Gonzalo Antonio Serrano, el científico cordobés olvidado


Médico y matemático, fue considerado como el astrónomo más importante en la España de comienzos del siglo XVIII

Torre de la Malmuerta. /Foto: LVC

El pasado jueves se cumplía el 350 aniversario del nacimiento de un cordobés que brilló en la primera mitad del siglo XVIII como médico, matemático y astrónomo, y que su ciudad natal tiene en un casi total olvido, si no es por una calle secundaria en el polígono de Las Quemada. Curiosamente, el nombre de Gonzalo Antonio Serrano a quienes más les suene su nombre será a los devotos de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, en cuya capilla de los Trinitarios se encuentra la lápida de su enterramiento, donde se le recuerda como “maestro en la ciencia matemática, principalmente en la astronomía y la astrología, médico en Córdoba, su patria”.

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Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado./Foto: Irene Lucena

Desde su fallecimiento en 1761, a los 91 años de edad, su nombre se fue diluyendo progresivamente de la memoria de los cordobeses hasta caer en el más completo de los olvidos, pese a tener más de una docena de libros publicados. A esto pudo contribuir el hecho de que pese a haber tenido cuatro hijos, ninguno de ellos tuvo descendencia. Además, todos murieron antes que él, por lo que tras su fallecimiento se extinguió la familia.

A los 18 años contrajo matrimonio con Mariana de la Vara y tuvo cuatro hijos: Blanca, Francisco, Gonzalo Antonio y Catalina. En 1742 se casa con María Ramos y no tuvieron descendencia.

La biografía de la catedrática Soledad Gómez Navarro y la elaborada por Alexander Maz Machado, Clara Argudo Osado, y David Gutiérrez Rubio, todos ellos de la Universidad de Córdoba, recuperan esta importante figura en el mundo de la ciencia durante la primera mitad del siglo XVIII que, además, tuvo una vida de lo más interesante.

Gonzalo Antonio Serrano nació el 5 de noviembre de 1670 en el barrio de San Lorenzo, en el seno de una familia humilde, cuyos padres se dedicaban a hacer y a reparar zapatos. Él aprendió el oficio y se desenvolvía como tal hasta que como pago a uno de sus trabajos recibió un libro de astronomía.

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Universidad de Osuna. /Foto: LVC

Este hecho fue el desencadenaste de que despertase en el joven Gonzalo Antonio Serrano su interés por la ciencia. Obtiene su licenciatura en Medicina en la Universidad de Osuna y su primer destino fue Ceuta, donde en 1699 alcanzó el cargo de cirujano mayor del Ejército y Reales Hospitales por nombramiento del Rey Carlos II. 

De vuelta a Córdoba, establece una academia de Astronomía y Astrología, lo que le convierte en muy popular, algo que levantó ciertas envidias y circuló por la época un poema anónimo que se reía de él por sus orígenes como zapatero: “¡Oh, pues tú que rondando entre banquetas,/ con el tranchete en mano y las virillas,/ arrimando hacia un lado las plantillas,/ subes a desvirar también planetas!”.

En lucha contra las epidemias

Poca mella le hizo esta campaña en contra, ya que el obispo Pedro de Salazar lo puso a gestionar las distintas epidemias que se dieron en Córdoba y en la provincia entre 1736 y 1738. Su sucesor, Miguel Vicente Cebrián, lo nombró su médico personal. 

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Torre de la Malmuerta. /Foto: LVC

Gonzalo Antonio Serrano no olvidaba la astronomía y en 1732 montó un observatorio en la torre de la Malmuerta, uno de los puntos más altos en la Córdoba de la época. Allí hizo unos estudios que le sirvieron para corregir las tablas relativas al movimiento de la luna y también estudió los eclipses solares y lunares.

Durante varias décadas estaba considerado como el astrónomo más reputado de España. Fue conocido gracias a los diversos libros que publicó y que le llevaron a hacerse con una imprenta propia, en la calle del Císter, actual Carbonell y Morand, de donde salieron todas sus publicaciones. 

Este personaje contó entre sus discípulos a Bartolomé Sánchez de Feria, también médico, aunque se inclinó más por la historia local y así ha llegado su conocimiento hasta nuestros días. También cultivó la amistad con Diego de Torres y Villarroel.

En el santuario de la Virgen de Linares se conserva un exvoto que narra cómo Gonzalo Antonio Serrano salió ileso de un ataque en la calle de la Pierna, actual Barroso, en el que recibió dos puñaladas, una en el brazo y otra en la mano, que le interesó hueso y nervios. Se cuenta que invocando el nombre de la Virgen de Linares sanó al poco.

Gonzalo Antonio Serrano y la Inquisición

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Libro de Gonzalo Antonio Serrano. /Foto: LVC

No fue éste el único problema que tuvo en vida. Su egocentrismo y su afición a ser el protagonista de sus propias obras motivó que sus rivales científicos denunciaran ante la Inquisición uno de sus libros por la manera en que abordaba la circulación de la sangre. El pleito no acabó del todo mal, ya que Gonzalo Antonio Serrano salvó el pellejo, aunque su trabajo pasó a engrosar el índice de libros prohibidos.

En su testamento pidió que se le amortajara con el hábito de los trinitarios descalzos, que se le enterrara ante el Rescatado, y se reflejaba que tenía en su propiedad más de 150 libros de matemáticas, lo que era una cifra muy alta para la época.

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