Plaza medio vacía, toros sin casta y el mejor cartel desperdiciado


El primer festejo de la Feria Taurina de la Salud deja en evidencia los problemas por los que atraviesa la Fiesta en Córdoba

Plaza de toros de Córdoba. carteles
Plaza de toros de Córdoba. /Foto: LVC

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Plaza de Toros de Córdoba, durante el primer festejo de la Feria de 2018./Foto: LVC

Media entrada y gracias. Ni el triunfador del año pasado en Córdoba, ni el de la reciente Feria de Abril de Sevilla (indulto incluido), ni el de la edición de San Isidro de 2017, consiguieron que el coso de Los Califas presentase el aspecto de las grandes citas. Y es que citas hay pocas (dos corridas de toros y una de rejones) y, con una plaza de primera, la capital tiene carteles parecidos a los de plazas de otra categoría. Al menos, en cantidad.
La calidad es harina de otro costal. Y es que, por más que los matadores atraviesen por un buen momento, si el enemigo no responde poco hay que hacer. Y esto pasó con los toros de Daniel Ruiz que, blandos y sosos, volvieron a dejar el sinsabor perpetuo de las últimas décadas en Córdoba.
“Una tarde fría y oscura, donde la maestría de Ponce puso luz y calor”, explicaba el joven aficionado Rafael Carmona. Si bien, el reducidísimo abono implica que cuando uno de los festejos se tuerce, se reaviven los temores y los fantasmas de una nueva feria perdida se aireen. Así, para que el Trofeo Manolete no quede desierto por quinto año consecutivo, solo quedan -previsiblemente- seis faenas, las dos de Finito, Morante y Roca Rey. Un cartel que, a priori, era el más flojo e imprevisible de los dos.
Y es que, mientras hay vida hay esperanza. Pero ésta se cuela por las rendijas de unos tendidos cada vez más vacíos, de unos carteles en cuarto menguante, de toros que no dan la talla de una plaza de primera, y de una feria que tuvo muchas más corridas y en la que propiedad y empresa -sobre todo la primera- deberían repensar el modelo que quieren para Córdoba.

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