Maestro de maestros: El vídeo con la salida a hombros de Enrique Ponce


El maestro de Chiva se ganó abrir la puerta grande del coso de Los Califas, en el año en que se celebra el centenario del nacimiento de "Manolete"

maestro
Enrique Ponce. /Foto: Jesús Caparrós

Saludó con Ponce, al cuarto de la tarde por verónicas y ya se intuía entre el respetable que podía pasar algo. Y es que en el tercio de varas, tras un puyazo con mucho celo por parte del toro, el maestro de Chiva lo llevó por chicuelinas al segundo golpe de garrocha, que tan solo marcó al animal. A partir de ese momento, la faena iba a entrar en su fase decisiva y, como preámbulo, uno de los momentos más emotivos de lo que va de Feria, el brindis al compañero, a Finito de Córdoba.

El aire molestaba, pero el segundo muletazo de la tanda se eterniza en la pericia del diestro valenciano. El público ya se había entregado. La muleta del maestro liga en circular, con un temple del que él solo conoce el secreto, para terminar con un molinete y pase de pecho de los de continuará… Los naturales -los que justifican el sueldo de cualquier torero- levantaron a la plaza de sus asientos. Una delicatessen, poncinas que enamoran, de la voz del torero salió un “mira qué bonito”, mientras aguantaba la cara con los pitones en la barriga.

El maestro, con 27 años de alternativa, estaba con la ambición y entrega de un novillero, motivado quizá por la negativa del presidente a la oreja en su primero. Si bien, la madurez y la técnica las tiene en propiedad y demuestran lo que para uno de los aficionados que se hallaban en Los Califas, Rafael Carmona, es: “un maestro de maestros”. Estocada con defecto y el toro muerto, recordando tal vez grandes faenas con la espada certera más que en las agujas. La plaza se rindió, ondeando pañuelos al grito de “torero, torero”. Ponce se vacía y entrega; enamora y cautiva.

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