El Cabildo muestra una nueva página de la historia de la Mezquita Catedral


El órgano catedralicio ha abierto hoy las puertas a guías turísticos y medios de comunicación para dar a conocer el estado de la excavación en el Patio de los Naranjos y los datos que aporta

En lo que ha sido definido como un “ejercicio de la transparencia que se viene realizando en los últimos años” por el portavoz del Cabildo Catedral , José Juan Jiménez Güeto, hoy se han abierto las puertas del Patio de los Naranjos para que guías turísticos y medios de comunicación conociesen de primera mano los trabajos de una excavación que está próxima a concluir y que arroja importantes datos sobre las construcciones previas a la mezquita aljama, que permiten a los técnicos barajar nuevas hipótesis sobre las mismas. 

Una actuación que se ha llevado a cabo entre el Cabildo Catedral, que ha contado con el técnico arqueólogo de la institución, Raimundo Ortiz, y el profesor de la Universidad de Córdoba (UCO), Alberto León, que ha dirigido los trabajos de excavación.

Un trabajo no carente de complejidad por cuanto los naranjos no pueden verse afectados por la intervención, que se ha realizado en la zona occidental del patio, la más próxima a la calle Torrijos. 

El origen se remonta a los trabajos de Félix Hernández hasta 1934

El origen de esta intervención se sitúa en 2015, cuando a raíz de un proyecto del plan nacional de I+D+I del Ministerio de Ciencia y tecnología, se propuso digitalizar los fondos del archivo personal de Félix Hernández, depositados en el Museo Arqueológico de Córdoba. Una de las cosas más interesantes de ese archivo y que estaba prácticamente inédita hasta la fecha era la documentación que Hernández realizó en 1934 en el conjunto monumental de la mezquita catedral. Consistían en aproximaciones muy superficiales, con una lectura muy parcial. Se procedió a la recopilación y digitalización de un amplio repertorio de fotografías tanto en negativos en cristal como en positivos y negativos en acetato, además de croquis y anotaciones de campo, que aportaban cotas, profundidades y algún detalle descriptivo. Aunque lo más destacado de esta información eran los planos, tanto del interior como del patio, explica León.

Los planos de interior estaban inéditos y en ellos se habían incorporado elementos que correspondían e edificios de más de dos siglos de diferencia, con más de dos metros de diferencia de cota, lo que ha obligado a cambiar la interpretación que se tenía de las estructuras del interior de la mezquita.

Respeto al patio no se partía de mucha información. Los arqueólogos solo pudieron contar en un principio con un croquis realizado a mano alzada realizado por el que entonces era director del Museo Arqueológico, Samuel de los Santos Giner, dibujo sobre el que se hicieron diversas interpretaciones.

En 2009 se publica un libro que recoge datos del archivo de Félix Hernández y que mostraba un plano de las estructuras excavadas, aunque este documento no era el definitivo. Las excavaciones que ahora finalizan  ya aportaban datos para reformular todo lo publicado hasta entonces .

El objetivo de la intervención

Recuperar y volver a excavar sobre las estructuras en las que había actuado Félix Hernández. Ese fue el objetivo que se propuso el Cabildo junto al equipo de arqueólogos, pero con una base metodológica actual haciendo una lectura de todas las fases, completando los elementos que habían quedado sin resolver y realizando una lectura científica de la evolución del sitio desde la época romana hasta el momento de la construcción de la mezquita aljama. Los resultados han sido mucho más interesantes de lo que se planteaba al principio, ya que se han podido documentar muchas más fases de las que se recogían sobre el primer plano, se han podio corregir algunas informaciones que no aparecían bien registradas y se está tratando de precisar la cronología de la evolución de los distintos edificios que han ido componiendo el conjunto monumental.

La excavación

En ella se han encontrado una serie de columnas que definen un pórtico con un vestíbulo, rematado por ábsides en los extremos que darían paso a una crujía central con una serie de habitaciones de las que, de momento, se desconoce el acceso a las mismas. Hacia el este del edificio se define un inmueble de carácter monumental  con un gran muro de más de 30 metros de longitud que se prolonga por gran parte de la zona del patio excavada, fechado en principio en el siglo V y que en una fase posterior es monumentalizado con un ábside y una serie de habitaciones que compartimentan dicho conjunto.

