Ponce y Ginés Marín salvan la tarde


Plaza de Toros de Los Califas. Media entrada.

Toros de Daniel Ruiz, bien presentados aunque blandos y sosos.

Enrique Ponce: Pinchazo y estocada (silencio). Pinchazo y estocada (oreja).

Julián López ‘El Juli’: Dos pinchazos y estocada (ovación). Pinchazo hondo y descabello (saludos).

Ginés Marín: Estocada (oreja). Estocada (ovación).

El primero de los festejos mayores pudo saldarse con un número de trofeos más amplio de no ser por el fallo a espadas de El Juli y Ponce. No es que la corrida fuese extraordinariamente buena, de hecho mantuvo un tono bastante neutro, pero sí hubo algún destello de esperanza y toreo de calidad.

Así las cosas, el primero de Enrique Ponce no se sostenía en pie, por lo que el valenciano optó por abreviar. A su segundo le recetó una faena al más puro estilo poncista, pulcra y suave, pero sin obligar a su enemigo. Por otra parte, tampoco podía entrar en más conflicto dadas sus escasísimas fuerzas. Fin de fiesta citando genuflexo por la espalda de cobranza fácil.

Julián López
Julián López ‘El Juli’. / @FITauromaquia

El primero de El Juli se lesionó en el saludo de capote y fue sustituido. A este primer sobrero lo sacó el torero a los medios recetándole dos series por naturales sin más prolegómenos. En la segunda tanda ya sonaba la música. Con la derecha hilvanó otras dos series de mano muy baja y empaque muy aplaudidas por el público. Pero el pitón era el izquierdo y Julián así lo entendió. Por allí brotaron, de nuevo, los mejores muletazos. De no fallar con el acero hubiese obtenido algún trofeo.

El Juli tampoco quiso dejar pasar la oportunidad de brindar uno de sus toros al respetable, cosa que hizo con su segundo. Pero, lamentablemente, el animal no tenía fuerza y todo se quedó en un intento infructuoso y breve.

Ginés Marín
Ginés Marín. / Foto: @FITauromaquia

Ginés Marín saludó muy voluntarioso a su primero, alternando verónicas con chicuelinas. La faena de muleta, que brindó al público, tuvo un inicio muy torero. Ya en los medios, y con la muleta en la diestra, el trasteo continuó con suavidad y buen son. Con la izquierda no bajó el tono. Dos series largas y templadas muy bien rematadas con pases de pecho. Un final valentón, por bernardinas, precedió a una buena estocada que le valió una merecida oreja.

Al último de la tarde lo saludó su matador con verónicas a pies juntos muy compuestas. La suerte de varas se simuló, como toda la corrida. Llegó a la muleta con buen son y Marín lo aprovechó para componer una faena de buen corte basada, sobre todo en la mano izquierda. Con la diestra, el nivel bajó sensiblemente aunque sin desentonar la composición.

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