La voz de los poemas reúne a los mejores exponentes del panorama literario cordobés


El recital, presentado por Pablo García Casado, ha llenado de público la Sala Orive para escuchar a José Luis Rey y Joaquín Pérez Azaústre

La voz de los poemas, uno de los puntos más interesantes de la presente edición de Cosmopoética, ha reunido  a tres de los mejores exponentes del panorama poético cordobés contemporáneo. Desde el presentador del acto, Pablo García Casado, hasta José Luis Rey y Joaquín Pérez Azaústre, la Sala Orive ha lucido un ambiente de gala para escuchar dos de los poetas más reconocidos, a nivel nacional.

De izquierda a derecha, José L. Rey, Joaquín Pérez Azaústre y Pablo García Casado./Foto: LVC (voz)
De izquierda a derecha, José L. Rey, Joaquín Pérez Azaústre y Pablo García Casado./Foto: LVC

Explicaba Scott Fitzgerald que los guionistas de Hollywood no estaban preparados, o tal vez no era el gusto de la época, para los finales “agridulces” que proponían sus relatos, de la edad del jazz, o sus novelas, que ofrecían el claroscuro de los felices años 20. De hecho, el final de la lectura de la novela de Pérez Azaústre, El gran Felton, en el que el autor de la generación perdida es pieza esencial de la trama, bien puede recordar a ese matiz que proponía el narrador norteamericano. Sin embargo, el público concitado en Orive para escuchar a los dos poetas ha puesto de manifiesto que la poesía cordobesa actual vive un momento feliz, a través de una generación de autores que goza de un fulgor eléctrico.
Los poemas, recopilados en la antología de Ella estaba detrás del laberinto, de Pérez Azaústre; así como los extraídos de La fruta de los mudos, de José Luis Rey, con piezas como La infancia de Jesús o La Hansa, donde el poeta de Puente Genil traza un sistema de la realidad del que muestra una distancia perseguida, que le permite abordar la espontaneidad, la naturalidad de lo cotidiano y, todo ello, unido a un sistema de valores que aborda lo trascendente, desde la hondura metafísica.
El final de esta trama no se antoja agridulce. Más allá de los premios que, entre el presentador y los intérpretes, suman un considerable número de galardones de incuestionable prestigio, la tarde del otoño cordobés se ha detenido en Orive para mirarse a sí misma, en su historia y su porvenir, en el recuerdo de Eduardo García y en la constatación de una generación presente que ha tomado la luz y la palabra.