Antonio del Castillo, también poeta


El profesor de Literatura Española en la Universidad de Córdoba Joaquín Roses explica el perfil poético del famoso pintor cordobés Antonio del Castillo

Joaquín Roses, profesor de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Córdoba ha protagonizado una interesante ponencia en la que ha mostrado este perfil poético y desconocido el famoso pintor del Barroco cordobés, Antonio del Castillo. En la charla titulada La poesía de Antonio del Castillo en el marco de la poesía cordobesa del siglo XVII, en el ciclo Todo sobre Castillo, fue diseccionando esta perfil poético del pintor. Por supuesto, la pintura fue su excelencia y escaparate; es más, el propio Roses, antes de comenzar explicaba que el título de la ponencia “se podría clasificar como pretencioso, ya que Antonio del Castillo sólo tiene un poema y un texto manuscrito que no llega a poema definitivo.

Dibujo de San Rafael de Antonio del Castillo. /Foto: LVC
Dibujo de San Rafael de Antonio del Castillo. /Foto: LVC

Para situarlo en el contexto, el profesor de Literatura comparó la figura del pintor cordobés con la del escritor Luis de Góngora, e intentó buscar algunas coincidencias entre ambas personalidades, a pesar de que en Córdoba sólo pudieron coincidir el primer año de vida de Del Castillo y el último año de la vida de Góngora. Según Roses, una posible coincidencia es “la agudeza de ambos, atributo de muchos cordobeses, según la opinión de artística de la época”. Sin embargo, “donde de verdad se unen es en la predilección por reflejar en sus obras su percepción sensorial de la naturaleza, de lo cual es indicio gran parte de la poesía descriptiva de Luis de Góngora y muchos de los dibujos de Antonio del Castillo”.
Guardando las distancias con Góngora, el inicio poético de Del Castillo se sitúa en el año 1651. En esta fecha se celebró en la que hoy es basílica de San Pedro la entrega de premios de un certamen poético. La ocasión del mismo fue la concesión por parte del Sumo pontífice al Obispado de Córdoba del rezo especial y misa propia al arcángel San Rafael. En este concurso es en el que participó el pintor cordobés con el poema Arcángel San Rafael, que comienza con el verso “Del llanto de sus hijos mal enjuta”, y en el consiguió el segundo premio. En la obra, Relación de las fiestas eclesiásticas (Córdoba, 1953) de Rafael Ramírez de Arellano, éste afirma que Del Castillo “era bastante mejor pintor que poeta, por más que bajo este concepto no fuera del todo malo. Nosotros omitimos todo juicio, dejando al lector que lo haga como mejor le agrade”.
‘La poesía de Antonio del Castillo en el marco de la poesía cordobesa del siglo XVII’. /Foto: LVC

El poema en sí, según explica Roses, “es una canción que narra cómo San Rafael salvó a Córdoba de la peste y está compuesta por seis estancias de 14 versos y, al final, los últimos seis son un añadido. Predominan los endecasílabos, al ser un asunto heroico. El profesor considera que Del Castillo “tenía poca pericia versificafónica”. Precisamente, en este poema, también, se nota la influencia de Góngora con el uso del hipérbaton; al igual que las expresiones iniciadas con partículas negativas; o el verbo ser con el sentido del ‘servir de’;  y, en el nivel léxico, con la utilización de palabras como enjuta, argenta, concepta, ministra, embiste, golfo, ingenio, instrumento, y otras muchas. Otro de los aspectos a destacar en su poema “es el empleo de la hipérbole y la construcción metafórica”.
Manuscrito de Antonio Del Castillo. /Foto: LVC
Manuscrito de Antonio Del Castillo. /Foto: LVC

Ya, en el siglo XXI, continúa Roses, es cuando aparece otro poema a partir de la obra Paisaje en Sepia, en la que figura en el reverso con unos comentarios breves. El historiador del arte Benito Navarrete define este texto como “esbozo o intento de acróstico” y llega a la conclusión de que estamos ante el esbozo de dos poemas. El titulo de que Del Castillo da a estos esbozos es Quejarse de un prado porque el enero lo había agotado, paisaje con árboles y maleza. También, se barajó la posibilidad de que no fuese Del Castillo el que escribiese estos versos, sin embargo el propio Navarrete consigue demostrarlo porque coteja la letra con otra obra, además también fecha este escrito, situándolo en 1655.
Sea como fuese, el perfil artístico de Antonio Del Castillo es indiscutible. Prueba de esto es su obra pictórica que lo ha situado como uno de los máximos exponentes de la pintura del Barroco, desgraciadamente ensombrecida por sus coetáneos Diego Velázquez y Francisco de Zurbarán. Aún así, ahora, en el 400 aniversario del nacimiento de Antonio del Castillo, Córdoba hace honor a una de sus máximos artistas y un exponente digno de esta labor ha sido, precisamente, Joaquín Roses que ha conseguido ensalzar, aún más si cabe, la figura del pintor cordobés.

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