Una “sillita de ruedas”

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El día 3 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Discapacidad. Cuando lo escucho o lo digo, no puedo evitar que me venga a la cabeza una misma imagen: “sillita de ruedas”. Una imagen dura para una madre, muy dura, pero tan potente para generarme unas fuerzas tremendas para seguir luchando. Por ella y por muchos como ella.

La sociedad en la que vivimos no está preparada aún para unos objetivos tan grandes como los que se persiguen con la celebración de este día. Se quedan largos para los que no tienen la amplitud de miras necesaria. Hablamos de reflexión, conciencia e inclusión, pero ¿dónde quedan..? Falla la base. Si la primera inclusión la tenemos que tener con los más pequeños, en nuestros colegios, y no se preocupan de poner medios para ello. Si no convertimos en prioritario eliminar las diferencias más elementales en los primeros años de edad, estamos irremediablemente condenados a soportar una sociedad falta en valores, injusta y pobre en más de un sentido.

Hace cuatro años una niña entró a su primer día de cole, como cualquier niña de tres añitos, pero ella necesitaba unos recursos un poco distintos a los demás compañeros, y tuve que luchar por conseguirlos. Es lamentable el término pero, tal cual, “luchar”, como si de suplicar o pedir favores se tratara. Y los tuvo, tarde, pero los tuvo. Durante este tiempo tanto el colegio como institución, y yo, como madre, no hemos dejado ni un momento de rogar, de dar la brasa, de “molestar” una y otra vez al técnico de turno. En mayo, después de revisiones e informes conseguimos que a mi hija le prescribieran un andador para poder salir al patio y poder jugar un ratito con sus compañeros. Por si no ha quedado clara la necesidad de mi hija, hablamos de algo tan básico, tan obvio en el día a día de un niño como JUGAR. Sí, jugar, y sentirse en el juego un poquito igual a todos, qué cosas. Pero parece que eso con lo que a todos se les llena la boca un día como hoy, la inclusión, no deja de ser pura teoría, y se nos hace grande la palabra porque todavía hoy mi hija sigue esperando su andador, sigue esperando a jugar con los demás, como los demás.

Creo que he sido paciente. Creo que he propuesto mil y una ideas y que me he ofrecido para cualquier trámite o alternativa, pero nos puede la burocracia y nos bebemos las hojas del calendario sin ser conscientes de que los días que pasa mi hija sin jugar con el resto de niños es directamente proporcional a la colección de firmas, papeles y aprobaciones que deben juntarse para traer de Sevilla a Córdoba un triste artilugio, un andador de los que hay, a patadas en cualquier pequeña ortopedia.

Por más que me explican en Delegación, muy amables por cierto y sin duda tan implicados como yo en conseguirlo, no me sirve de nada, mi hija se sienta, cada mañana de recreo, frente a ese monstruo horrible que es la Administración, que devora funcionarios y escupe más y más trámites sin parar, como el peor de los castigos eternos. Y ella, viendo pasar los días, sin jugar.

Ojalá no hubiera nada que recordar ni celebrar ni reclamar un día como hoy. Ojalá no hubiera ni diferencias, ni etiquetas. Ojalá no supiéramos deletrear una palabra como inclusión porque no fuera necesaria ni soñarla. Ojalá nos faltase tiempo para atender las necesidades de cualquier niño, y que fuesen tan obvias que diese hasta vergüenza detectarlas. Ojalá lo raro fuera no apreciar la riqueza de lo diverso, de lo diferente, sin aspavientos, con la empatía por bandera. Ojalá no se midiera a la gente por sus limitaciones y sí por su esfuerzo. Ojalá venir a este mundo con una discapacidad fuera como nacer más alto, o más bajo, o rubio con los ojos claros, qué sé yo. Ojalá no hubiera más ojalás… En fin…

1 Comentario

  1. Isabel, Felicidades por el comentario.
    Felicidades por colgarlo en la red… por luchar y no desfallecer… por alzar la voz por los tuyos y los que los rodean. Animo, gota a gota se llena el vaso, a veces es extenuante, pero te aseguro que la recompensa satisface todas las expectativas.
    #BePositve #NeverSurrender
    Mucho ánimo, un abrazo enorme a toda la familia y amigos que os apoyan.

    PePaMaYo

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