¿ Una segunda desamortización?


De la Catedral de Córdoba a la Seo de Zaragoza y lo que te rondaré, morena. Es lo que toca. Uno de nuestros más prestigiosos juristas, Tomás y Valiente, posiblemente el mejor conocedor del proceso de la desamortización de los bienes de la Iglesia Católica, ese auténtico expolio sin fundamentos económicos, sociales ni jurídicos, en una de sus mejores aportaciones al tema, se preguntaba ¿tendremos una segunda desamortización?. Pues ya parece que ha llegado. Lo que ocurre es que los discípulos de Mendizábal tienen menos sal en la mollera.

Álvarez de Mendizábal fue un gaditano inteligente, de origen judío y de familia de clase media que sin estudios universitarios llegó a tener una sólida preparación en varios campos y uno de ellos en la economía. Es verdad que fue apasionado en extremo y por ello sectario en muchas ocasiones, aunque puede que guiado de buena voluntad y que empecinado en desamortizar el patrimonio de la Iglesia Católica no quiso hacer caso al prestigioso economista Flores de Estrada. En este caso otro gallo nos habría cantado.

Pero sus actuales discípulos, incluso los más aventajados, están lejos de su talla intelectual y pretenden ahora llevar a cabo un nuevo saqueo de los bienes de la Iglesia Católica sin fundamento alguno, si bien han dicho que ellos no siguen a Mendizábal, porque lo que quieren es remunicipalizar los inmuebles que afirman han pasado ilegalmente a manos de la Iglesia. Ignoro cuando estuvieron en manos de los municipios. Tendrán que probarlo ante el Juez competente y eso es cabalmente lo que no hacen.

Y de aquel pillaje decimonónico el Prof. Tomás y Valiente, nada sospechoso por cierto, dijo, entre otras cosas, que las actuaciones legislativas de las que se valieron eran metajurídicas en cada disposición normativa. ¡Vaya! Que no eran tales y que todas las Leyes desamortizadoras estaban vacías de fundamente añadiendo, por si fuera poco, que aquel proceso se hizo mal, rematadamente mal. A los Señores Jovellanos, Godoy, Madoz y Mendizábal solamente les guiaba el ánimo anticlerical, distraer al pueblo de los verdaderos problemas y a usar la forma más cómoda de llenar las Arcas, siempre vacías, del Estado español. Nada nuevo bajo el Sol. Y algo parecido pero con mucho menos “fuste” aplican sus discípulos que ¡vete a saber si han leído a Mendizábal o al prestigioso socialista Prof. Tomás y Valiente!

Estamos asistiendo a una demagógica y “mala reposición” de aquella expoliación del patrimonio de la Iglesia Católica, varias veces intentada en cuanto la izquierda radical llega o pretende llegar al poder. Yo que proclamo la defensa de la libertad y que opino que es democrático y legítimo pensar de otro modo al que yo pienso, sin embargo creo que estamos asistiendo a alguna de las peores consecuencias de la Libertad –que también las tiene- y que un prestigioso periodista español ha llamado “la desventura de la libertad”.

Todos tenemos derecho a la propiedad, constitucionalmente protegida, como la de usted y la mía… todos menos la Iglesia Católica. No importa que el Ministerio de Hacienda y algunos expertos en la materia hayan dado su opinión razonada y sensata y haya varios informes municipales y de la Junta de Andalucía que parece son contrarios a tal despropósito. Determinados sectores siguen con la “milonga” y lo mismo piden la titularidad pública de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba que hace pocos días la de la Seo de Zaragoza o la de todos sus bienes inmuebles que, aun siendo titularidad civil adquirida legítimamente desde hace siglos, se hayan inmatriculado recientemente confundiendo adquisición de la propiedad con su publicidad registral.

En todo esto no hay nada de respeto a los derechos legítimamente adquiridos. No parece muy acertado afirmar –como se ha dicho chuscamente- que “intuyo que el sentir de la ciudadanía es que la Mezquita sea de titularidad pública”, pues aunque se tratase de algo más que de una percepción, sino de pruebas documentales serias y fiables habrá que probarlo ante los Tribunales de Justicia. Debemos buscar la verdad con reflexión serena, tolerancia intelectual y rigor histórico-jurídico y hablar de “titularidad pública” o “titularidad del pueblo” no solo es un error jurídico sino una desmesura que solo trata de buscar votos, irritar a los que siempre están dispuestos al descontento y lograr algo de poder. Pobre manera de ganarse el sueldo.

Y es que la libertad de expresión con ser afortunadamente un derecho sagrado y amparado constitucionalmente, tiene unos límites y entre los que el Tribunal Constitucional recuerda siempre, yo modestamente añado el de la autoestima; quiero decir, la conveniente y piensa que necesaria documentación sobre lo que uno dice o escribe. Es este caso sería fuente de mucha confianza empeñarse en conocer, aunque sea sumariamente, algo de Historia de España, del Derecho en general y de Derecho Civil y Registral y luego, sin duda alguna, dar nuestra opinión, siendo conveniente huir de las conjeturas y de las originalidades, terreno no sólo pantanoso sino nido de la más grosera forma de pensar. Y finalmente digamos que tú lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere.

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