García Baena desnuda a Antonio del Castillo


La Consejería de Cultura ha querido, como ha señalado su titular, Rosa Aguilar, “poner el broche de oro, como el maestro y la ciudad merecen”, al cuarto centenario del nacimiento del pintor Antonio del Castillo con un diálogo ante una de sus obras en el Museo de Bellas Artes protagonizado por el poeta Pablo García Baena y el profesor Antonio Garrido Moraga.

Homenaje a Antonio del Castillo.
Homenaje a Antonio del Castillo. /Foto: LVC

El cuadro escogido ha sido el Bautismo de San Francisco de Asis, pintado por Del Castillo en 1666 para decorar el claustro del desaparecido convento cordobés de San Pedro el Real. El motivo de la elección de este lienzo para diseccionarlo desde la óptica de un poeta está en que García Baena le dedicó el poema Un cuadro de Antonio del Castillo que escribió para ilustrar su intervención en La Pieza del Mes del Museo de Bellas Artes.
Sentados bajo el Bautismo de San Francisco de Asis Garrido Moragas fue muy directo en su primera pregunta -“¿Por qué este cuadro y no otro?”- a lo que García Baena respondió que porque “es un cuadro muy especial” y “más que en Asis piensas en la Córdoba en que vivía Antonio del Castillo y ves la alegría de esos niños vestidos de azul”.
Esos niños vestidos de azul, que son los protagonistas del poema, pasaron a partir de ese momento a protagonizar buena parte del diálogo porque “lo más importante de ese cuadro son esos dos niños”, según el poeta. De ellos dijo que frente a lo sombrío, casi inquisitorial, del fondo del cuadro “la alegría de los niños impregna toda la pintura”.
García Baena se remontó a su infancia para recuperar la figura del niño como protagonista de acontecimientos, que vivía intensamente y lo interpretaba a su manera. Así, hablaron de la percepción que tenían los pequeños de las láminas y cromos que antiguamente adornaban las casas y que, con el paso del tiempo, descubren que “ese paraíso de los cromos no existe y la vida tiene cosas más bellas y también más duras”, a lo que Garrido Moraga añadió que “en esos dos niños podemos estar todos y luego vendrá el cáliz amargo de la pasión”.
El final del diálogo se centró en la figura del pintor. Antonio Garrido afirmó que “el problema de Antonio del Castillo es que no ocupa el lugar que le corresponde en la pintura de su tiempo” y García Baena añadió que “siempre se ha dicho que hay que reivindicar a Antonio del Castillo, pero Córdoba es una ciudad aletargada y no le preocupa”. Pese a esto, el poeta añadió que desde niño oía hablar de él y que se lo imaginaba con capa y sombrero, igual que veía bajar a Julio Romero de Torres por la calle Juan Rufo, donde vivía.

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