Dos siglos de tradición flamenca


El apellido Muñoz, a secas, es una garantía de calidad en el flamenco para muchas generaciones de aficionados; si, además, le añadimos el apodo de Tomate, resulta que surge una de las dinastías más auténticas de este arte en Córdoba. Uno de los últimos brotes de este frondoso árbol responde al nombre de Javier Muñoz, quien también usa el distintivo de Tomate, y que a la sombra del mismo está acumulando méritos para honrar a su dinastía.

Dos siglos de tradición flamenca. guitarra guitarrista
Dos siglos de tradición flamenca. /Foto: JC

Pero el apellidarse Muñoz y llevar el apodo de Tomate no es garantía de nada. Puede suponer una predisposición hacia el arte o la posibilidad de aprenderlo desde la más tierna infancia. Luego, si uno decide triunfar debe formarse y esforzarse por alcanzar la máxima calidad. Y esto es lo que hace, día a día, Javier Muñoz Tomate.
Con orgullo señala que pertenece a la sexta generación de los Tomate, que son más de 200 años en torno al flamenco y que su abuelo, Rafael Muñoz Tomate, fue profesional puro como guitarrista, aunque no llegó a conocerlo en activo. Juan Muñoz Tomate, primo de su padre, es el padre de Las Ketchup y así se podría seguir multiplicando miembro a miembro una extensa familia que vive el flamenco de las más diversas maneras.
“Probé la guitarra con diez años y desde primera hora tuve claro que quería eso”, señala Javier. A partir de ahí dio sus primeros pasos en el colegio, luego en el Conservatorio con Carlos Pacheco, de ahí a la academia de Merengue de Córdoba y posteriormente con su tío Juan Muñoz Tomate, con su primo Juanma, con El Curri y después dio el salto a Madrid. Allí pasó a ser alumno de José Jiménez El Viejín, quien tomó este apodo porque de niño parecía que tenía acumulada la experiencia de una persona mayor a la hora de tocar la guitarra y que ahora no da clases a todo el mundo, sino al que ve con facultades.
En pleno proceso formativo es cuando Javier Muñoz ve claro su futuro. “Decido dedicarme en serio a la guitarra dos meses antes de cumplir 16 años y pasé de tocar dos horas al día a hacerlo diez”, y cuando con 20 años termina sus enseñanzas con El Viejín comienza a caminar por su cuenta. Javier Muñoz considera que su sitio en el escenario está tanto como guitarrista de concierto como de acompañamiento, algo que actualmente le proporciona más actividad. “Los mismos cantaores me llaman y al verme unos y otros no me ha hecho falta ir de puerta en puerta”, apostilla, aunque “desde primera hora quería ser guitarrista de concierto, pero es muy difícil, porque de esto sólo viven dos o tres”.
Dos siglos de tradición flamenca. guitarra guitarrista
Dos siglos de tradición flamenca. /Foto: JC

Esta circunstancia no le desanima y emprende el camino de presentarse a los concursos, de los que ha sido finalista hasta en 20 ocasiones. Así, ha participado en el Concurso Nacional de Guitarra Flamenca de Jerez de la Frontera, en el Concurso Internacional de Cante de las Minas de La Unión, tiene el premio Vicente Amigo en el Concurso de Jóvenes Flamencos de Córdoba y este verano obtuvo el primer premio en el Concurso de Guitarra Flamenca Niño Miguel en Huelva, uno de los más importantes, sin descartar su paso como finalista en el Concurso de Jóvenes Flamencos de Andalucía y en el Concurso Internacional de Guitarra Flamenca de Hospitalet del Llobregat.
Su mayor dedicación en la actualidad es acompañar a Antonio de Pozoblanco o participar en espectáculos flamencos organizados por el Ayuntamiento de Córdoba. En verano participa en festivales y en invierno se dedica a otras actividades, sin olvidar las clases particulares . ¿Para cuándo su participación en el Concurso Nacional de Arte Flamenco? “Estoy esperando el momento en que sea positivo para mí”, afirma con rotundidad.

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