Morante para el tiempo en Córdoba, pero falla con la espada


Con el quinto de la tarde, el de la Puebla del Río dejó una faena exquisita que se truncó por el acero

Morante
Morante brinda la muerte del toro a Cayetana Álvarez de Toledo./Foto: Lances de Futuro
Morante de la Puebla./Foto: Lances de Futuro

Perimetrada la plaza de toros, el Día de la Hispanidad traía consigo mascarillas, termómetros y, en definitiva, muchas medidas de seguridad por salud pública y -dicho sea de paso- para evitar que nadie diga que los toros son foco de contagio, como tantas otras muestras de la cultura de un pueblo y que, en la era de lo políticamente correcto, molestan.

Pero, en esa era, era el Día de la Hispanidad y qué mejor forma de celebrarlo que con la Fiesta Nacional. Le pese a quien le pese lo sigue siendo y en Córdoba quedó claro con el cartel de ‘no hay billetes desde hace semanas ¿Quieren más? Pues lo hay, puesto que el aficionado parece vuelto a ilusionar con el nuevo empresario que, para abrir boca trajo un mano a mano con Morante de la Puebla y Juan Ortega en el cartel.

En la era de lo políticamente correcto ver a Cayetana Álvarez de Toledo en el tendido de Los Califas gusta y, hasta le gustó a Morante, que tuvo un detalle con la diputada del PP. Como también gusta que suene el himno y que, para el paseillo, sonara Gallito y el rostro de la Macarena se le viniese a más de uno a la mente.

Un torero de otra época

En cuanto al desarrollo del mano a mano, la suerte fue dispar. Con el primero de la tarde, de nombre Seminarista, el de la Puebla dejó detalles de torería añeja. Mientras que con el tercero arrancó una ovación, tras pinchazo y estocada. Fue una faena en el que la derecha y el temple del sevillano comenzaron a mostrar su dimensión. Y esto se notó hasta en el brindis, que fue para Cayetana, que vino desde Barcelona porque en Cataluña no hay toros, como tantas otras cosas que se perdieron en la batalla cultural.

Tras un gran tercio de varas, en el quinto de la tarde Morante detuvo el tiempo y demostró el porqué, por qué es un torero especial. Una faena en el que el temple, la exquisitez y unos naturales majestuosos dibujaron el toreo antiguo, el de siempre. Las manoletinas y el recuerdo a Gallito pusieron el epílogo a una brillante faena que solo truncó el acero. Aun así dio la vuelta al ruedo.

Mal lote

En cuanto a Ortega se refiere, el segundo de la tarde le dejó una ovación tras petición de oreja. Programador tenía una envestida irregular, amenazó con rajarse y aun así le sacó todo lo que tenía. Eso sí, los quites entre Ortega y Morante levantaron al respetable en uno de los momentos de la tarde. El cuarto, el Japonés de Vegahermosa, no dio opciones. Como tampoco las dio el cierraplaza. No tuvo suerte y tampoco sus enemigos acompañaron.

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