Hecatombe y humillación para un Córdoba de Segunda B


El bigoleador del partido, Uche./Foto: LaLiga

Un equipo mediocre, un entrenador al que le ha venido grande el proyecto y una planificación deportiva digna del mejor guión de una película de terror arrojan como resultado una concatenación de ridículos que parece no tener fin. Repetimos lo de Valladolid: “El entrenador no tiene la culpa. Mejor dicho, sólo una parte. El resto, y no poca, los jugadores y, sobre todo, quien quita y pone en la Sociedad Anónima Deportiva”. Y se añade: Álex Gómez y Cándido Cardoso. La pésima planificación de la plantilla, salvo milagro, servirá para agonizar en busca de no descender a Segunda B. Una hecatombe que, por previsible, no deja de contrastar con esa confianza en la plantilla demostrada por Alejandro González en las tertulias.
El Córdoba no mereció tanto castigo ¿O sí? En el primer minuto ya perdía (como ante el Cádiz). Al cuarto de hora llegaba el segundo y el estadio estallaba contra el míster y el palco. El gol de Guardiola no servía para calmar los ánimos de una afición que ha visto, solo en liga, cuatro goleadas en diez partidos. Tampoco sirvió que el Córdoba dominara o que Romero estuviera un poquito mejor que en capítulos anteriores (costó medio millón de euros). La inoperancia defensiva del equipo no ayuda, por bien que ataques y laterales con pésimas actuaciones, como es el caso de Pinillos, tampoco. Ni siquiera tirar de centrocampistas como Edu Ramos, el mejor por cierto, para suplir a centrales en los que no confías.
Números de récord, desde luego, los de un Carrión que, una vez más se vio superado por los acontecimientos. Así se llegó al descanso y, tras las instrucciones en el vestuario, el que salió mejor fue el Nástic. Sin embargo, con el estadio atronando contra todos -especialmente, contra Carlos González-, el Córdoba se rehizo y Jovanovic y Fernández pudieron poner las tablas. Nada más lejos de la realidad. Pinillos, un coladero desde que comenzó la temporada, falló y por su banda vino el penalti. Kieszek pudo cambiar el signo del partido, pero no pudo con el rechace. La suerte estaba echada y cayeron dos más, entre la espantada masiva del respetable que, dicho sea de paso, dio también su peor versión con la huida.
Lo más probable, con numerito como el de Valladolid o sin él, es que Carrión haya firmado hoy el final de una etapa. Su carácter y su amor a los colores está fuera de duda. Pero no es menos cierto que diseñó la plantilla a su gusto, junto con Gómez y Cardoso (de este último se acordará Deivid o, más bien, quienes lo añoran en la defensa). Si hay destitución debería escribirse en plural. Pero no pasará ¿O sí?
 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here