Se hunde en la mediocridad


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Los jugadores del Lugo celebran uno de los goles./Foto: LaLiga

¿La culpa es del entrenador, de los jugadores o de la planificación? Probablemente, cualquier opción es válida o, como en los exámenes tipo test, todas las opciones pueden valer. Y es que, tras nueve jornadas, las tres victorias y las seis derrotas hablan por sí solas. Cuatro derrotas consecutivas como visitante y 13 goles en contra, dan la medida de un equipo que, lejos de pensar en grandes metas, cada vez parece más claro que su sitio está en la parte baja de la tabla. Al menos, en función de lo visto en este primer cuarto de liga en el que, conforme avanza el campeonato, el miedo se instala partido tras partido. En definitiva, pequeños destellos que no ocultan la mediocridad generalizada del equipo.
En el Anxo Carro el Córdoba no se llevó un baile, que pusiera de manifiesto todas sus vergüenzas futbolísticas. No encajó antes del 20 y no salió con tres o cuatro tantos en contra al final. Se llevo dos en apenas cinco minutos y, para mayor sonrojo, en el tramo final del encuentro. Tras una primera parte aseada en la que, pese a ser un desastre defensivo, mantuvo tensos a los gallegos con las acciones de Guardiola y Markovic. Como los toreros veteranos, los pupilos de Carrión hicieron una faena aseada, que de nada sirvió para la segunda mitad.
En la reanudación, el técnico cambió el dibujo sacó del campo a Markovic y dejó sobre el césped a un Caballero que fue de los más flojos de los titulares. En una de esas decisiones que sólo el que la lleva la entiende, el entrenador puso a Aguza por Javi Lara. El de Montoro -la estrella- apenas defiende, pero Aguza no iba a resolver esa carencia. A ello hay que sumar que el Lugo atacaba con más insistencia el área blanquiverde, mientras que el técnico cordobesista decidió echar al equipo atrás. Del cacareado fútbol control se pasó a algo que no sabe hacer el Córdoba: defender. La consecuencia, los goles de Campillo y Mario Barco en el tramo final.
Esta vez los fallos vinieron del banquillo, pero también de una defensa que no acierta ya ni a despejar en largo. La semana tiene tres días y un partido más el próximo domingo. Y, sin independencia catalana -de momento-, al Córdoba le espera el Nástic, que ayer vencía al Granada, y que, para colmo, es uno de los rivales directos de un cuadro cordobesista que, en el 80 por ciento de los partidos, ni está ni se le espera. Mediocridad.

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