¡Córdoba, me matas!


Córdoba
Los jugadores del Córdoba celebran uno de los goles ante el Reus./Foto: CCF

Hay crónicas que son muy difíciles de comenzar por la acumulación de emociones. De la expectación inicial a la tranquilidad del gol, a la decepción del empate, al miedo al descenso, al gol de la victoria casi en el último minuto. Al descuento infinito aunque solo añadan tres. Eso es el Córdoba Club de Fútbol, un equipo humilde al que se ama por su épica, capaz de lo peor y de convertirse en el ave fénix para acariciar lo que será -eso esperamos- un milagro y una auténtica gesta.
El cordobesista quiere a su equipo por eso. Por estar desahuciado en enero, completamente hundido. Y ver como en tres meses ha realizado una remontada histórica en Segunda División, que esta noche lo tiene fuera del descenso. Por eso, los valientes han ido hasta Reus y han recibido a su equipo como si se jugara la Copa de Europa, cuando era huir del pozo ¿Hay afición mejor? Difícil.
Y en ésas, el árbitro pitó y empezó el baile. Los de Sandoval salieron tensos, no era para menos. Pero, pasado el minuto diez comenzaron a controlar una situación que, tras varios acercamientos, uno acabó en un córner que Javi Galán obtuvo a base de casta. El centro al segundo palo lo recogió Aythami que se marcó un pase de la muerte que Quintanilla transformaba en gol. El trabajo estaba hecho. Nada más lejos de la realidad.
El Córdoba, mientras en el Municipal de Reus solo se escuchaban sones de ánimo blanquiverdes, tuvo la sentencia, pero en el segundo acto el conjunto local era el dominador. Todo transcurría según lo previsto hasta que Atienza remató perfecto de cabeza y puso las tablas. El fantasma del descenso se abalanzó sobre los de Sandoval como un hectoplasma. Jovanovic falló una ocasión de las que duelen en la memoria, mientras Kieszek salvaba a los blanquiverdes de la derrota. Todo parecía perdido. Pero en el 88 (esto es muy del CCF) Aythami aprovechó la salida de un córner para rematar con el alma ¡Qué fichaje Luis!
Con el pitido final se desató la locura de los jugadores. Abrazados, sabedores de que resta solo un último peldaño para llegar a la cima de una montaña rusa que, pase lo que pase, contaremos siempre los que la estamos viviendo, con el corazón en un puño ¡Córdoba, me matas!

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