Ruedan cabezas en el Arcángel


El nuevo entrenador del Córdoba, Juan Merino, trae con él a su hombre de confianza y relega a un segundo al que fuera segundo de Carrión

Carrión Arcángel
Luis Carrión en el banquillo, junto con Vicente Fuensalida./Foto: Jesús Caparrós

A los González no les ha quedado otra. Y es que la llegada al Arcángel del nuevo míster, Juan Merino, ha propiciado que -como es habitual en estos casos- el entrenador traiga a su cuerpo técnico o parte del mismo. En el caso del de La Línea de la Concepción viene con él su hombre de confianza, Rafael Pichardo. Una decisión que, pese a parecer normal a simple vista, tiene dos interesantes connotaciones: La negociación fracasada con Rubén Baraja y el papel del hasta ahora segundo entrenador, Vicente Fuensalida.
Y es que en el caso de Baraja, el principal escollo para alcanzar un acuerdo estribó en que éste traía con él a su segundo y a su preparador físico. Un hecho que fue insalvable con quien fuera técnico de Elche y Rayo, pero que para contar con los servicios de Merino no ha quedado otra opción. Aunque más limitado, el efecto ha sido similar puesto que el que fuera segundo de Luis Carrión, queda en un papel marginal en el organigrama deportivo del Arcángel. A lo que hay que sumar que Fuensalida fue nombrado segundo, tras la marcha de Clavero, por el club. Un cargo de confianza del que ha sido relegado.
Merino fue elegante en rueda de prensa y explicó que, ahora, las funciones de Fuensalida serán otras. En este sentido aludió a su sistema de trabajo y la necesidad de grabar los entrenamientos que prima en el mismo. Ése será uno de los roles que ocupe el que fuera segundo de Carrión. Es más, lo que también dejó claro Merino es que Fuensalida no se sentará en el banquillo. “Todos tienen su lugar y soy de las personas que siempre quieren aprovechar lo mejor de las personas que tiene en casa”, aseguraba el nuevo míster. Éste añadía que “hay trabajo para todos”, a la par que resaltaba la importancia de contar con su hombre de confianza (Pichardo), ya que “el entrenador vive en soledad, sobre todo, después de las derrotas”.