Ningún cordobesista se merece esto


Los blanquiverdes pierden 2-0 ante el Cádiz y suman 14 derrotas en 22 partidos

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Álvaro García celebra uno de sus goles ante el Córdoba./Foto: Cádiz CF

En el primer minuto de la temporada comenzó la debacle, frente al Cádiz. Hasta que llegó aquel gol de Barral todo eran parabienes, euforia y promesas que, de un plumazo, quedaron en nada. Casi como aquella mítica canción de Los Piratas de Iván Ferreiro. La caída, salvo los oasis de Albacete, Tenerife y Alcorcón, fue brutal, ¿inesperada?, y especialmente dolorosa en cada goleada (Barcelona B, Granada, Valladolid y Nástic). Ahí vino el primer cambio. Y tras Carrión, se siguió perdiendo y, es más, ni siquiera se pudo ganar. Segunda destitución. Ahora es el Córdoba de Romero, que sigue perdiendo. Ello, pese al mini balón de oxígeno del Reus. Y, de nuevo ante el Cádiz, la segunda vuelta comienza con el menos es más.
Los amarillos necesitaron esta vez ocho minutos para que Álvaro García certificase la sentencia. Y es que, hasta que demuestre lo contrario, si al Córdoba le haces un gol esta temporada, no te remonta. Como mucho, te empata, y el Cádiz no es el rival propicio para eso. Los de la Tacita de Plata se postulan como un candidato serio a ascender, mientras los blanquiverdes hacen lo propio para pedir hueco (valga el símil cofrade en plena temporada de igualás) en el Grupo IV de Segunda B.
Con los ojeadores del Nápoles en el Ramón de Carranza, Álvaro García l’inteso, firmó un doblete (al principio y al final), que desbarató a un Córdoba inocente, timorato atrás, estéril en la circulación del balón, y a expensas de la magia de Sergi Guardiola que, una vez más, pudo cambiar el sino del encuentro. Y, aun así, a los de Álvaro Cervera -con una marcha menos desde que se adelantaron en el marcador- les bastó muy poco para mostrar que están dos escalones por encima de los de Romero.
El técnico cordobés hizo lo que pudo y estuvo inapelable en su parcela. Si bien, sin ladrillos ni pladur o algo que se le parezca, no se puede construir un tabique. Y cuando consigues uno de los elementos te falta el mortero, el cemento, el agua o la arena para hacer la mezcla. Y, cuando crees que lo tienes todo te faltan la paleta y la espuerta. Eso le pasa al Córdoba, cuando juega bien falla la defensa. Cuando Loureiro, que debutaba como titular, sustituye a Fernández lo hace bien, pero falla Caro. Cuando Pinillos no muestra su peor versión, para ofrecer una mala -pero menos-, Caro falla. Cuando falta Aguza, aparece Carlos Caballero. Cuando se necesita un líder, no emerge Javi Lara. Cuando el entrenador dispone un doble pivote creativo (Ramos y Lara), en lugar de complentarse hacen de la horizontalidad su modus vivendi. Cuando el que te salva goles es el portero, éste se vence antes de tiempo…
Un equipo blando, sin alma y, por ende, sin nervio para apelar al sentimiento cuando es el único clavo al que agarrarse. Así se desciende y puede que hasta con una segunda vuelta como la del año en Primera. Mala planificación, venta fallida, sin ganas de fichar ¡Ningún cordobesista se merece esto!