Un paseo por la Córdoba de Antonio del Castillo


Con motivo de la celebración del 400 aniversario del nacimiento del pintor barroco cordobés, Antonio del Castillo, Córdoba se ha convertido en un escenario de sus exposiciones

Como punto inicial de este recorrido el Templo Mayor abre sus puertas y se convierte en una máquina del tiempo que transporta al visitante a otro siglo. Concretamente hablamos del siglo XVII, una época en la que los rescoldos de la peste, unido al incremento de los precios en los productos básicos tras las malas cosechas no situaban a Córdoba en el mejor momento de su historia. Quizás, precisamente, esta situación se convirtiese en el marco perfecto para el trabajo de aquel artista, Antonio del Castillo, nacido en el año 1616 en una casa en la que la pintura siempre había estado presente. De hecho, su padre, Agustín del Castillo, ya era un importante pintor de la época. Un hijo que bebe de la fuente del arte de su padre y que hace suyos los pinceles para dejar un legado barroco que hoy Córdoba recuerda. Pues bien, las puertas de la Catedral se abren y allí están, cuatro obras artísticas del nivel de un Velázquez o el propio Murillo. Pinturas que traen aires de campanas y viejas parroquias moradas de patronas de la ciudad. Todos procedentes del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta.

Martirio de San Eulogio. Castillo
Martirio de San Eulogio. /Foto: LVC

Martirio de San Eulogio. Se trata de una obra de temática religiosa de carácter narrativo. Forma parte del legado Valderrama, junto con una serie de pinturas sin ninguna conexión temática entre ellas. San Elogio fue un sacerdote cristiano hecho prisionero en Córdoba durante las persecuciones del siglo IX. El artista representa en este lienzo el martirio de la decapitación del santo que aparece de rodillas con los brazos abiertos y mirando al cielo encomendándose a Dios.
Inmaculada niña.
Inmaculada niña. /Foto: LVC

Inmaculada Niña. Es un lienzo de formato horizontal y está articulado por la imagen de la Virgen en el centro de la composición. Aparece representada a una edad temprana, vistiendo una túnica rosada y envuelta por un agitado manto azul oscuro. Está descalza sobre una media luna y sostenida por tres ángeles que emergen de una masa nubosa. Está rodeada, también, por más querubines que custodian a la imagen principal.
Adoración de los Magos.
Adoración de los Magos. /Foto: LVC

Adoración de los Magos. La Virgen María y San José presentan al niño a los tres Reyes Magos en disposición de adoración. El más cercano es el Rey Melchor, seguido de Gaspar y Baltasar. El primero está acompañado por su vasallo que le recoge la capa y se sorprende al ver la imagen del niño. También es curiosa la presencia de un soldado que, al parecer, custodia a los magos y tras éste el cortejo de fondo.
Osio defendiendo a los cristianos. Castillo
Osio defendiendo a los cristianos. /Foto: LVC

Osio defendiendo a los cristianos. No hay ningún precedente iconográfico de esta pintura en todo el arte español, siendo una temática inédita hasta el momento. El obispo Osio se presenta en el centro de la composición como valedor de dos esclavos cristianos maniatados y custodiados por dos soldados romanos. El prelado aparece retratado con su mitra, báculo y capa pluvial. En la acción el obispo justifica a los presos frente al cónsul Daciano, quien sentado en su trono es escoltado por otro soldado.
Habrá que abandonar la Santa Iglesia Catedral y emprender el camino por la calle Cardenal González para llegar la calle San Francisco. Allí, en las puertas de la Córdoba Judía se abre un compás que presenta una majestuosa iglesia, San Francisco. Antonio del Castillo trabajó para los franciscanos para los que realizó pinturas destinadas a su nuevo claustro, así como otras dependencias de los frailes.
San Francisco ante el Papa Honorio III. El lienzo está dividido en dos partes, una parte reservada para los principales de la iglesia y otra para el pueblo llano. Honorio III desde su trono escucha las palabras de San Francisco, mientras que los cardenales y obispos que lo acompañan muestran su indiferencia. En contraposición, en la parte inferior del cuadro, la gente del pueblo escuchan con fervor el mensaje del santo que se dirige hacia ellos mostrando sus llagas y señalando al cielo.
Visión de San Francisco ante la Porciúncula.
Visión de San Francisco ante la Porciúncula. /Foto: LVC

