Camino del cementerio futbolístico


infierno
Lance del Oviedo-Córdoba./Foto: LaLiga

La vida sigue igual. Lo cante Julio Iglesias, Luis Carrión o Juan Merino, al Córdoba le va a costar un mundo salir del atolladero en el que la planificación deportiva (nefasta, hasta que se demuestre lo contrario) del club lo ha metido. Las vergüenzas del trabajo de los despachos, pese a mejorar la imagen del equipo, se han visto, nítidas, en el Carlos Tartiere. Y es que con modificaciones propias del sentido común, Merino -sin pretenderlo-, le ha sacado los colores a Carrión y a quienes depositaron su confianza en él.
El Córdoba fue sólido atrás 60 minutos y apenas pasó apuros. De hecho, lo justo hubiera sido o el empate o la victoria, pero a perro flaco todo son pulgas y el más en forma de los blanquiverdes, Sergi Guardiola, se metió un gol en propia puerta que condenó a los suyos. Y ahí está la segunda de las vergüenzas de los responsables de los despachos del Arcángel. Los mismos que sacaban pecho de plantilla, ahora, prefieren no hablar cuando las pruebas dicen que es un equipo simplón, monótono, débil, frágil e incapaz de remontar un partido porque no hay mimbres para hacerlo ¿Quieren más?
Los argumentos los dan jugadores como Pinillos que está más para el filial que para la primera plantilla. Medio equipo del Oviedo lo desbordó y Toché le ganó la espalda y le partió la cintura, como se hace entre un jugador veterano y un juvenil. El problema es que el bueno de Dani no tiene edad de amateur desde hace mucho. Joao tapó muchas de las carencias de una zaga que, al fin (ya tocaba), tuvo ayudas del centro del campo. Mientras que arriba, el mejor apartado de los blanquiverdes en lo que va de temporada, se echó en falta que las tres o cuatro ocasiones claras de Jona, las hubiera tenido Guardiola. El ex del UCAM se desmarcó, la bajó, abrió al espacio, pero de momento el gol no llega y ¿Recuerdan? Para eso se le firmó.
Aun con todo, el concepto de Merino parece que es la medicina que necesita el Córdoba. Orden, ayudas y táctica; elementos que no se dieron en demasía en las diez primeras jornadas. El Córdoba camina hacia su particular cementerio y con sus propios fantasmas, mientras aguarda el Numancia. Y ello con la sensación de haber desperdiciado un cuarto de liga y de tener unos “mimbres”, que no dan ni para una silla de enea.

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