Alsasua: La provocación de los justos


Estuve en Alsasua el pasado domingo día 4 de noviembre, cuando el pueblo protagonizó todos los informativos, con motivo del acto que la plataforma cívica “España Ciudadana” organizó allí para homenajear a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a los guardias civiles y sus parejas salvajemente agredidos y a todas las víctimas del terrorismo.

Estuve allí, acompañado de otros diputados y parlamentarios nacionales y autonómicos. No me sorprendió estar cercado por radicales que nos insultaban, gritaban y amenazaban consumidos por el odio. Por una parte, lo esperaba, y por otra, lo de “hijo de puta” o “fascista” va en el sueldo, a la política se viene llorado de casa. Pero no voy a negar que sí me sorprendieron algunas reacciones políticas. Por ejemplo, la curiosa coincidencia entre las declaraciones de Borja Semper (PP Vasco) y Ander Gil (PSOE), destacados portavoces de dos partidos constitucionalistas, que tacharon el acto de grave irresponsabilidad, de provocación, y nos acusaron de avivar conflictos.

Al respecto, tengo que recordar que la plataforma “España Ciudadana” ha celebrado actos en Madrid, Málaga, Mallorca y Sevilla previamente, sin que fueran calificados así. Asumir que hacer un acto en el que se exhiben símbolos nacionales sin complejos en determinados lugares de España es una provocación es asumir el discurso independentista y su marco de victimización. Ellos no son las víctimas del conflicto ni de la quiebra de la convivencia. No olvidemos nunca que ellos son los instigadores, que éste es un país democrático en el que todas las ideas tienen cabida, siempre que respeten las reglas de la democracia, y nunca por la vía de la imposición.

Y créanme que me quedaría corto si sólo les llamara independentistas, ya que entre los insultos que recibí, algunos como “Vuélvete a la puta meseta” o “africano”, revelan el sustrato supremacista que hay bajo la piel de ese independentismo que pervierte los conceptos de libertad y democracia. Los agentes de Guardia Civil y Policía Foral desplegados nos urgían a caminar sin plantar cara. Me quemaban en el pecho y la garganta mil razones. Mientras ellos, radicales alimentados por décadas de cuponazos y fueros demandan más privilegios territoriales, en Andalucía salvamos las vidas, acogemos y atendemos a millares de africanos que tratan de alcanzar la costa. Con una solidaridad que los xenófobos son incapaces de comprender.

Tengo muy claro lo que diferencia a los constitucionalistas de los independentistas y supremacistas: nuestra Constitución y las leyes, nuestras instituciones y símbolos del estado querepresentan la libertad, la igualdad, la convivencia y los derechos de la ciudadanía; en cambio, los que no respetan y se saltan la leyes que nos hemos dado para convivir están en la imposición, en la exigencia de privilegios, en la división y exclusión del que piensa diferente, y en los derechos vinculados a los territorios, no a las personas.

En el caso de los Sanchistas, ya que los dirigentes del partido que lidera Sánchez son otra cosa, pero no socialistas, sus declaraciones fueron especialmente desafortunadas porque la semana pasada votaron en el Congreso a favor de despenalizar las injurias a la corona y el enaltecimiento del terrorismo esgrimiendo la libertad de expresión. Es decir, para el Presidente Sánchez y sus acólitos mofarse de las víctimas del terrorismo es libertad de expresión, pero homenajearlas en un acto es una irresponsabilidad y una provocación.

Es el mundo al revés. Si defender la libertad de ir a cualquier rincón de este país, si defender que aquí cabemos todos con todas nuestras ideas, convicciones y diferencias es una provocación, entonces sí somos unos provocadores. Tanto como lo fueron las primeras sufragistas, o los primeros afroamericanos que se matricularon en la Universidad de Alabama. Tan provocadores como justos.

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