Estoy tan cerca que no me ves


Pasear por la Ciudad de San Rafael es uno de esos pocos placeres que le quedan a uno y en el que no necesita gastar dinero. Cuando cesa la actividad y la tarde ha caído, cuando el trasiego de los coches, las compras y las actividades diarias se acallan y el suelo, mojado por la lluvia de otoño o el baldeo de los trabajadores de la empresa municipal de limpieza, invita a dejar las huellas de un simple paseo sin rumbo, sin destino concreto, las aceras y las cristaleras de las entidades bancarias se convierten en discretos dormitorios provisionales. En ocasiones se cruzan las miradas esquivas. Otras, casi nunca, lamentablemente, un saludo de buenas noches al entrar o salir de un portal. Pasarse, esto sí que es más frecuente, de una acera a otra para evitar el contacto, o el contagio, no se sabe bien.

Es una realidad incuestionable que señala un verdadero fracaso de nuestro modelo social, en esta Europa del siglo XXI, de la convergencia y de las estrategias 2020. El sinhogarismo en Europa aumenta incluso en países que están experimentando un fuerte crecimiento económico, como Alemania. En España, sólo Cáritas ha acompañado a 40.000 personas en situación de sin hogar y los datos crecen exponencialmente si tenemos en cuenta lo señalado en la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales de la Fundación FOESSA 2018, que recoge que 2,1 millones de personas residen en una vivienda insegura o inadecuada (4,6 millones de personas). Cáritas Diocesana de Córdoba en el pasado añoha atendido y acompañado a 802 personas en su Programa de Personas Sin Hogar, con jornadas en las que se ha llegado a atender simultáneamente en todos sus recursospara PSH- a 158 personas distintas (dato éste del pasado lunes 19 de noviembre). Con agravantes como el aumento de un 4% de mujeres en situación de sin hogar respecto a años anteriores o de personas muy jóvenes (18-25 años) y mayores de 60 años.

Detrás de estas cifras hay rostros, no lo olvidemos jamás. Historias, vidas y, sobre todo, dignidad, que la calle, y por qué no decirlo, nosotros también, nos hemos encargado de desdibujar y emborronar con nuestra indiferencia. Invisibles. Como las estatuas o el mobiliario urbano. Que parecen no merecer ni siquiera el saludo. Que están tan cerca, que no los vemos.

Este domingo 25 de noviembre se reivindica el Día de las Personas Sin Hogar para recordar que es posible acabar con el sinhogarismo. La Iglesia, y Cáritas es Iglesia, no tiene la tarea de formular las soluciones concretas, y menos aún únicas, para un problema tan complejo como éste, pero no se cansa de hacernos despertar para que, como ciudadanos, digamos basta a tantas vulneraciones de derechos, tanta invisibilidad, sufrimiento, vivir en la calle, inseguridad, agresiones;basta de no poder acceder a una vivienda, basta de no tener hogar. Es urgente que se generen políticas sociales centradas en las personas y en sus derechos, que garanticen el derecho a la vivienda de todos y que provoquen un modelo social diferente, basado en criterios de justicia y de bien común.

Mientras tanto, esta noche volverán a dormir en las calles de Córdoba cerca de 275 personas. Muchas, demasiadas, invisibles. Ante la vista de todos y la indiferencia de la mayoría. Recorriendo las plazas en las que el Arcángel, desde sus triunfos, les sigue con la mirada protectora de quien tiene el encargo divino de velar por esta ciudad y los que la habitan. Esa protección, al menos, no les falta. El Custodio sabe que ellos son más suyos, si cabe, que lo que podemos serlo el resto.

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