Visión de San Francisco de la Porciúncula. Castillo utiliza la singular veracidad del lienzo par acentuar simbólicamente la distancia entre el ámbito terrenal y el celestial. En la zona inferior se encuentra San Francisco arrodillado ante las gradas de un altar y con los brazos extendidos elevando la mirada hacia el rompimiento de gloria que presenta la escena superior. Justo arriba parecen Jesús y María acompañados por un grupo de ángeles y querubines que cierran la escena por la izquierda.
Prensa Mística.
Prensa Mística. /Foto: LVC

Prensa Mística. A pesar de no pertenecer al propio pintor es de relevancia incluirlo dentro de este recorrido por la magnificencia de la obra. Venía siendo habitual en la época que los gremios prefirieran retablos cuya simbología estuviese relacionada con su actividad profesional, como es el caso de los curtidores y obreros, avecinados en su mayoría por la zona de la Axerquía. Es fácil entrever el significado ritual dado al vino eucarístico, que rememora la pasión, muerte y resurrección de Cristo. De este modo, la esperanza en la salvación que encierra esta composición es muy adecuada como plástico epitafio de los cofrades enfermados a los pies del altar.
Seguimos el recorrido para llegar a al hospital de Jesús Nazareno. En esta iglesia hospital, fundado por el Padre Cristobal de Santa Catalina, Castillo recibió el encargo de realizar dos pinturas murales destinadas a los altares laterales del templo. Además, para acompañar estas obras el maestro realizaría en 1651 el gran lienzo de la coronación de la Virgen por la Trinidad.
San Dimas
San Dimas. /Foto: LVC

San Dimas. Castillo tuvo la oportunidad de realizar un espléndido dibujo del desnudo del santo, sus cualidades como buen dibujante eran altamente reconocidas, al igual que su costumbre de copiar al natural. Para esto, el pintor habría escogido a un modelo de la calle, que diera más humanidad al cuerpo y al rostro de San Dimas. La oscuridad sirve de telón de fondo para la imagen central de Dimas que no representa otra cosa que la muerte.
Santa Elena
Santa Elena. /Foto: LVC

Santa Elena. La representación de santa Elena, madre de Constantino, es muy utilizada por la iconografía cristiana. Otra vez el pintor cordobés hace uso de modelos naturales para inspirarse a la hora de realizar sus obras. Su rostro y gestos evidencian una familiaridad que nos lleva a emparejar la modelo con su propia esposa. Con expresión tranquila y serena lleva una corona y está vestida con ricos ropajes, sentada aun lado de la composición, con una mano sobre el pecho y al otra en la santa Cruz, Eje de la escena.
 
Es en Santa Marina de Aguas Santas donde se conservan donde se conservan dos buenos ejemplos de retablos de formato medio en cuyas pinturas trabajó Antonio del Castillo, el de la Capilla de la Virgen del Rosario y el llamado de San Juan Bautista o de los Condes del Menado. Más adelante en el Palacio de Viana se podremos encontrar otra de las obras cúlmenes de Antonio del Castillo: Prendimiento de Jesús. Para el pintor cordobés la una de las patronas de la ciudad reside en San Agustín.
Este es sólo un breve paseo por la exposición que se ha realizado con motivo de aniversario del nacimiento. En la misma, también se podrán disfrutar de las obras de otros artistas, discípulos de Antonio del Castillo, aquí parte de su obra y aquí parte de su legado para Córdoba, una herencia que será imborrable para generaciones futuras.
 
 

2 Comentarios

  1. Enhorabuena por el artículo reportaje. Pero le ha faltado más dentro de la Mezquita-Catedral. La muestra es muy importante e interesante pero la difusión es mala, encontrar entre las columnas de la Mezquita los cuadros de Antonio del Castillo o de sus coetáneos es, como buscar Pokemon, ese juego moderno. Yo no pude encontrarlos todos.Hay una Inmaculada con San Felipe y Santiago el Menor; Está el Retablo de la Virgen del Rosario; otra Inmaculada en uno de los altares del muro de Almanzor; Un San Eloy y otros dos cuadros de Juan Luis Zambrano y Pablo de Céspedes, de los que nadie te puede dar norte. Es verdad que el personal no tiene porque saberlo pero cuando menos en el folleto los podían haber señalado en un planillo del edificio. Y si nos salimos dificil entrar a San Agustín, Santa Marina o San Francisco como no sea que preguntes los horarios en los que están abiertos los templos. Complicado de verdad

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