Córdoba CF, ¡la madre qué te parió!


Los jugadores del Córdoba celebran uno de los goles ante el Sporting./Foto: CCF

Hay momentos en que el juego no es lo importante. Es el alma y la piel las que deciden. Esta tarde, permítanme antes de seguir, un padre llevaba a sus hijos por el Carrefour luciendo la camiseta del Córdoba, luego otro y otro, y comprendí que -pasase lo que pasase- el CCF ha vuelto a ser el equipo de su ciudad, gracias a Jesús León.

El partido comenzó con los dos equipos temerosos de lo que se jugaban. Y se tantearon durante diez minutos. Guardiola rompió las hostilidades y casi adelanta a los blanquiverdes. Reyes demostró para lo que vino y se regaló una exhibición de pases que fue una antología de la calidad sin medida. Pero fue Aguza el que se la dio a Guardiola, para hacer un gol a lo Romario, a lo Raúl, quién sabe, pero lo hizo. Había quien lloraba en las gradas del Arcángel, porque lo imposible era realidad.
El Córdoba se desató y demostró al Sporting que, a día de hoy, es mejor que él y su segunda vuelta lo ha demostrado. Reyes volvió a aparecer para dar una asistencia de antología (no sé si de Antonio Martín) pero la quintaesencia del sevillano es sencillamente brutal. Fernández no la aprovechó, ya lo hizo en Vallecas, pero por algo es lateral. Luego Quintanilla, seguramente en fuera de juego (por lo que nos quitaron, que diría el otro), marcaba el segundo. El Arcángel estallaba, explotaba, ardía, se moría casi. El milagro estaba consumado.
La segunda parte comenzó con un  querer y no poder del Sporting, mientras Reyes disfrutaba de esa segunda que le ha hecho tilín ¡No te vayas! Guardiola pudo hacer el tercero, pero después de siete meses de miserias, por no decir más, el Córdoba se gustaba y disfrutaba de su momento. Reyes se fue, como dijo Oliver en su presentación, como el Cid, el héroe de un Córdoba que estaba consumado su épica, como en las novelas de caballería.
El Sporting apretó, le iba la tercera plaza y el factor campo, que los de Baraja perdieron cuando tuvieron oportunidad hasta de ascender de forma directa. Pero el Córdoba ya era un equipo grande, el.que ganó en Vallecas con todo perdido, el que venció al Almería para seguir soñando, el que en febrero inició un milagro ante el Valladolid, Alcorcón, Lugo o Nastic. Dijo León que esto era solo para valientes y no quise hacerle caso a su paisano. Pero acertó y su apellido y su nombre ya está inscrito en la historia del club. Aguado, entre tanto, ponía la guinda.
Dijo Antonio Martín aquello de, Cádiz, la mare que me parió. Después de esto, solo puedo escribir, Córdoba, la madre qué te parió.
Una postdata: Ni un ascenso a primera da esta satisfacción, Carlos González.

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