Orejas para González Écija y Marcos Linares


Festejo y Feria de emociones suavecitas y contenidas cuya satisfacción más contundente la constituyó la propia celebración

Marcos Linares./Foto: Lances de Futuro
Marcos Linares./Foto: Lances de Futuro
Marcos Linares./Foto: Lances de Futuro
Marcos Linares./Foto: Lances de Futuro

Novillada sosita. Festejo y Feria de emociones suavecitas y contenidas cuya satisfacción más contundente la constituyó la propia celebración, prueba evidente de la vuelta a lo ordinario. No se puede reprochar a la empresa arrendataria casi nada, porque la culpa no es suya. Antes de eso merecen una felicitación. Han trabajado la promoción como no se recuerda, extendiéndola más allá de la propia celebración del ciclo. A ese trabajo se debe que los jóvenes hayan inundado el coso califal. El problema no radica ahí. Es general. Es la falta de emoción. Y si esos más de 500 jóvenes que acudieron a la plaza no reciben una experiencia sin comparación emocional con el resto de los impactos experienciales con los que compite la corrida de toros, el año que viene, en lugar de gastarse su dinero en toros, lo invertirán en esa otra diversión que sí les provoca vértigo emocional. Sencillo.

Así las cosas, el ganado que sale por toriles, el que saltó ayer al ruedo, es sosito, sin complicación, sin emoción, tan falto de raza como de fuerza. Pasan, no embisten. Meten la cara en la muleta y a mitad de lance parecen mirar hacia otro lado desinteresados o aburridos del papel que les toca desempeñar. Ayer no se vio nada de capote. No parece tener importancia esto. No se vio nada en el caballo, excepto la últimas dos varas. Los novilleros, con un abrumador conocimiento técnico de su desempeño parece quedárseles pequeño el enemigo. Y apenas empiezan. Porque el enemigo sale al ruedo humanizado. Fuerza medida, acometividad justa. Se produce el hecho del toreo, sí, pero sin emoción, sin sustancia, desconectado del tendido, que asiste hoy como puede no asistir mañana. Y esto sí es grave.

Por ello, las dos primeras faenas pasaron sin pena ni gloria. Porfías más que creaciones artísticas. Ventajas copiadas a los mayores, como la colocación fuera de cacho o el manido encimismo, que acorta distancia y acelera triunfos de poco peso nacidos de un público poco instruido que se atormenta ante la cercanía, no siempre sincera, de un puntiagudo pitón.

Con esto, cuando aparece desnuda la predisposición, que es virtud que deben tener los novilleros en cantidades industriales, es premiada como mérito sorprendente, como ocurrió con el primero de Marcos Linares. Centrado en el trabajo, prescindiendo del abuso abrumador de la técnica monótona y dejándose aconsejar de la composición libre, dejó algunos naturales de muy buena ejecución. A mitad de faena redujo las distancias por decisión propia o por abandono de la pelea por parte de su oponente, recurriendo a la eliminación de distancias que garantizaba el éxito pero sacrificaba el disfrute. Oreja merecida en cualquier caso.

El cuarto tuvo problemas. Soltaba la cara, se revolvía, se quedaba corto. El peor de la tarde, sin duda. Ahora sí que debía entrar en juego con toda su rotundidad la técnica del oficio aprendido. Y David de la Fuente la sacó. Y aunque la faena no pudo ser estética permitió, por un lado, salir airoso del compromiso al joven y, por otro, comprobar que hay toros que se salen del monocorde comportamiento.

Lo mejor de la tarde ocurrió en el último. Marcos Linares compuso una faena argumentada en el hecho estético. Ciertamente algunos naturales fueron de cartel. Con el empeño de hacerlo siempre bien, corrigiendo la colocación y replanteando el trabajo cuando era conveniente, pensando al fin, configuró una tarde de crecimiento personal y profesional con independencia del fallo a espadas, que los estadistas tendrán en cuenta y a mí me importa un pepino. 

Ficha de la novillada

  • Coso de Los Califas. Un tercio de entrada con tarde ventosa y de temperatura agradable.
  • Toros de Talavante. Bien presentados 2º, 5º y 6º y de presencia justa los restantes. En líneas generales faltos de fuerzas y raza. Se dejaron hacer excepto el 4º, que presentó problemas.
  • Daniel de la Fuente (De caldera y oro): Dos pinchazos y descabello (palmas) y estocada (aplausos).
  • González Écija (De verde oliva y oro): Pinchazo, estocada caída y descabello (aplausos) y media estocada (oreja).
  • Marcos Linares (De blanco y oro): Estocada (oreja), y cuatro pinchazos y dos descabellos (aplausos).