Palomino, en la ‘Obra del mes’ del Museo de Bellas Artes


La obra pertenece a una colección privada y es un boceto del lienzo que pintó para la iglesia de San Francisco

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'El Salvador', de Palomino. /Foto: LVC

El Museo de Bellas Artes dedica la ‘Obra invitada’ a un lienzo del pintor de Buajalance Antonio Acisclo Palomino. La obra pertenece a una colección privada de Madrid y representa a Cristo resucitado como Salvador en gloria, bendiciendo con su mano derecha, mientras con la izquierda sostiene el globo terráqueo en cuyo vértice se aprecia un cáliz coronado por una forma eucarística.

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‘El Salvador’, de Palomino. /Foto: LVC

Este simbolismo se ve reforzado por la presencia de angelitos de cuerpo entero, que portan espigas de trigo y ramas de vid, alusivas al sacrificio del pan y el vino. Destaca en el personaje la serenidad de su barbado rostro y la majestuosidad de unos paños rojos que hacen perfecto contraste con el azul cadmio de la túnica. Es un óleo sobre lienzo, de 45 x 35 cm. de Antonio Acisclo Palomino (Bujalance, Córdoba, 1655 – Madrid, 1726). Fechado hacia 1709.

Por sus dimensiones, puede tratarse del segundo de los trabajos previos que Palomino realizara para enfrentarse con el gran lienzo del mismo tema que pintó en 1709 para sustituir a otro más antiguo, ya deteriorado, en la capilla de esta advocación en la iglesia de Convento de San Francisco de Córdoba.

En su tiempo se encontraba dentro del denominado recinto absidal de la Vera Cruz, donde campeaba la Cruz Verde que se colocaba en el tablado de los ajusticiados por la Inquisición. Para esta capilla realizó también otro lienzo representando a San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña, -enfatizando con ello la estirpe materna de Cristo- que hoy se encuentra, junto al otro, en la capilla del lado de la Epístola. 

El enterramiento de los Palomino

La capilla de la Vera Cruz fue el lugar habitual de enterramiento de los Ministros del Tribunal de la Inquisición, cargo al que Palomino aspiraba por haberlo sido también su padre, Bernabé Palomino de Lara, que en su testamento de 1683 había dispuesto ser allí enterrado en su calidad de cofrade, como efectivamente lo fue, junto a su mujer Catalina de Castro, madre del artista.

Como consta en el “Compendio de la vida de Palomino” que existe en el Archivo de la Real Academia de San Fernando, a 17 de marzo de 1706, la Cofradía de la Vera Cruz acordó que se dijese una misa perpetua cada año en esta capilla, el día del Salvador del Mundo por las ánimas de sus padres y de los demás difuntos, en razón de haber mandado el pintor el lienzo sustitutorio nuevo.

Del empeño puesto por Palomino en este cuadro habla también el boceto que hoy guarda el Museo de Bellas Artes de Córdoba tras haber sido adquirido del comercio de arte en el año 1999, que por sus dimensiones algo mayores (59,5 x 45 cm.), debe de ser posterior al que presentamos.

Este museo guarda también un dibujo del Cristo como Salvador del mundo que se le atribuye, aunque no puede considerarse preparatorio para esta obra por su iconografía y ser algo anterior en factura. De la fama que, entre sus seguidores y discípulos, tuvo el cuadro franciscano cordobés, puede ser buen ejemplo el óleo sobre tabla que guarda el Museo Cerralbo en Madrid (98 x 54 cm.), donde no se introducen algunos elementos de la composición original.

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