Morante abre la puerta de Los Califas


El público presente en el Coso de los Califas, siempre a favor de obra, compensa a los toreros en algunos casos generosamente

Plaza de Toros de Los Califas. Media entrada.

Toros de Juan Pedro Domecq, correctamente presentados, gordos y descastados.

Finito de Córdoba: Estocada (oreja). Estocada trasera y tendida (oreja).

Morante de la Puebla: Cuatro pinchazos y estocada casi entera desprendida (pitos). Estocada de efecto fulminante (dos orejas).

Roca Rey: Estocada muy desprendida (oreja). Estocada (oreja).

Morante resultó triunfador de una corrida donde se cortaron orejas de muy diferente peso en donde el público, siempre a favor de obra, compensó a los toreros en algunos casos generosamente. Finito de Córdoba, por su parte, alcanzó cotas de elevada composición, recordando el torero de hace décadas.

Vuelta al ruedo de Finito tras cortar una oreja.
Vuelta al ruedo de Finito tras cortar una oreja. /Foto: @Fitauromaquia

Así las cosas, por el primero de Finito nadie daba un duro, sólo el matador. Se fue a los medios y allí apareció el Finito de otra época. Estética superior. Consiguió dar la vuelta a una situación por la que pocos apostaban  viendo la gordura del toro y el poco recorrido que desde el principio tenía. Finito porfió con él en dos series por la derecha enormes y otras dos más por la izquierda de tono alto, al más puro estilo finitista.

Finito saludó desconfiado a su segundo, un toro sin fuerza y con escasa acometividad. A la muleta del matador llegó con muy pocas garantías de triunfo. El propio Finito tardó mucho en hacerse con él, citando fuera de cacho y cambiando constantemente de terrenos. Sin embargo, situado ya en los medios, consiguió enjaretarle cuatro series templadas y rematadas extraordinariamente. A pesar de caer mal la espada el público, siempre a favor, le concedió un trofeo.

El primero de Morante salió con muchos pies, metiendo la cabeza bien al capote del matador. Ni en el caballo ni en banderillas hizo el más mínimo ademán de llevar malas intenciones. Llegó a la muleta con todas las garantías, sin embargo, cuando Morante le presentó la franela parecía ser otro animal. Sin embestida, Morante se desinhibió de la manera más vergonzosa. Las protestas arreciaron ante la actitud pasiva del torero.

Morante destapó el tarro de las esencias en su segundo. Cadencia y temple en cinco series de muletazos, mejores los de la zurda que los de la diestra, precedieron a una estocada de efecto fulminante. Morante se sintió torero sin llegar a alcanzar los límites de hace unos años en Los Califas.

Roca Rey saluda al público con la oreja concedida.
Roca Rey saluda al público con la oreja concedida. /Foto: @Fitauromaquia

Andrés Roca Rey estuvo realmente valiente con su primero. Vimos la única vara, realmente picotazo, con un cierto aire. Con la muleta realizó una labor de calidad mientras el toro duró. A partir de ese momento tiró de valentía y del arrimón consiguiendo entusiasmar al respetable. Por desgracia la espada cayó realmente baja y a sus manos llegó una oreja que no debería haber cobrado.

La lidia del último de la tarde fue un auténtico herradero. El despropósito culminó en el último tercio, donde el animal llegó con las fuerzas mermadas producto del sinfín de muletazos que le habían propinado por todo el albero. Roca Rey porfió al principio pero, viendo las escasas posibilidades de que cerraba encierro, optó por el arrimón. El público le premió, excesivamente, su disponibilidad concediéndole una oreja tras una estocada muy defectuosa.

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