Además de ello, Félix Hernández documentó el alminar y parte del cierre norte de la mezquita de Abderramán I, pero en los planos sólo aparecían un muro dirección norte-sur y otro perpendicular en sentido este-oeste. Con esta excavación se han podido documentar al menos seis o siete fases constructivas diferentes, no solo asociadas a la etapa tardo-antigua  (época visigoda) sino también, con toda probabilidad, a la etapa de ocupación islámica previa y contemporánea a la construcción de la mezquita aljama. El muro norte-sur superaría los límites de la mezquita aljama, que estaría creando un espacio más reducido y más al sur que los límites del edificio. Este dato ha permitido a los técnicos a desechar una primera hipótesis que tradicionalmente se había planteado sobre la orientación de la mezquita y la nave central de la construida por Abderramán I, que estaría sobre una calle romana. Los arqueólogos ahora saben que no es así, porque esa calle estaría ocupada por este edificio entre el siglo V y VI. Un gran edificio que se define gracias al muro realizado en mampostería, y al que se le asocia un mosaico polícromo que se ha documentado, uno de los pocos testimonios de pavimento que se tienen porque después de la conquista islámica se produjo un proceso de “arrasamiento” y de reutilización de materiales que afecto mucho a los edificios que existieron con antelación.

En una segunda etapa ese edificio experimenta un proceso de monumentalización, situado sobre el siglo VI. Un proceso que consiste en la incorporación de un ábside al que se entra a través de una puerta y con un pavimento de mortero que servía de base para colocar unas losas de mármol. Se ha podido comprobar que  al mismo tiempo se construyeron una serie de muros perpendiculares que definen distintas estancias.

Correspondiente a la fase de ocupación islámica se excavó un pozo ciego a modo de basurero en el que se arrojaron los restos de pavimentos , material constructivo y un volumen importante de huesos de animales  como el cordero, cabra, vaca, pero no cerdo, lo que apunta a que estaría ya en uso por la comunidad plenamente musulmana.  Esta es una fase importante porque hasta el momento en Córdoba no se había documentado arqueológicamente ninguna etapa que pudiera precisar la cronología entre el año 711 y el 785, que es la fecha de fundación de la mezquita.

Los arqueólogos datan una nueva y última fase que es en la que se construye el primer alminar de la mezquita aljama, un alminar excavado y marcado en el terreno también por Félix Hernández- Lo que se ha hecho con los datos que arroja la excavación ha sido documentar la profundidad de la cimentación, añadiendo dos hiladas más a las cuatro que documentó Hernández.

Los trabajos, por tanto, han ofrecido datos que se pueden fechar desde el siglo V al VIII. En los últimos días de excavación además se ha podido datar restos de un edificio aún más antiguo, que se integra en el conjunto y que se sitúa “en torno al siglo III o IV”.

La identidad de este último edificio

Los arqueólogos no saben con absoluta seguridad qué edificio es éste último que se ha hallado. “Recurrentemente se habla de la iglesia de San Vicente y de la construcción de la mezquita sobre esta iglesia”, apunta Alberto León. Esa idea parte de los estudios de Manuel Gómez Moreno “que proponía que al igual que sucede en la catedral de Sevilla, que se construye sobre la mezquita aljama almohade, la mezquita de Abderramán I se construía muro por muro sobre la iglesia de San Vicente”. A raíz de esta idea de Gómez Moreno a principios del siglo XX “probablemente se promovió la excavación de Hernández. Esa idea hay que descartarla absolutamente” sentencia León.

Los arqueólogos defienden que “no hay que obsesionarse con la iglesia de San Vicente”. Una iglesia que según las fuentes islámicas era la mayor entonces y que “muy probablemente fuera la iglesia episcopal”. Según los técnicos , la iglesia episcopal formaba entonces parte de un núcleo urbano mucho más amplio que responde al un ‘complejo episcopal’, que existía en todas la ciudades episcopales del mundo mediterráneo y que estaba compuesto “como mínimo por tres grandes edificios: uno era la basílica episcopal, otro era el baptisterio y otro, el palacio del obispo”. Un edificio de estas características servía para que el obispo ejerciera sus funciones públicas pero también era un complejo con almacenes, capillas y todo aquello que estuviera vinculado con la actividad obispal en la ciudad. La hipótesis que manejan los arqueólogos es que este complejo se extendiera hasta la Puerta del Puente, y el trabajo actual consiste en definir qué edificios formaban parte de ese conjunto

La pieza clave reside en el ábside. ¿Qué edificios hay de época tardo-antigua, y en particular del siglo VI, que tengan un ábside? “O una iglesia o un espacio de representación”, aclara el arqueólogo de la UCO. Uno de los elementos a tener en cuenta es la orientación de dicho ábside, en este caso hacia el oeste – cuando normalmente suelen estar orientadas hacia el este- por lo que se apunta hacia un edificio oficial de carácter representativo, aunque también se puede estar hablando de un triclinium (espacio de ocio de las casas señoriales romanas), aunque en el siglo VI las construcciones monumentales ya no corresponden a la tipología romana.

“Pensamos que el único edifico que encaja en este tipo sería un espacio de recepción del obispo, y el ábside sería el lugar donde estaría el obispo para que presidiera las actividades públicas vinculadas con su función religiosa también dentro de ese complejo”, explica León., que añade que “se confirma que en el siglo V ya está este espacio configurado como el centro de la ciudad de Córdoba, y se mantiene hasta finales de la Edad Media con seguridad.

 

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