Fernando Aguayo: Arte que se puede tocar

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El Colegio de Abogados acoge una exposición muy especial, en la que pueden encontrarse desde retratos a paisajes urbanos

Fernando
Exposición de Fernando Aguayo./Foto: LVC

Los sótanos, al menos en Córdoba, siempre guardan secretos. Restos arqueológicos que, más allá de la frialdad de la piedra, escriben los renglones de la crónica de una ciudad eterna. Y, si en uno de ellos, el vestigio del Arte pasado se funde con el presente, el espectador puede pasar horas dedicado al mero placer de contemplar. Una sensación así lleva produciéndose durante las últimas semanas en el Colegio de Abogados. Allí, puede disfrutarse del perfil artístico del economista, Fernando Aguayo.
Nada más bajar las escaleras y llegar al entresuelo, una vista de Oporto sorprende al visitante. Su perfil, de un azul potente, deja ver el impresionismo acrílico, que se funde con la rugosidad del mar en calma que muestra el lienzo. Y así, mientras en la calle el frío cala los huesos, la mente templa el ánimo de un verano perdido, propio de cualquier novela de la Generación Perdida.

Fernando recibe al espectador con una mezcla de satisfacción y la timidez propia de cualquier artista, que prefiere hablar a través de su trabajo. Nada más girar, los retratos de varios niños llaman la atención. “Muestran mi evolución. Están realizados en acuarela y las obras que siguen ya son óleos, en los que trabajo también con acrílicos y tinta china”. Pero hay más. Una vista del Puente Romano -con los Sotos de la Albolafia como protagonistas- desvela la constante de esta muestra. De cerca, se adivina la representación; de lejos, los detalles afloran con la sorpresa de quien parece contemplar otra creación.

Telas y arena sirven para dar relieve a los trazos gruesos, duros, que dotan de movimiento a cada obra, como las estampas ecuestres que son la predilección del artista. “Me gusta tocarlos”, confiesa mientras acaricia otra de sus creaciones. Y, en mitad de la sala, ante el cuadro que representa la figura de un conocido mediador cordobés, a cada ángulo, los óleos se llenan de matices y regalan el abrazo cálido de un Arte que, casi, se puede tocar.

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