Los toros de Zalduendo dan al traste con la corrida estrella de la Feria


Morante decepciona a Córdoba con su incomprensible actitud y una oreja para Roca Rey por su predisposición durante toda la tarde

Plaza de Toros de Córdoba, Coso de Los Califas. Tres cuartos de entrada con tarde ventosa pero de agradable temperatura.
Toros de Zalduendo, justamente presentados, de comportamiento noble aunque muy flojos. Pitados en el arrastre 1, 2 y 5.
Morante de la Puebla (De coral y oro): Pinchazo y estocada fulminante (saludos desde el tercio). Tres pinchazos, estocada caída y dos descabellos. Un aviso (bronca).
José María Manzanares (De corinto y oro): Estocada (saludos desde el tercio). Estocada y dos descabellos (saludos desde el tercio).
Roca Rey (De nazareno y oro): Dos pinchazos y estocada caída (ovación). Estocada y dos descabellos. Aviso (oreja).
Se dice que en Córdoba no hay afición a los toros, que la Feria no resiste más de dos espectáculos mayores, que no hay nada fuera de mayo… Sin embargo, cuando sobre el papel el festejo está bien rematado, el público acude a Los Califas con generosidad. Tres cuartos de aforo, que vendrán a ser unas 10.000 personas, que pocos espectáculos pueden permitirse el lujo congregar.

Morante de la Puebla. toros corrida
Morante de la Puebla. /Foto: Jesús Caparrós

En lo puramente taurino, Morante no pudo ni saludar a su primero, aquejado de una alarmante falta de fuerza desde que saltó al albero. Así las cosas, y finiquitado el trámite de los picadores y las banderillas, el de la Puebla del Río realizó una faena de enfermero a media altura, basada sobre el pitón izquierdo en los que, eso sí, hubo muletazos de una gran prestancia. En cualquier caso la composición careció, debido a dicha falta de acometividad del toro, de mayor compromiso y emoción.
En su segundo, Morante estuvo extrañamente desconfiado con el capote. Ni siquiera llevó al toro al caballo en la primera entrada. Todas las intenciones se desvelaron cuando tomó la muleta. No quería torear. No tenía ganas. Todo fue una pura probatura, un pasar al toro por alto y un infame macheteo. Ante las protestas del público, tomó la espada de acero y recetó un sainete de sartenazos de época.
José María Manzanares. corrida toros
José María Manzanares. /Foto: Jesús Caparrós

Saludó con gracia Manzanares al primero de su lote, que también dobló las manos al salir tanto de la primera como de la segunda vara. Banderilleó enorme Rafael Rosa, sobre todo el segundo, de poder a poder. A la muleta llegó este primero de Manzanares con poquísima fuerza, por lo que calamocheaba con frecuencia para defenderse. La muleta del alicantino no consiguió corregir del todo el defecto, pero al menos lo disimuló. Tandas por derecha e izquierda con pulcritud para dibujar una faena sin más emoción rematada por una estocada perfecta en su ejecución.
Con la misma fuerza de toda la corrida salió el segundo de Manzanares. Con este material poco se puede hacer. Porfía muletera sin más profundidad ni sentido. Estocada para el recuerdo, eso sí.
Roca Rey. corrida toros
Roca Rey. /Foto: Jesús Caparrós

Desde que se abrió de capote se pudo comprobar la predisposición con la que venía el peruano Roca Rey. Saludo variado en el que mezcló verónicas, delantales y chicuelinas que festejó el público. Tras la simulación de la suerte de picar, nuevo quite de frente por detrás que ratificó su interés por conquistar la plaza. Inició su faena de forma espectacular con pases cambiados por la espalda. En cuanto al toreo fundamental, Roca Rey pasó con la derecha a este primer toro con suavidad y mano baja, a pesar de las protestas motivadas por la falta de fuerza. Con la izquierda intentó repetir el sistema, pero la composición bajó de tono, terminando el toro rajado en tablas. La espada le impidió cortar algún apéndice.
¿Y qué contar del último? Pues más de lo mismo. Puro trámite hasta llegar a la muleta. Con ella Roca Rey inició su labor por estatuarios, continuando con dos series de derechazos de mano muy baja aunque con algún enganchón y remate hacia fuera. Con la izquierda el toro se abría al terminar las suertes por lo que no hubo mayor emoción. Pero como la plaza estaba a su favor por la predisposición mostrada durante toda la tarde, tras una estocada le fue concedida una oreja de un peso muy relativo.

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