Así fue una de las broncas que han llevado a la retirada a Morante


José Antonio Morante de la Puebla es un diestro de luces y sombras, de sublimación y desidia. Una personalidad que le ha llevado a estar considerado como uno de los escasos “toreros artistas”, que quedan en el panorama de la tauromaquia actual. Capaz de dejar auténticas obras maestras con capote y muleta, su concepto no le permite “sacar faena” cuando no tiene claras las maneras del astado. Una personalidad -peculiar y controvertida- que el pasado mes de mayo le costaba una bronca monumental en la plaza de toros de Los Califas y en otros de los cosos que ha visitado, tras la Feria de Córdoba.

Y es que tras pisar la arena de la plaza de El Puerto de Santa María, para afrontar un mano a mano con Julián López El Juli, el diestro sevillano volvía a recibir otra desaprobación de los aficionados, similar a la que sufría en Córdoba, hace menos de tres meses. Bronca tras bronca, Morante ha estallado y ha anunciado -en declaraciones al portal taurino Mundo Toro-, que se lo deja.
“Me voy del toreo, los presidentes y veterinarios me han aburrido”, aseguraba el de la Puebla del Río. De hecho, Morante reconocía que ‘el toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte”, a lo que reponía que “ya no puedo más”. Sin embargo, a pesar de anunciar su marcha “por tiempo indefinido”, el matador no descartaba que “puede ser que algún día vuelva a los ruedos”. Sea como fuere y pese a los motivos del torero, las muestras de desaprobación que ha recibido en los últimos meses se antojan motivo suficiente para una retirada, al menos, temporal.
La bronca de Córdoba

El coso de Los Califas se volvió contra el torero enel cuarto de la tarde. Y es que, nada más entrar al caballo, el astado se lleva pun puyazo bastante largo. El mismo fue a petición del torero, aunque la bronca del respetable recayó sobre el picador. El segundo puyazo dejaría al animal para terminar la faena en ese punto. Morante no ve faena y se aprecia claramente en detalles como ese.
Pares de banderillas dejados caer; inicio de faena metido en tablas; pitos y más pitos; el respetable se indigna. Todas las intenciones se desvelaron cuando tomó la muleta. No quería torear. No tenía ganas. Todo fue una pura probatura, un pasar al toro por alto y un infame macheteo. No le dejan matar a pitos y gritos. Pinchazos. El público busca que le den avisos. Coge el descabello en los medios y siguen los abucheos. Suena el primer aviso cuando el toro cae. Los gritos se hacen más notorios aún: ¡Fuera fuera fuera!. El triste final del cuarto de la tarde culminó con los aplausos al toro en el arrastre.

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