"¡Sí se puede!"


El Córdoba vence al Albacete (1-0) en el estreno de Jesús León como dueño del club

Córdoba
Aficionados del Córdoba./Foto: CCF

Llegó el minuto 54 y, por primera vez en mucho tiempo, no se escuchó el “¡González vete ya!” La afición ya tenía lo que quería, a Carlos González lejos del Arcángel, solo faltaba ganar el partido para empezar a creer en la salvación. Y así fue. El Córdoba venció al Albacete, mostrando virtudes que, hasta el día de hoy, no había mostrado. Algo más de solidez defensiva, capacidad de sufrimiento, aprovechar la suerte y sobreponerse a la adversidad. Aptitudes que deberá cultivar, aun más, para poder llegar a los 50 puntos.
El partido comenzó con claro dominio de los blanquiverdes que, sin la clarividencia de otras primeras partes en el Arcángel, sí le daban para tener encerrados a los de Quique Martín. Sin embargo, el Albacete de este sábado era muy distinto al de la primera vuelta y, bastante más arriba que el Córdoba en la tabla, dio cuenta de su confianza, adelantó líneas y pudo irse al descanso con ventaja al marcador. Los locales aguantaron el envite, hecho que iba a resultar decisivo.
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Sasa Jovanovic./Foto: CCF

El segundo acto comenzó con un auténtico asedio de los manchegos. Tres minutos asfixiantes que dieron paso a una gran jugada de Jovanovic, quien asistió a un Guardiola -hasta entonces inédito-, que no desaprovechó el regalo del serbio. Acto seguido, la suerte parecía volver al Arcángel tanto tiempo después. Y Jovanovic provocaba un penalti, que Guardiola estrellaba en la madera. Cuando todo parecía de vuelta al pasado y a la remontada del rival, los de Romero supieron sufrir y aguantar las embestidas albaceteñas. Especialmente, con Bela y Zozulia.
Con gol anulado de por medio, la grada apretó cómo hacía mucho tiempo. El Córdoba perdía tiempo y hacía lo que se espera de un equipo en su situación y su categoría. El efecto León trajo la primera victoria. Ahora toca fichar y luchar unidos hacia la salvación. En el descuento vino el ejemplo con el grito de los aficionados, que clamaban el famoso “¡Sí se puede!”