Delegación de Cultura: vuelta a empezar


El relevo en la gerencia del IMAE es otro cambio más que sumar a los que se han producido en la Delegación de Cultura en el último año

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José María Bellido y Marián Aguilar. /Foto: LVC

El gobierno municipal no está teniendo suficiente suerte con la Delegación de Cultura. Las dos crisis que ha sufrido en el primer año del presente mandato se han dejado notar en esta concejalía. Primero fue la renuncia, por razones de salud, hace ahora un año, de Juan Miguel Moreno Calderón, y luego, hace un mes, la de Laura Ruiz como delegada de Casco Histórico, cuya onda expansiva ha llegado hasta la Casa de Orive, con un movimiento de fichas en el que Cultura se quita de las manos a las que se entregó hace un año para pasarlas a las de quien también lleva Festejos, o Promoción de Ciudad, que es el nombre cursi que se le puso a esta Delegación en el anterior mandato.

Cultura Blanca Torrent y Juan Miguel Moreno Calderón. Festival piano
Blanca Torrent y Juan Miguel Moreno Calderón. /Foto: JC

De Moreno Calderón a Blanca Torrent y de ésta a Marián Aguilar en sólo 14 meses con dos veranos y una pandemia de por medio. Mucho cambio para una delegación tan sensible como es la de Cultura, que requiere de un trabajo a largo plazo si se quieren lograr ciertos objetivos, de una programación que hay que mimar para cumplir con el deber de atender a los sectores artísticos que necesitan de un primer impulso oficial, y de mantener a la altura que merece un pabellón que proyecta el nombre de la ciudad, porque es indisoluble a él.

Si se quiere, la Delegación de Cultura funciona sola, pero no es el caso. Hay ejemplos no muy lejanos en el tiempo en los que el resultado no ha sido satisfactorio. Quien ocupe el despacho principal de Orive debe conocer al dedillo las dinámicas y los flujos de un mundo muy complejo, más aún que el de la denominada Participación Ciudadana.

El complejo mundo de la cultura

La cultura es un concepto excesivamente amplio bajo cuyo paraguas se ampara tanto el artista consagrado internacionalmente como el que busca un hueco en este universo y aún no ha salido de su cascarón doméstico. Además, este mundo se organiza en grupos, o tribus, por lo que es muy arriesgado ir por libre. El grado de enfrentamiento hace que, por ejemplo, si se organiza un acto con un grupo de poetas habrá otros que automáticamente serán los principales detractores del mismo. Y así con la pintura, la creación audiovisual, lo conceptual o lo figurativo. Nunca se va a lograr que todo el mundo esté contento.

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Marian Aguilar, Martín Cañuelo y Blanca Torrent. /Foto: JC

Estas claves no se aprenden de un día para otro y Moreno Calderón las conocía a la perfección desde antiguo, lo cual es impagable. Blanca Torrent ha puesto buena voluntad por no pisar demasiados callos en este año escaso y Marián Aguilar tiene por delante lo que resta de mandato.

El principal anexo de la Delegación de Cultura es el Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE), que es el organismo encargado de la gestión de los tres teatros de la ciudad. Tres espacios, tres programaciones, tres públicos a los que contentar. El gerente puesto por el alcalde, José María Bellido, al inicio de mandato, Juan Rafael Martínez, ha dejado el cargo ahora, precisamente, para irse como coordinador general de Mayores, donde antes estaba Blanca Córdoba, que ahora pasa al grupo del PP. 

Sale Martínez y entra Juan Carlos Limia, un viejo conocido de la afición. Limia conoce como nadie la sala de máquinas de la cultura cordobesa y su regreso al IMAE, donde ya estuvo entre 2011 y 2015, ofrece la garantía de que no va a partir de cero en un terreno donde conoce las fortalezas y las debilidades de cada uno.

Juan Rafael Martínez, Blanca Torrent y José María Bellido. /Foto: LVC

La gestión de los tres teatros municipales tampoco es fácil. Si se quiere, se puede rellenar la programación con todos los espectáculos que están de gira, pero no es lo más brillante. Eso lo puede hacer un teatro privado y a uno público hay que pedirle algo más. Las producciones propias y la presencia -justa, equilibrada y sin abusos- de los artistas locales son los elementos que elevan el prestigio de un teatro municipal. Esto se puede lograr con una gestión ingeniosa y arriesgada, pero sin el compromiso del respectivo gobierno municipal no se va a ningún sitio.

Ese compromiso político -y económico, claro- de quienes rigen los destinos de la ciudad es la pieza clave en toda gestión cultural. Ya se comprobó durante los meses que duró el sueño de la Capitalidad Cultural o se puede ver en el caso de éxito de Málaga, que no ha surgido de la noche a la mañana, ni mucho menos.

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