Flores de miseria

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“Cordobeseh y cordobesah”. Prosigamos nuestro inapelable camino hacia el desastre y la miseria. Y no hablo sólo de la miseria económica, sino de la miseria intelectual en la que nos vemos cada vez más sumidos.

Hechizados en un permanente mes de mayo imaginario, que nos hace ver flores por doquier, seguimos alimentando a quien, desde las administraciones, representan a aquellos que quieren gobernar no con el entendimiento, ni siquiera con el corazón, sino con la vesícula biliar, vertiendo su corrosiva secreción en la sociedad.

Quizá sea el momento de ver más allá de los claveles y las gitanillas y reconocer que tras de tan hermoso mundo, sólo hay paredes mugrientas y podridos cimientos, verdadera razón de nuestra incapacidad para salir adelante. No nos engañemos. Detrás del pastiche y el tópico florido, no hay nada.

Y aprovechando ese vacío, nuestros queridos gobernantes, conocedores de tan cruda realidad, aprovechan para vaciar nuestras mentes y nuestras carteras, con el muy dudoso anhelo de recuperar para el pueblo lo que considera suyo, que no es sino robar a una institución como la Iglesia, única institución verdaderamente social que queda en esta corrompida España, un elemento crucial para la ciudad como es nuestra Mezquita Catedral.

No es necesario poner como ejemplo la cueva de Ali Baba en la que se ha convertido la bella Alhambra de Granada, para darse cuenta del desastre al que se vería abocado nuestro monumento principal, para darnos cuenta de lo que nos acecha. Pero eso a esta ciudad en permanente estado de siesta intelectual, no le importa. Y para intentar por enésima vez la fallida intentona de sustraer al pueblo, lo que siempre ha sido suyo, traemos a renombrados personajes que, tras vaciar nuevamente nuestros bolsillos, emitirán un estúpido informe que alegre los oídos del cogobierno y que indefectiblemente se dará de bruces con la realidad legal. Pero ya será tarde y nuestra cartera estará vacía y nuestra dignidad nuevamente pisoteada. Aunque eso a ellos, ni les va ni les viene.

¿Será posible que la ciudad de la “Asituna sapatera” y “er mediesito” se revele alguna vez, dejando paso a la ciudad de la cultura, el respeto, la historia y la honradez? ¿O preferimos seguir tomando vino “peleón” si es suficientemente barato?

Quizá sea el momento de quitar las flores, resanar paredes y dar un buen baldeo en el patio, porque detrás de esas bellas macetas, a veces, se esconden peligrosos insectos que ponen en peligro nuestro patio. Y, sobre todo, no le sigamos el juego a quienes, con engaño, sólo pretenden beneficiarse del frescor del mismo sin haber regado ni plantado jamás una maceta y cuando lo hayan destrozado con su basura, se irán a otro donde puedan seguir disfrutando a costa del trabajo y el esfuerzo de los demás.

Si Córdoba no se revela contra quienes están acabando con su dignidad, ni se subleva ante tanta zafiedad, ni pone remedio al apetito feroz de quien en beneficio propio está devorando sus entrañas, no podrá jamás pretender vivir en un florido patio, sino en el estercolero en que se está convirtiendo. Aunque siempre habrá algún baboso, o babosa, que afirme que la basura hace un buen mantillo para las macetas.

El día que en la Mezquita-Catedral vuelvan a sonar las alegres “chirimías” como ejemplo de un fingido pasado de convivencia, las calles de alrededor estén abiertas solo a los coches oficiales que vosotros habréis pagado pero nunca disfrutaréis y su interior se convierta en un teatro de saltimbanquis que cuenten historias inventadas a un pueblo cada vez más inculto gracias a la labor de sus gobernantes, entonces “cordobeseh y cordobesah” sabréis hasta qué punto habréis sido engañados y maltratados, perdido siglos de historia noble y real y sobre todo, habréis perdido vuestra honestidad. Aunque eso a lo mejor… no os importa.

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