Contraprogramación a la concertada


Con la llegada de la “nueva política” –todavía nadie nos ha explicado qué tiene de novedosa, y si no que le pregunten a Íñigo Errejón–, y con la inestimable colaboración del gobierno de la Junta de Andalucía, parece que el lobby laicista y anticlerical no quiere dejar títere con cabeza. No solo quieren cerrar aulas sino dejar sin alumnos a colegios concertados que tienen demanda de sobra.

Considero que la trifulca surge cuando empleamos la palabra “ideario” que a muchos de piel sensible le suena a evangelización, cristianización –le llaman adoctrinamiento–, y otros vocablos que se han cargado de connotaciones negativas por parte de la izquierda más radicalizada de los últimos tiempos, más aún que la de la Transición e incluso que la de la Segunda República.

Como era de esperar ya han salido a la calle, con sus pancartas y con el ya clásico resquemor hacia todo lo que signifique Iglesia. Y es que para atacar a la concertada nada mejor que sindicatos docentes marxistas, anarquistas o pseudopodemitas, sectarios y poco informados, o bien los padres alentados por ellos. La Junta mientras tanto: que si no cerramos unidades en Córdoba, dice la consejera de Educación; que pueden ser dos, puntualiza la Presidenta… ¿Lo tenemos claro o no?

Después de la manifestación organizada contraprogramada a la de la concertada por la Asamblea por la Educación Pública de Córdoba el pasado día 18 de febrero, que más parecía una cola del autobús que otra cosa, muchos lloran por las esquinas porque la concertada no se vacía. Pueden dar gracias porque la concentración de la concertada en el Bulevar se desconvocó… Las comparaciones, ya se sabe.

Veamos algunas de las razones que arguyen en sus carteles animando a participar en su marcha por una escuela pública:

“No adoctrina ni introduce ideologías en mentes infantiles”. Se aprecia claramente la mala baba que destila por los poros de esta frase. Si introducir ideologías es transmitir una serie de valores universales que han construido las sociedades avanzadas, pues adelante.

“Es un lugar de convivencia y compensación de las desigualdades de la sociedad”. No sabía que en la concertada tratábamos con desigualdad a nuestros alumnos. ¿Y tampoco fomentamos la convivencia? ¿Acaso no tenemos población inmigrante también?

“La concertada alcanza ya el 25% en Infantil”. En otras comunidades autónomas la concertada supera en unidades a la pública y no pasa nada. Educación de calidad, más barata para la Administración, se favorece la libertad de los padres… ¿Dónde está el problema?

“No discrimina, atiende todas las dificultades y se adapta a las capacidades de cada uno”. ¿Y en la concertada no? Aprendizaje cooperativo, escuela inclusiva, atención a la diversidad, aulas de apoyo a la integración, inteligencias múltiples, ayuda a familias necesitadas,… No digo más.

Y así podríamos seguir hasta no sabemos cuándo porque frente al sectarismo no hay final posible.

No hay necesidad de una guerra, aunque algunos solo quieran hacer ruido y enmarañar. La solución es clara: trabajar cada uno por nuestro puesto de trabajo, con fuerza, sabiduría y la mejor dedicación diaria. Todo lo demás es imposición ideológica, gregarismo borreguil, totalitarismo o cualquier “ismo” que no respete el derecho de los padres a elegir el centro en el que educar a sus hijos. Así de claro.

A partir de hoy, uno de marzo se abre el periodo de presentación de solicitudes en los centros escolares de Andalucía. Si Ud. quiere que su hijo se forme en una escuela abierta a todos, los de aquí, los de afuera, los ricos, los pobres, los creyentes, los no creyentes, y que además oferta valores cristianos que no van en contra de la sociedad ni de la cultura, solicite plaza en un centro concertado. Que Ud. entiende que la escuela no es foro para transmitir valores cristianos y prefiere la escuela pública y laica, adelante. Pero dejemos a los padres en libertad y no embarremos. La concertada no contraprograma, tenemos las ideas muy claras; no cambiamos los contenidos en función de lo que hagan otros. Somos como somos. Y si no, compruébelo en estos días: ¡estamos de puertas abiertas!