La antología de poetas ingleses de Carlos Clementson


Este libro, publicado a mediados de septiembre de 2018, es de los que se sostienen de pie por sí mismos, igual que las otras antologías que el escritor cordobés ha publicado: de poesía gallega, catalana, portuguesa y francesa. Dos líneas directrices destacan en la selección: “el espíritu romántico y la tradición clásica” (23). Estas claves hermenéuticas acrisolan el credo estético del traductor.

El poeta cordobés confirma que se trata de una traducción “por afinidad electiva y por amor” (24). Es elocuente la oración elegida para titularlo: “la belleza es verdad” (271), tomada la coronación de la “Oda a una urna griega” de John Keats. La traducción y la creación literarias no pueden disociarse. Carlos Clementson lo pone con palabras de Octavio Paz: “Todo esto sin olvidar […] que traducción y creación son operaciones gemelas” (25).

587 páginas componen este volumen de poesía inglesa de Carlos Clementson. Tras una veintena de páginas introductorias, el libro presenta a 42 poetas cuyas piezas están diseñadas en versión bilingüe, que van desde la época isabelina hasta el premio nobel irlandés William Butler Yeats o hasta G. K. Chesterton (figura que seguro es familiar a nuestros apreciados lectores, gracias a las prospecciones realizadas por Adolfo Ariza Ariza).

La introducción, titulada “Una invitación a la poesía en lengua inglesa”, cartografía la recepción y la traducción en España desde los ilustrados andaluces Cadalso o Alberto Lista hasta el barcelonés Marià Manent, pasando por la reivindicación de Unamuno y la atención de Juan Ramón Jiménez o Luis Cernuda. El crítico literario, el poeta, el traductor, no se olvida de mencionar a Antonio Alcalá Galiano (primer catedrático de español en Inglaterra), a su nieto José Alcalá Galiano (traductor de Byron) o a su sobrino Juan Valera, que tenemos por el español –de raíces mencianas y egabrenses– que más culturas y lenguas cultivó y tradujo durante el siglo XIX.

El lector que se deleite con estas páginas, encontrará primero una cata de tres sonetos de Shakespeare, seguida de cuatro piezas imprescindibles del metafísico John Donne. El florilegio se completa con otros hacedores del siglo XVII como el puritano John Milton cuyo soneto “Sobre su ceguera” (61) ha sido retomado por escritores como Jorge Luis Borges. He aquí la traducción de Carlos Clementson, que mantiene intactas las resonancias bíblicas inmersas en la compleja y significativa construcción morfosintáctica:

Cuando a pensar me paro cómo mi luz se fue

y a mitad de mi vida en este vasto mundo

a oscuras me dejó,  y ese sin par talento,

que es delito esconder, ya inútil duerme en mí,

aunque mi alma se incline a servir al Creador

y a rendirle las cuentas más exactas por miedo

a que hacia mí se vuelva a reprenderme, entonces

yo, a mi vez, me pregunto: “Tras negarnos la luz,

¿Dios habrá de exigirnos el trabajo diario?”.

Mas pronto la Paciencia para atajar rumores

replica a mis escrúpulos: “Tu Dios no necesita

nada de las labores ni los dones del hombre.

Los que su dulce yugo mejor soportan son

quienes mejor le sirven. Es lo mismo que un rey.

A millares se lanzan a cualquier orden suya

y corren sin descanso sobre el mar y la tierra.

Pero también le sirven quienes, quietos, esperan.”

Luego emana un nutrido ramillete de poetas románticos (Blake, Burns, Wordsworth, Coleridge, Byron, Shelley y Keats) junto a Blanco-White con su famoso soneto “La noche y la muerte” (197). También destaca una fiel muestra de escritores de la época de la reina Victoria como Alfred Tennyson, Gerard Manley Hopkins, Thomas Hardyu Oscar Wilde con “Ave María, gratia plena” (441) o el “Soneto. Escrito en Semana Santa en Génova” (443).

Después, Carlos Clementson incluye a otro grupo posterior como George Santayana, Ruyard Kipling o Yeats del que incorpora la significativa cantidad de 24 poemas entre los que se lee “El paño de verónica” (513) que reproducimos a continuación:

El Circuito Celeste; la Cabellera de Berenice;

el palo que sostenía la tienda del Edén; los lienzos de la tienda;

¡la simbólica gloria de la tierra y el aire!

El Padre y todas sus jerarquías angélicas

que crearon toda la grandeza y la gloria

cabían en el círculo del ojo de una aguja.

Otros encontraron un eje distinto, y donde este estaba un rostro sobre un paño teñido de sangre.

Esta obra revela al poeta cordobés –quien además lleva publicados unos quince poemarios– como un fecundo traductor de poesía inglesa plasmando en su libro “una serie o estirpe de poetas (la mayoría en la gran tradición lírica inglesa), que se han apartado de las corrientes racionalistas y las preestablecidas normas académicas, y han primado en sus obras los valores de la sensibilidad, la intuición y la imaginación” (24). Carlos Clementson lo dice: “hemos de confesar bien explícitamente que hemos trasladado a aquellos autores con los que el traductor se ha podido sentir más identificado de algún modo” (24).

El traductor, el poeta, deja sin publicar unas 300 páginas porque “el estudio preliminar crítico-biográfico tuvimos que suprimirlo por su extensión”. Así nos lo ha confirmado el propio Carlos, escrito de su puño y letrajunto a la dedicatoria del libro. Así que permanecemos con la esperanza de regocijarnos con este trabajo de crítica literaria que supondrá un nuevo motivo de aprendizaje y de gozo.

Finalmente, hay que reconocer la apuesta decidida de la editorial Eneida a través de la colección “Poesía para el tercer milenio” donde también se enmarca el florilegio en honor a Góngora que Carlos Clementson publicó en 2011 así como las otras cuatro antologías antedichas: Alma Minha Gentil. Antología general de la poesía portuguesa (2010), Esta Luz de Sirena. Antología general de la poesía catalana (2012), Sinfonía atlántica. Antología general de la poesía gallega (2012) y Las rosas de la vida. Antología general de la poesía francesa, de François Villon a Paul Valéry (2015). Todos estos también son tomos que se sostienen de pie por sí solos.

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