El Ayuntamiento cede un ‘Romero de Torres’ al Thyssen para una muestra sobre Balenciaga


Flor de Santidad, de Romero de Torres. Thyssen
Flor de Santidad, de Romero de Torres. /Foto: LVC

La Junta de Gobierno aprobó en su sesión de ayer ceder el cuadro ‘Flor de Santidad’ de Julio Romero de Torres para que se exhiba del 18 de junio al 22 de septiembre en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, con motivo de la exposición titulada ‘Balenciaga y la pintura española’.

Flor de Santidad, de Romero de Torres. thyssen
Flor de Santidad, de Romero de Torres. /Foto: LVC

En esta obra de 1910, de ambiente místico, que toma su nombre de una novela de Valle-Inclán, aparece la joven cordobesa Socorro Miranda, vestida de traje negro y mantilla, iluminada por las notas blancas de puños y cuellos de encaje blanco, representando el amor místico. Sus manos, para las que tomó como modelo las de sus esposa Francisca Pellicer, sostiene un misal.
La joven está situada junto al dintel de una puerta abierta a una imaginaria plaza, donde se mezclan diversos edificios de Córdoba. En el centro un triunfo de San Rafael circulando por los faroles de la cordobesa plaza de Capuchinos. Al fondo la casa del marqués de la Fuensanta del Valle, y parte de la fuente de la Fuenseca. A lo lejos, la Ribera y el atardecer en los Visos.

La exposición ‘Balenciaga y la pintura española’, comisariada por Eloy Martínez de la Pera, contará con una cuidada selección de cuadros procedentes de colecciones privadas y museos de ámbito nacional, como el Museo del Prado o el Museo de Bellas Artes de Bilbao, y con un conjunto de valiosas piezas de indumentaria procedentes de las siguientes instituciones: Museo Balenciaga de Guetaria, Museo del Traje de Madrid y Museu del Disseny de Barcelona, así como de colecciones particulares nacionales e internacionales, muchas de ellas nunca antes expuestas. 

Como se explica en la web del Museo Thyssen-Bornemisza, las referencias al arte y la cultura española estuvieron siempre muy presentes en el trabajo de Balenciaga. Las líneas simples y minimalistas de los hábitos religiosos o el volumen arquitectónico de estos tejidos son una constante en muchas de sus piezas. El aire de la bata de cola de una bailadora flamenca que se deja ver en los volantes de algunos vestidos, los brillos del traje de luces de un torero trasladado con maestría al paillette bordado de una chaqueta bolero, o la estética de la indumentaria en la corte de los Austrias reflejada en las negras telas aterciopeladas adornadas con azabache de sus creaciones, son solo algunos ejemplos. Balenciaga revisaba continuamente la historia del arte y, con una fuerte personalidad y estilo propio, mantuvo esas influencias hasta en su periodo más vanguardista, recuperando hechuras históricas y reinterpretándolas de manera muy moderna.

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