable es Piovaccari. Un delantero en la etapa final de su carrera al que no se renovó por la anterior propiedad, en función de su discontinuo rendimiento.
Fragilidad
En toda esa amalgama de circunstancias, el plantel ha hecho un regreso al futuro para, como en la película de Michael J. Fox, regresar a su peor pasado. y es que, con los números en la mano, el arranque de temporada es peor que el de la anterior campaña. Y, lo más preocupante, las sensaciones de apatía y fragilidad son iguales que entonces.
Bandazos
Sandoval, en una pretemporada forzada, ha cambiado de sistema, de jugadores y casi de rituales. El técnico no da con la tecla y en el equipo apenas se observan mecanismos o automatismos de ningún tipo. Un pecado capital que hay que solucionar desde ya.

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