Luis Bedmar: la música desde la fe


A lo largo de su vida deja una producción en la que destacan las misas, las marchas procesionales y composiciones religiosas de lo más variado

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Luis Bedmar, junto a dos músicos de la Orquesta Municipal. /Foto: Ladis
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Luis Bedmar. /Foto: LVC

Su padre, quizás, sacristán en Cúllar-Baza, le inoculó la pasión por la música. Luis Bedmar hablaba con una naturalidad de todo lo relacionado en este arte como si de una predestinación se tratase. Lo mismo dirigía una banda de música que una orquesta, un coro o se sentaba antes del amanecer para componer. En Luis Bedmar todo era música, pero esta no se entendería

Con su fallecimiento ocurrido hoy se cierra una dilatada vida en la que buena parte de la dedicación a la música ha estado ligada a una profunda fe que no sólo fue motivo de inspiración de muchas de sus obras, sino también asidero firme en los momentos más difíciles de la vida. Tras uno de ellos afirmaba que: “Por más oscura que se vuelva la vida, siempre hay un agujero por el que ver a Dios”.

Un Bedmar muy joven asistió en Madrid a unas jornadas organizadas por la Comisión Nacional de Liturgia de una recién nacida Conferencia Episcopal. Eran los tiempos inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II y el objetivo era diseñar la transición del órgano a la guitarra en los templos, por simplificar. Intuyó los nubarrones que se avecinaban y no se equivocó, pero se él se mantuvo fiel y compuso música sacra adaptada a la estética musical del momento, sin recuperar viejas formas, de lo que el mejor ejemplo es su ‘Misa Festiva’.

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Julio Anguita, Luis Bedmar y Dámaso Torres. /Foto: Archivo Municipal

La llegada de las nuevas tecnologías no supuso problema alguno para un Luis Bedmar que se había formado musicalmente en la vieja escuela. Es más, descubrió que había programas informáticos que hacían sonar sus composiciones sin necesidad de instrumentos. La alegría se le dibujaba en el rostro al ver cómo cobraba forma, y sonaba, la música que le hizo al Santo Rosario. El sonido Midi fue su salvación.

También se adentró por los caminos de la música religiosa, con infinidad de composiciones de lo más diverso, destacando los himnos de las coronaciones canónicas de las Vírgenes del Socorro y del Carmen. Fueron diversas las marchas que compuso, desde su lejano paso por Montoro, como director de su Banda Municipal, hasta tiempos más recientes. De entre todas ellas -que deberían sonar más de lo que lo hacen en la actualidad- Bedmar siempre destacaba ‘La señal’ por encima del resto, porque, una vez más, su fe religiosa era la que en este caso había obrado el prodigio casi sobrenatural de esta composición.

Bedmar no fue de los músicos que imponían sus obras por encima de las de los demás, en absoluto. Siempre fue generoso y así, aún funcionario municipal, participó de forma muy activa en la década de los 90 en que volvieran a sonar, tras unos años de silencio, las marchas de Martínez Rücker o Eduardo Lucena que durante décadas fueron la banda sonora de la Semana Santa cordobesa.

Los villancicos de Luis Bedmar

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Luis Bedmar. /Foto: Archivo Municipal

Los villancicos fueron otra de sus debilidades. A él se le debe el ciclo de corales que el Ayuntamiento de Córdoba organiza cada año en las vísperas de la Navidad. Era la oportunidad de conocer nuevas composiciones y en los conciertos que ofrecía en estas fechas con la Coral de la Cátedra Ramón Medina figuraban sus propios villancicos, que formaron una parte importante de su producción musical.

En la Navidad de 2017 asistió Luis Bedmar en Bodegas Campos a la presentación del libro ‘La Navidad en Córdoba’, que recopila diversos aspectos tradicionales de esta celebración en la capital. La satisfacción que mostró ese día era que el libro no recogía la partitura de un villancico suyo, sino de su hijo José Enrique, fallecido tres años antes.

Poco antes de la pandemia, con motivo del tercer centenario de la Virgen de los Dolores, se estrenó un ‘Stabat Mater’ que él había dedicado a esta imagen. En la primera fila de la iglesia de San Jacinto asistió a la interpretación de una composición en la que había dado forma a una melodía que su padre cantaba en la parroquia de Cúllar-Baza y que él nunca había olvidado y que ahora queda para la posteridad.