El origen del fracaso de los González


La destitución de José Luis Oltra la pasada temporada fue el inicio de la deriva negativa, que ha culminado en el despido de Merino

Alejandro González, presidente del Córdoba. fin de semana
Alejandro González, presidente del Córdoba. /Foto. LVC

Con 17 jornadas de liga, el Córdoba CF ya va por tres entrenadores. El anuncio del despido de Juan Merino en la tarde de este lunes es la punta de un iceberg que se remonta atrás en el tiempo, y que ha llevado al club a una evidente fractura social. Si bien los problemas comenzaron el año de primera, no es menos cierto que la espiral negativa en la categoría de plata comenzó con la destitución de José Luis Oltra. Quizá, el momento decisivo en la gestión reciente del Córdoba por parte de Carlos González.
Hace un año, la llegada de Luis Carrión al banquillo del primer equipo tuvo un efecto efervescente, que trajo -entre otras- la victoria en el Carlos Tartiere. Tras un amago de reacción, la segunda vuelta de la pasada campaña fue mala. Solo un tramo final (cinco partidos) aceptable trajo la salvación y un décimo puesto que tapaba los preocupantes síntomas de la enfermedad. Entre tanto, el propietario del Córdoba había despedido previamente al director deportivo, Emilio Vega, y dejó como cabeza visible del club a su hijo, Alejandro González.
El nuevo presidente era la cara amable de la propiedad hasta que, acabada la temporada equiparó a los aficionados con clientes. Mientras, con Álex Gómez en la dirección deportiva y toda la confianza depositada en Carrión, se renovó de forma importante la plantilla. Con una campaña de presentación de fichajes agresiva en redes sociales, a día de hoy, ése parece el único acierto de todo el verano.
Y es que, como se pregonó entre julio, agosto y a principios de septiembre en alguna tertulia deportiva, el Córdoba tenía una gran plantilla. Había buenos “mimbres”, según González hijo. La realidad deportiva fue otra y el equipo diseñado por Carrión, Gómez y el resto de responsables fue coleccionando goleadas ante el Barcelona B, Tenerife en Copa del Rey, Valladolid o Nástic. Ahí vino el giro de timón y, tras la negativa de varios entrenadores a recalar en el Arcángel, se trajo a Merino para construir un equipo compacto. La mala fortuna o la escasa calidad de la plantilla (o ambas cosas) han querido que el de La Línea de la Concepción no haya sido capaz de ganar un partido y haya dejado un paupérrimo bagaje en su corta trayectoria en el Córdoba.
Ahora, en principio de forma interina, se hace cargo de la primera plantilla el técnico del filial, Jorge Romero. Su rendimiento es una incógnita. Lo que sí es claro es que, tras 17 partidos, el filial ocupa el puesto 15, empatado con el Betis B (en puesto de promoción de descenso y solo dos puntos por encima de la quema.

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