Una permanencia "didáctica"


didáctica
Aguza y Kieszek celebran la permanencia./Foto: La Liga

Salvado. Esa es la mejor noticia de una temporada que no pasará a los anales de la historia del club blanquiverde. Y de la que, a partir de ahora, estará por ver si como afirmaba Alejandro González, ha sido lo suficientemente “didáctica” como para no cometer los mismos errores que en la 2016-2017. Uno de ellos ha tenido que ver con los resultados a domicilio de un equipo, el de Carrión, que no ganaba desde su visita al Tartiere en el mes de diciembre. Casi seis meses después, el Córdoba volvía a la senda de la victoria fuera de casa. Precisamente, el día que más lo necesitaba.
El partido comenzó con una buena dosis de apatía, despiste y falta de ritmo de los blanquiverdes. Algo que, desgraciadamente, fue la nota habitual de los últimos meses, lejos del Arcángel. El Rayo lo aprovechó y, en un arranque frenético, los de Michel se adelantaron a los cuatro minutos, gracias al tanto de Raúl Baena. El Córdoba despertó de golpe e iba perdiendo. Si bien y a diferencia de citas anteriores, se comenzó a ejercer presión sobre la salida de balón del Rayo y a contragolpear. Y, cosas del destino, en apenas seis minutos (en el 10), Javi Galán aprovechaba la asistencia de Piovaccari para devolver las tablas al marcador. Para el equipo, pese a la reincidencia, algo de “didáctica” había tenido la serie de derrotas a domicilio de 2017.
La receta de Carrión fue afianzándose. Presión, robo y contra. Y hasta pasada la media hora de juego el Córdoba las tuvo. En especial, otra de Javi Galán que se estrelló en el larguero. El Rayo atacaba, pero el intercambio de golpes se diluyó en el tiempo final del primer acto.
El vestuario enardeció a los vallecanos y salieron a por el partido. Los de Carrión dudaban, aunque más ordenados que al comienzo de la primera parte. Cuando el acoso del conjunto bucanero era más evidente, Alfaro recibía el balón de Antoñito y definía con la clase que siempre le ha caracterizado a lo largo de su carrera. El onubense ha cuajado un buen tramo final de temporada, reivindicándose como un futbolista de los que interesa atar.
El partido se fue dejando morir. Eso sí, la salida de Rodri al césped estuvo marcada por una clarísima ocasión que desperdició, de forma inexplicable. El pitido final, con su 1-2, suponía la salvación. A falta del partido final, el Córdoba ha solventado, por méritos propios en el último tramo, una campaña gris en la que se prescindió de un entrenador que, el año que viene, será “rival ” en el banquillo de uno de los, a priori, candidatos a ascender con el Granada.
Sin embargo, hubo tiempos peores, con más sufrimiento y resultados terribles. Un pasado -no tan lejano-, que conviene tener presente, por didáctico, de cara a la planificación de una nueva temporada que borre del paladar, el sabor agridulce que ha dejado la que ahora acaba con la media sonrisa de la permanencia.

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