La huella cordobesa en el Museo Carmen Thyssen Málaga


La pinacoteca ofrece al visitante varias obras relacionadas con Córdoba, ya sea por la procedencia del autor o por la temática plasmada en el lienzo

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'Monja', de Julio Romero de Torres. /Foto: Museo Carmen Thyssen Málaga
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‘Monja’, de Julio Romero de Torres. /Foto: Museo Carmen Thyssen Málaga

El viejo vínculo existente desde antiguo en las ciudades de Córdoba y Málaga va más allá de la estrecha relación existente entre sus respectivas poblaciones. El malagueño se siente en Córdoba como en casa, y viceversa. Además, en ambas ciudades se pueden encontrar reflejos comunes y el mejor reflejo puede estar en la figura del poeta Pablo García Baena al que tanto cordobeses como malagueños consideran como suyo.

Uno de los grandes referentes culturales actuales de la capital de la Costa del Sol es el Museo Carmen Thyssen Málaga y al cruzar la puerta del Palacio de Villalón se puede encontrar, también, la huella cordobesa. Este recinto, que ofrece al visitante una de las colecciones pictóricas más importantes con obras del principios del siglo XIX a comienzos del siglo XX, no descuida a las provincias vecinas.

La representación cordobesa en el Museo Carmen Thyssen Málaga se podía haber solventado de varias maneras, pero la selección de obras que se exponen al público está al primer nivel, con firmas más que reconocidas, como es el caso de Julio Romero de Torres, Tomás Muñoz Lucena o Manuel Benedito.

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‘La buenaventura’, de Julio Romero de Torres. /Foto: Museo Carmen Thyssen Málaga

Además, las salas de este museo acogieron entre marzo y septiembre de 2013 la exposición ‘Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición’ en donde los fondos propios se enriquecieron considerablemente con obras llegadas no sólo desde Córdoba sino desde otros museos. Aquella muestra fue todo un acontecimiento y uno de los hitos más destacados en la historia de esta pinacoteca.

Romero de Torres en el museo

En las paredes del Museo Carmen Thyssen Málaga hay cuatro obras de Julio Romero de Torres que sintetizan la amplia producción del pintor cordobés. En ‘La buenaventura’ (1920), como en tantas otras de sus obras, compone la escena con dos mujeres, una de las cuales echa las cartas a la otra, mientras plasma un fondo formado por distintos elementos urbanos de Córdoba, como es el caso de la casa de la plaza de la Fuenseca y la del marqués de la Fuensanta del Valle. En el centro, se alza el Cristo de los Faroles, aún sin la reja que lo circunda, que no se colocaría hasta seis años después de pintarse el cuadro. Completa la escena una mujer de rodillas implorando ante un hombre que huye.

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‘Boceto del Poema de Córdoba’, de Julio Romero de Torres. /Foto: Museo Carmen Thyssen Málaga

El ‘Boceto del Poema de Córdoba’ (1913) une a su condición de obra de arte la de documento que nos ofrece cuál era la intención primera de Romero de Torres cuando decidió pintar el políptico que se puede contemplar en su museo de la plaza del Potro. 

A primera vista se identifican en los siete lienzos las siete figuras de mujer con los siete fondos de la ciudad que recrean las distintas etapas de la ciudad que el pintor homenajeó con esta obra. Puede ser un curioso juego para el visitante cordobés el advertir la diferencias existentes con la obra definitiva.

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‘Feria de Córdoba’, de Julio Romero de Torres. /Foto: Museo Carmen Thyssen Málaga

‘La Feria de Córdoba’ es un cuadro de su primera etapa, fechado entre 1899 y 1900. Plasma una escena costumbrista de baile en el interior de la caseta del Círculo de la Amistad, aunque hay quien interpreta que es en el kiosco que se construyó al lado para las actuaciones de la banda municipal. 

Fruto de la amistad entre Romero de Torres y el escritor Cristóbal de Castro es el cuadro ‘Monja’ (1911) que le regaló por su boda. No es la primera vez que el pintor llevó una monja a sus lienzos, ya que es un motivo recurrente en su producción. Curiosamente, todas las monjas que pintó llevan el hábito franciscano.

Otro pintor cordobés representado en el Museo Carmen Thyssen Málaga es Tomás Muñoz Lucena, quien con ‘Pastora de pavos’ (1900) plasma una escena campestre, en el que una joven sentada sobre una piedra guarda un grupo de gallinas y de pavos.

Por último, hay otro cuadro con huella cordobesa, aunque en este caso no se debe a la procedencia del autor, sino al tema pintado. Manuel Benedito nació en Valencia, pero en 1913 pintó ‘El chico de la gallina’. La historia de este lienzo está estrechamente vinculada a la afición del autor por las monterías, lo que le trajo en ese año a la finca Navaloscorchos, en Hornachuelos, propiedad de su amigo Luis Gómez de la Lama. 

En Navaloscorchos pintó su famoso ‘Vuelta de la montería’ y también retrató al hijo de ‘el Apreciao’, el montero mayor. En el lienzo aparece con blusa blanca, sombrero, y una gallina en sus manos que es la que da nombre al cuadro.

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