90 años de cine sonoro en Córdoba


La llegada de la nueva tecnología a los cines de la capital supuso un cambio considerable en el ocio de los cordobeses

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Afiche de 'El cuerpo del delito'. /Foto: LVC

La llegada del cine sonoro a Córdoba supuso un cambio en el ocio de los cordobeses. Las películas ya no estaban acompañadas, en el mejor de los casos, de un piano o un pequeño grupo de músicos que ponían una interminable banda sonora que poco o nada aportaba a la cinta.

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Afiche de ‘El cuerpo del delito’. /Foto: LVC

El cine sonoro era otra cosa. Si se caía un vaso se escuchaba el sonido de los cristales rotos y, lo más importante, los actores aportaban su voz a unos diálogos que antes no existían. La música, en cambio, redujo su protagonismo y pasó a enfatizar algunas escenas. El salto cualitativo era importante. 

Las crónicas cuentan que fue el 21 de enero de 1931 cuando se pudo asistir en Córdoba por primera vez a una película sonora. El dato es cierto, pero no es del todo verdad. La irrupción de esta nueva tecnología provocó una carrera tanto en los fabricantes de los dispositivos como en los empresarios de las salas de proyección por ver quién era el primero, ya que el éxito estaba asegurado. 

El Duque de Rivas gana la carrera del sonoro

Quien más corrió en Córdoba fue el empresario del Duque de Rivas, Antonio Cabrera, pero no se salió bien la competición. En abril de 1930 comenzó a anunciar que su teatro iba a ser el primero en tener el cine sonoro y el 10 de abril tuvo lugar la primera  proyección con público.

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Teatro Duque de Rivas. /Foto: LVC

El resultado, pese a lo novedoso del sistema, no debió ser del todo satisfactorio. La tecnología no estuvo a la altura y así lo reflejó la prensa de la época. El diario La Voz hacía al día siguiente la crítica a la película ‘El arca de Noé’, que fue la que se proyectó, y el periodista hace la siguiente reflexión: “¿La parte sonora? Fue lo que menos gustó”. El autor del artículo destaca sólo algunos pasajes del film como lo más interesante en lo que al sonido se refiere y añade que “lo demás no favorece la obra cinematográfica”.

Algo debió ocurrir en el Duque de Rivas porque sólo unos días después se anunciaba en prensa la presencia en Córdoba del ingeniero jefe de la casa Melodium, Gabriel Delclós, para reparar el aparato de sonido de este teatro. El resultado no sería satisfactorio del todo cuando su programación pasó a recuperar el cine mudo y a alternarlo con espectáculos de variedades.

La tradición teatral española marca que el Sábado de Gloria es el momento en el que arranca la temporada. Para ese día tenía prevista su inauguración el Cine Alkázar, en la calle Reyes Católicos, con el atractivo de incorporar el cine sonoro, pero finalmente arrancó su andadura esta sala con la proyección de películas mudas.

El Gran Teatro ofrece más calidad

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Gran Teatro. /Foto: LVC

De este modo se le dejó el camino expedito al Gran Teatro, que el 21 de enero de 1931 proyectaba en su pantalla ‘El cuerpo del delito’, que hizo que “el público saliera satisfechísimo del atrayente espectáculo”. La prensa, al día siguiente, insistía en la calidad técnica al afirmar que “la sincronización es perfecta y el público siguió el diálogo con gran atención”. Además, destacaba que “respecto al aparato adquirido por la Empresa Guerrero para la proyección de las películas sonoras, hemos de insistir en que es el más perfecto que se conoce, pues transmite hasta sonidos apenas perceptibles”. 

Este “atrayente espectáculo” estuvo al alcance de todos los públicos en el Gran Teatro. Desde las dos pesetas que contó la butaca a los 30 céntimos del gallinero, cualquiera tuvo su asiento conforme a sus posibilidades. ‘El cuerpo del delito’ fue la primera película que la Paramount rodó íntegramente en español. Su estreno fue en mayo de 1930 en Argentina y poco después llegó a España.

Un actor cordobés en el reparto

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Cartel de ‘El cuerpo del delito’. /Foto: LVC

El reparto de ‘El cuerpo del delito’ estaba compuesto por actores cuyos nombres han pasado al olvido y en la actualidad no dicen prácticamente nada al gran público: Ramón Pereda, Antonio Moreno, Andrés de Segurola, Barry Norton, María Alba, María Calvo, Vicente Padula o Manuel Conesa. Pero entre ellos hubo un actor que no pasó desapercibido en la ciudad, se trata del cordobés Carlos Villarías, que triunfaría en el cine con sus papeles de Drácula.

Éste era el momento en que la generación que había triunfado en el cine mudo no tuvo el mismo éxito en el cine sonoro, al haber cambiado por completo la técnica interpretativa, lo que en clave de comedia plasma ‘Cantando bajo la lluvia’. Pero no fue éste el único conflicto que trajo el cine sonoro, ya que con su irrupción quedaron en el paro los músicos que estaban fijos en los cines para acompañar las proyecciones. 

Tras el intento del Duque de Rivas, el Gran Teatro hizo que el cine sonoro llegara a Córdoba pisando fuerte. Desde aquel 21 de enero de 1931 pasó a formar parte de la vida de los cordobeses y aunque ha evolucionado técnicamente de forma considerable, aquel impacto de ver por primera vez una película hablada cumple ahora 90 años.

 

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