El discurso del método


Cada cual  es muy dueño de hacerse con su capa un sayo o con su paranoia una campaña electoral. Parece fácil, pero no lo es. Tiene su enjundia encontrar la frase corta, a veces la palabra, que exprese con cierta credibilidad lo bueno que uno es sin parecer tonto o, si esto es improbable, lo listo que uno es sin parecer malo.
Al cabo, las opciones se reducen extraordinariamente y todos acabamos urdiendo eslóganes sobre muy pocas ideas. Por este orden: el bienestar, la libertad, la patria, la igualdad que nadie quiere… y sanseacabó. De aquí viene lo que nos es dado para estas elecciones. Que la patria, o la nación o el estado están en peligro parece opinión generalizada, ya sea a favor o en contra. Por eso aparece España, con toda la contundencia del término, en los mensajes. Lo cual es de agradecer, porque es nuevo en el desnortado espectro político de este país. De hecho, si los párvulos de Errejón hubieran elegido el nombre de Más España, que es lo que correspondía, por elevación, después de Más Madrid, acaso habrían acabado con la gran maldición de nuestra historia, que es el antipatriotismo secular de la izquierda. Pero, aunque la lógica de la idea se les hubiese manifestado con clarividencia, es evidente que sus cabecitas empezarían a dar vueltas como la de la niña del exorcista hasta que dieran con la cabecera del periódico de referencia por antonomasia, el que lleva engañándonos más de cuarenta años a los españoles, también a ellos. Debe ser por ello que decidieran llamarse Más País, que resulta, a la postre, tan descomprometido como el Más Madera que nunca pronunciaron los hermanos Marx.
Pero España esta en los carteles del PSOE. Ahora Gobierno, ahora España. Como diciendo que lo que necesitamos es orden, disciplina, Franco exhumado para que no se nos olvide. Que la cosa va en serio, que el socialismo viene a por todas, que se acabó el desmadre, que lo vote la derecha porque sino le suelta a la izquierda. Es la tragedia de este partido, que acaba asustándose de sí mismo.
Igualmente parece que España estará en los carteles del PP. Tras las preguntas hamletianas y las dudas cartesianas, descubrimos que el PP se decanta por España en su forzado discurso del método. ¿Izquierda o derecha? España. José Antonio en estado de gracia en el mitin de la Comedia. Bienvenido sea. Los Primo de Rivera han de tener un sitio relevante en nuestra memoria histórica.
En cambio, en Ciudadanos se conforman con Vamos. Pues vamos. Es ley de vida. Probablemente sea el eslogan más correcto políticamente. Es lo único progresista que he oído hasta la fecha. No, no son estas las elecciones las de Albert Rivera, pero este eslogan lo encamina hacia el futuro, lo cual no va más allá de la incertidumbre.
Vox lo tiene claro. España siempre. Denuncia el oportunismo del PSOE y descubre el complejo del PP. En todo caso, España está de moda. Es lo que manifiesta esta campaña donde la eñes van a ser más relevantes que nunca.
Ahora falta la respuesta de la gente, que está hasta el moño, también con eñe. Voy a darle a esta gente una encuesta orientativa que tiene el mismo valor que la de Tezanos sin cocina, es decir, ninguno.
Los nacionalistas se quedarán en sus casas enfurruñados y rezarán para que los gobierne alguien sensato y suavón, o sea, de la derecha, de la que viven todos y con la que todos pueden mantenerse indefinidamente como víctimas irredentas, que es su vocación y su oficio. Los populistas votarán a Podemos, sin atender a Iglesias y pensando en Montero, que ha hecho fortuna nido para sus hijos. Los comunistas votarán al PSOE, sin atender a Sánchez y pensando en Rosa Aguilar o en Errejón, que han hecho el camino de vuelta al socialismo real, o sea, al que vive del mercado. Los socialistas votarán a Ciudadanos, sin atender a Rivera y pensando en Arrimadas, que es la manera más eficaz de olvidar a Calvo. Los de Ciudadanos votarán al PP, sin atender a Casado y pensando en Cayetana, que ya los apoyó en su momento. Los del PP se votarán a sí mismos, pensando en Rajoy y en los presupuestos de Montoro, sin los cuales todo es susceptible de empeorar. O también podrán votar a Vox, sin atender a Abascal y pensando en Monasterio o en Badanelli, que son mujeres de armas tomar, tan parecidas a sus madres. Y los de Vox, que no tienen nada de feministas, pero que son familiares, votarán al dictado de esas madres que ven en Casado al hijo que hubieran deseado tener.
Y ya verán ustedes como, si así sucede, se desbloquea la cosa. Y tenemos el gobierno que los españoles, en su conjunto, ansiamos. Por España.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

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